El sonido de los pasos de Einar resuena por la casa mientras Lía lo observa desde la sala. Está de pie, con los brazos cruzados, y su expresión es una mezcla de desconfianza y curiosidad. No esperaba que él volviera tan pronto, y mucho menos con un paquete de pañales bajo el brazo y una bolsa llena de comida en la otra mano.—¿Qué haces aquí, Einar? —pregunta, su tono más cansado que hostil.Einar deja las cosas en la mesa, sacudiéndose el polvo de las manos. Su mirada, normalmente severa, parece suavizada por algo que Lía no logra identificar.—Estoy aquí porque quiero estar —responde, con una firmeza que no permite discusión.Lía lo mira con incredulidad.—¿Desde cuándo te interesa lo que quiero o necesito?Einar respira profundamente, como si intentara mantener la calma.—Sé que he cometido errores, Lía. No estoy aquí para discutir el pasado. Estoy aquí porque quiero ser parte de la vida de nuestro hijo… y de la tuya, si me lo permites.Lía siente un nudo en el estómago. Durante se
Lía camina por el claro de la manada, disfrutando del aire fresco de la tarde. Aiden duerme profundamente en un portabebés ajustado a su pecho, y ella se siente en paz, aunque esa paz es frágil y siempre parece a punto de romperse. Desde que llegó a la manada de Caleb, las cosas han sido diferentes. Aquí no hay las mismas tensiones, las mismas expectativas que cargaban sobre sus hombros en Stormwood. Sin embargo, el pasado no ha desaparecido.—Lía.La voz profunda de Einar rompe el silencio del bosque, haciéndola detenerse. Su corazón se acelera de inmediato, pero no se gira de inmediato. Sabe que está ahí, lo siente incluso antes de escucharlo.—Einar, ¿qué haces aquí otra vez? —pregunta finalmente, girándose con cuidado para no despertar a Aiden.Él está a unos metros, vestido de manera sencilla, pero su postura y presencia siguen siendo las de un alfa acostumbrado a ser obedecido. Sin embargo, algo en sus ojos lo traiciona: una mezcla de vulnerabilidad y determinación que Lía ha co
Einar camina de un lado a otro en su despacho, sus manos cerradas en puños mientras su mente lo atormenta con pensamientos contradictorios. Cada vez que cierra los ojos, la imagen de Lía y su hijo lo invade, llenándolo de una mezcla de nostalgia, rabia y algo que se parece demasiado al arrepentimiento.—Esto es ridículo —gruñe para sí mismo, golpeando la mesa con el puño.La puerta se abre de golpe, y su beta, Marcus, entra con cautela.—Einar, los miembros de la manada están preocupados. Llevas días encerrado aquí y…—No necesito que me vigilen como si fuera un cachorro perdido —interrumpe Einar, su tono cortante.Marcus suspira, acostumbrado a la temperamental naturaleza de su alfa.—No es eso. Pero es evidente que algo te está afectando. Tal vez deberías… hablar con ella.Einar lo mira, sus ojos brillando con una mezcla de desafío y vulnerabilidad que rara vez deja ver.—¿Hablar con ella? ¿Y decirle qué? ¿Que me siento como un idiota por no haberla valorado cuando la tenía aquí?Ma
Lía se sienta en el suelo junto a la cuna de Aiden, observando cómo su pequeño respira tranquilo. Las sombras de la noche llenan la habitación, pero la luz de la luna que entra por la ventana ilumina el rostro inocente de su hijo. Ha pasado tanto desde que su vida cambió, desde que dejó la manada Stormwood, pero esta noche, todo lo que ha tratado de ignorar la golpea con fuerza.Aiden necesita a su padre.Por semanas, Einar ha visitado la manada de Caleb. Al principio, Lía pensó que sería una distracción temporal, que él se cansaría y volvería a su vida de líder dominante. Pero no fue así. Einar regresó una y otra vez, cada vez más involucrado, cada vez más atento.Lía suspira, abrazando sus rodillas mientras su mente se llena de recuerdos. La primera vez que Einar sostuvo a Aiden, su expresión de asombro y vulnerabilidad. La forma en que el bebé dejó de llorar apenas sintió el calor de los brazos de su padre. Había algo indescriptible en ese vínculo, algo que Lía sabía que nunca podr
