Todo estaba preparado para nuestro viaje, mi madre se había emocionado muchísimo por quedarse con los gemelos, pero más que nada porque yo se lo pedí, jamás imaginó que después de todo lo que sucedió en el pasado yo pudiera manifestarle algún tipo de confianza, y mucho más si se trataba de mis propios hijos. Y honestamente no sentía confiar en ella aún, pero el hecho de saber que mi tía Amelia y el abuelo estarían cerca me tranquilizaba, no me gustaba estar experimentando esa clase de sentimientos hacia ella, pero estaba empezando a entender que era un proceso con el cual debía trabajar hasta poder superar esa terrible inseguridad con la que había tenido que cargar durante todos estos años. Amelia tenía una hermosa villa en una ciudad cercana a nuestro lugar de residencia, desde que me la mostró en fotografías, una gran inquietud se instaló dentro de mí, quería conocerla, pero no quería estar solo, fue por eso que le pedí a Elizabeth que me acompañara, el lugar era cuidado por una gra
Las aventuras que estábamos viviendo en ese viaje fueron increíbles, los dos éramos inmensamente felices disfrutando de la naturaleza y de aquel mágico lugar que seguramente se quedaría instalado para siempre en nuestro corazón. Sin duda fue una decisión acertada por parte de Alex, y un gran regalo de la tía Amelia el permitirnos pasar aquel fin de semana de ensueño. Cuándo regresamos a la casa después de haber pasado un día de campo fantástico, Glenda y Grace nos esperaban, la chica no dejaba de intentar seducir a mi marido, lo cual me molestaba, sin embargo, la confianza que existía entre Alex y yo era única, y si bien es cierto que en ocasiones ambos nos poníamos celosos por la presencia de alguien más, el respeto y la fidelidad que ambos nos profesábamos jamás sería transgredido. Llegamos justo para la cena, Glenda era una espléndida cocinera, y nos esperaba con todo un banquete servido sobre la Mesa que no podíamos rechazar, estábamos muertos de cansancio por todo lo vivido en el
Llegar al pueblo estaba resultando toda una odisea, pero después de mucho rato pudimos conseguirlo, por fortuna la lluvia estaba cesando y los vientos también así qué pudimos unirnos al grupo de personas que estaban dispuestos a ayudar. Muchas de las casas habían sufrido daños considerables, asimismo los negocios de los pequeños comerciantes que con mucho esfuerzo trabajaban fuertemente para sacar a sus familias adelante, la infraestructura del lugar se vio seriamente afectada y los centros donde las personas podían refugiarse resultaban insuficientes para atender a tanta gente que se vio en la necesidad de acudir a ellos. Llegamos hasta donde estaba el sacerdote del lugar, era el encargado de coordinar los esfuerzos para los nos recibió con mucho agrado, pues lo que hacía falta eran personas dispuestas para tratar de apoyar a tanta gente. – ¿Por dónde empezamos padre?, Al parecer las afectaciones son muy grandes – le dije al sacerdote. – Ahora resulta imposible empezar con los trabaj
El tiempo seguirá pasando y todavía no teníamos noticias de Alex, realmente me encontraba muy preocupada, con estos fenómenos de la naturaleza nada podía estar garantizado, y tanto los hombres que salieron a acompañarlo como él podían estar en peligro. No había forma de comunicarnos, nos habíamos quedado sin energía eléctrica, y por ende sin telefonía y sin Internet, ya había amanecido, y las personas a las que estábamos brindando resguardo no pudieron dormir, todos se encontraban en una profunda angustia, debido a qué no se sabía absolutamente nada de quiénes hacía algunas horas salieron a ayudar. En el camino hacia la villa, Alex y los trabajadores se quedaron varados, ya que debido a las fuertes lluvias y a los vientos no pudieron avanzar, Alex había rescatado a una mujer y a su hija, la señora se encontraba en muy malas condiciones de salud, tal parecía qué al derrumbarse la choza donde vivían, una de las vigas la lastimó . – Esta mujer se ve muy mal – susurró Alex a uno de los tr