La noche está tranquila, pero el aire parece cargado de algo más, algo que Lía no puede nombrar. Está de pie en el claro de la manada de Caleb, mirando las estrellas que brillan sobre ella. Aiden duerme en la cabaña, y Caleb, como siempre, le ha dado espacio para pensar. Sin embargo, esta vez no está sola.Einar está ahí, de pie a unos metros, con su habitual postura firme, aunque algo en su mirada parece diferente. Lía lo observa, cruzando los brazos frente a su pecho, como si intentara protegerse de lo que está por venir.—¿Por qué estás aquí, Einar? —pregunta, rompiendo el silencio. Su tono es más cansado que molesto.Einar da un paso hacia ella, su mandíbula tensa. Durante semanas ha visitado la manada, buscando excusas para ver a Aiden, pero esta vez no hay pretextos.—Quiero hablar contigo —responde, su voz grave pero cargada de algo que Lía no puede identificar.—¿Hablar de qué? —Lía lo reta con la mirada, aunque su corazón la
Lía se sienta en la pequeña sala de la cabaña, con las manos cruzadas sobre su regazo. El fuego de la chimenea proyecta sombras cálidas sobre las paredes, pero no logra calmar el torbellino de emociones que siente. Frente a ella, Einar está de pie, inmóvil, como si temiera que cualquier movimiento pudiera romper el frágil equilibrio que hay entre ellos.El silencio se extiende entre ambos, pesado y cargado de expectativas. Finalmente, Lía levanta la mirada, enfrentándolo con una determinación que no había sentido antes.—Si vamos a intentarlo, Einar, tiene que ser bajo mis términos —declara con firmeza.Einar no dice nada al principio. Su mandíbula se tensa, y sus ojos, normalmente fríos y autoritarios, reflejan una mezcla de frustración y vulnerabilidad. Lía sabe que está luchando contra su naturaleza dominante, pero también sabe que, si no establece límites claros, no habrá futuro para ellos.—Habla —responde él finalmente, su voz grave per
Caleb está de pie junto al lago, observando cómo la superficie del agua refleja el cielo nocturno. La luna llena brilla con intensidad, y el aire fresco de la noche acaricia su rostro, pero no logra calmar el torbellino de emociones en su interior. Su corazón pesa más que nunca, como si cada latido fuera un recordatorio de lo que está a punto de perder.Escucha pasos detrás de él, suaves pero decididos. No necesita girarse para saber que es Lía. Su aroma dulce y familiar llena el aire, y con él, un torrente de recuerdos: las noches que pasaron hablando junto al fuego, las risas compartidas y los momentos en que creyó que ella podría olvidar a Einar y elegirlo a él.—Caleb —dice Lía, su voz apenas un susurro, pero suficiente para cortar el silencio.Él se da la vuelta lentamente, encontrándose con sus ojos. Hay algo en su mirada que confirma lo que ya sabía: ella ha tomado una decisión.—No tienes que decirlo —responde Caleb, intentando mantener la compostura. Su voz es firme, pero sus
El cielo se tiñe de tonos naranjas y dorados mientras el sol comienza a ocultarse tras las montañas que rodean Stormwood. El aire fresco de la tarde lleva consigo el aroma de los pinos y la tierra húmeda, mezclado con la emoción palpable que envuelve a la manada. Las noticias del regreso de Einar y Lía han corrido como el fuego, y los miembros de la manada se reúnen en la plaza central, esperando ver con sus propios ojos lo que hasta hace poco parecía imposible.Einar avanza por el sendero principal, su postura firme y dominante como siempre, pero hay algo diferente en su mirada: una mezcla de orgullo y vulnerabilidad que pocos habían visto antes. A su lado, Lía camina con paso seguro, sosteniendo a su hijo en brazos. Su presencia irradia una calma que contrasta con la intensidad de Einar, pero juntos parecen formar un equilibrio perfecto.Los murmullos entre los miembros de la manada aumentan cuando los ven aparecer. Algunos expresan sorpresa, otros esceptici