Las cosas estaban empezando a retomar su rumbo, la lluvia había cesado y las personas que se habían instalado en la casa grande habían decidido retornar a sus casas para inspeccionar en qué condiciones se encontraba todo. Seguía sumamente preocupada por Alex, habían pasado muchas horas y todavía no teníamos noticias. La gente que había enviado el señor Turner, realizaban su trabajo de una manera maratónica, en muy poco tiempo y junto a la gente de la comunidad lograron grandes avances. Se repartieron alimento y bebida a los damnificados, pero Alex seguía sin aparecer. Tiempo después los trabajadores de la villa llegaron a la casa, traían a una mujer en muy malas condiciones que venía acompañada de una niña pequeña. Grace tenía conocimientos de enfermería, por lo que no dudó en ayudarla. – ¿Dónde está mi esposo? – Pregunté desesperada. – Quisimos detenerlo Sra, pero él insistió en ir a buscar a un médico para esta mujer, le dijimos que no fuera, que podía ser peligroso, pero no nos hiz
El fin de semana que habíamos preparado para relajarnos y cambiar la perspectiva, se transformó por completo, no obstante, tuve la satisfacción de haber podido ayudar a tantas personas que lo necesitaban. Hice mi aportación, contribuir a la restauración de las viviendas afectadas, y apoyar a la gente, definitivamente me causaba una gran alegría, la mujer que rescatamos en el camino había salido bien librada, a pesar de la gravedad de lo que le sucedió, y eso me aliviaba de sobremanera, me encariña mucho con la niña, era adorable. – Señora Glenda, me gustaría pedirle un gran favor, quisiera que pudiera darle trabajo aquí en la villa a Mary, Si usted quiere yo me puedo hacer responsable de su sueldo, pero no me gustaría que ni ella ni su hija pasaran privaciones, voy a encargarme de la reconstrucción de su casa para que vivan en condiciones mucho más dignas – expresé. – No te preocupes, no tienes que pagar su sueldo, ya bastante estás haciendo con ayudar a la comunidad con todas las afe
Hicimos el trayecto de regreso algo inolvidable, cada experiencia que Alex y yo vivíamos, sin duda se quedaba guardado en las memorias de ese inmenso amor que nos profesábamos, por fin llegamos a casa, todos se habían reunido para recibirnos. Estaban presentes el abuelo Turner, la madre de Alex, la tía Amelia, nuestra nana, y por supuesto los gemelos, los cuales se pusieron muy contentos, sin duda extrañaban a sus padres. – Mira Elizabeth, creo que crecieron un poco – exclamó Alex orgulloso. Los bebés crecen muy rápido, cuando menos lo esperemos estarán enormes – dije con cierta nostalgia. Abracé con profunda ternura a mis niños, ambos eran sumamente cariñosos, ya caminaban y se movían por todos lados tirando todo a su paso. – Son tan traviesos como alguna vez lo fuiste tu hijo, tirabas todo lo que encontrabas, eras como un pequeño remolino que se movía por todos lados – recordó Valeria con añoranza. Tienes razón madre, alguna vez vi unas fotografías mías cuando tenía su edad, y la ve
Hacía un día resplandeciente, el sol se encontraba en su máxima expresión, tal parecía que la naturaleza estaba ansiosa por darnos la bienvenida extendiendo sus brazos y ofreciéndonos lo mejor de sí. Nos levantamos para ir a la empresa, y una vez listos, partimos, esperaba qué todo estuviera en orden, ya que quería regresar temprano y poder pasar un rato agradable con mi familia. Elizabeth me miro un poco preocupada, al parecer tenía algo importante que decirme, pero veía en su rostro que no se atrevía a hacerlo o que al menos le costaba bastante trabajo. – ¿Te sucede algo cariño? – Pregunté rompiendo el silencio. – Amor, me gustaría qué me llevaras A la cabaña del bosque – propuso ella. – No entiendo porque quieres ir allí – contesté con un tono bastante sombrío. – Tengo curiosidad de conocerla, me han dicho que es un lugar especial – explicó. – Con gusto te llevaría si las circunstancias fueran diferentes, pero visitar ese lugar me trae muchos recuerdos que por el momento no estoy p