—Andrés el bígamo. ¿Completamente asustada?Hoy parecía estar de muy buen humor.Luna dijo con gran indiferencia:—Mi pa... mi padre... murió hace muy poco, no puedes pensar tan rápido en casarnos. Tras tantos años en la familia García, sabes aún mejor que yo que no podemos hacerlo hasta tres años después del funeral.Luna quería soltarse rápidamente, pero Andrés no la dejó. En su lugar, le agarró la mano con más fuerza, entrelazando los dedos y se puso la mano en la pierna.—En realidad, no tengo paciencia para esperar tanto.Luna optó por permanecer en absoluto silencio sin decirle nada más, pero el aire le quemaba en el pecho y tenía que dejarlo salir:—¿Qué ganas casándote conmigo? Realmente, no puedo tener hijos, de hecho, ese hijo es falso. Si te casas conmigo... solo será por capricho nada más, por pura posesión, porque no puedes soportar ver cómo lo que es tuyo pueda ser algún día de otra persona. Cuando pase el tiempo, me desecharás como si fuese una basura.—¿Por qué estás ta
Parece que las dudas de su corazón en ese momento comenzaban a tener respuesta...Ya con los ojos secos, Luna ignoró por completo al niño que Emma sostenía en brazos y, sin ni siquiera mirarlo, subió rápidamente las escaleras. Recordar todo lo que ocurrió la hacía sentir como si mil flechas atravesaran directamente el corazón. La lastimó en las dos vidas...A Luna no le quedó más remedio que seguir estando con él.Al entrar en la habitación, se sentó en los pies de la cama. Se metió los dedos en el cabello y empezó a llorar desconsoladamente. No tenía grandes expectativas al respecto, pero esperaba que, si Andrés sabía lo que pasó, quizá podría sentir algún remordimiento. Lo que ella esperaba era que él pudiera ver en ese momento la realidad y dejarla... marchar. Tras calmarse un poco, recordó que Nadia le había metido una nota en la mano. Como en el coche estaba Andrés, no tuvo tiempo de mirarla.Al deshacer la bola de papel, en la arrugada nota solo había tres palabras escritas: «mi
Pero Andrés le prometió que no tocaría a nadie de la familia Sánchez, entonces, ¿por qué iba a mentirle?Con las manos y los pies completamente helados, se vio obligada a ponerse en contacto con quien menos quería.Tras sonar durante unos segundos, contestó al teléfono rápidamente.Leonardo dijo:—¿Qué quieres?Preguntó con gran cautela.Luna se sentía muy confusa y nerviosa y colgó el teléfono al instante. Él era el compinche de Andrés, no... en realidad, no podía confiar en él.Entonces, Luna cayó en algo de repente. Agrandó las fotos y reconoció de inmediato que ese lugar estaba cerca del mar, en Astraluna. Luna escuchó hace poco algo sobre un accidente de avión, pero... nunca pensó en algo así. ¡Fue preciso Gabriel el que tuvo el accidente!Como si hubiese perdido totalmente la cabeza, Luna salió corriendo de la habitación con el celular en la mano. ¡No podía creer que Gabriel de verdad estuviese muerto!¡¿Por qué iba Andrés a matarlo?!¡Él es quien lo tiene todo!Además, Gabriel n
¡María se volvió realmente loca!Su amor por Andrés llegó al punto de provocarle un trastorno paranoide.Ellos eran ese tipo de personas, esas que destruyen algo cuando no lo consiguen.—¿...Estás drogada? —Preguntó Andrés muy serio frunciendo el ceño. Empezó a tambalearse y se sintió muy confundido, como si estuviese viendo en ese momento la cara de Luna.Ella le sonrió maliciosamente.En su cabeza, él estaba escuchando la voz de Luna diciendo:—Andrés, ¿no me querías? ¡Ven acá!Un calor repentino le recorrió por el cuerpo. De repente, Andrés se dio la vuelta y puso a María debajo de él. Le rasgó bruscamente el vestido y vio su sujetador, del color y el estilo que más le gustaba... María cerró muy profundo los ojos y disfrutó del placer que el hombre le daba emitiendo suaves gemidos de su garganta aprisionada.El celular que Andrés dejó en la mesa comenzó a vibrar en ese instante y la verdad es que las personas que tenían su número se podían contar con los dedos de la mano. Aparte de
En el sofá de la lujosa sala privada, el aroma del desenfreno y el alcohol flotaban en el aire nocturno. Encima de él, un hombre y una mujer se enredaban con locura. Mientras estaban envueltos en la pasión, la puerta de la sala se abrió con un gran estruendo. Un fuerte golpe la hizo abrirse de repente.El camarero intentó detener al intruso.—Señor, no puede entrar acá.María tomó sin querer un poco de la droga del enamoramiento y confusión que se puso en los labios, por lo que comenzó a sentirse algo mareada. Escuchó el lejano sonido y miró hacia la puerta, pero no pudo distinguir muy bien quién era la persona que entró y levantaba al hombre que tenía encima.—De modo que sigues teniendo ganas de juguetear con mujeres, Andrés. Qué buen corazón tienes. Leonardo le dio un fuerte puñetazo en la cara. Con ese golpe levantó de nuevo a Andrés, que estaba a punto de caerse al suelo. Al ver la pinta que tenía, se dio cuenta al instante de que lo habían drogado. Además, estaba ardiendo.Cuando
Quizás... hubiera pocas posibilidades, pero tenía realmente que intentarlo. Leonardo no estaba dispuesto a darse por vencido y rendirse, así como así. Incluso si las posibilidades eran del 0.1 %.Justo en ese preciso momento, Álvaro le llamó por teléfono:—La última ubicación que tenemos de ella es la frontera marítima de Astraluna.Se hizo un sepulcral silencio. De repente, Leonardo comenzó a golpear con fuerza el volante.—¡Mierda, Andrés! ¡Te lo dije! ¡Te advertí hace muchísimo tiempo que no tocaras a Gabriel, pero no me hiciste caso!Leonardo tendría que haberse imaginado que Luna estaría buscando los restos del cuerpo de Gabriel. Aunque el equipo de rescate no encontró absolutamente nada en siete u ocho días de arduo trabajo. ¿Qué iba a encontrar ella?La frontera era el lugar del que provenían los feroces truenos y los relámpagos y con el estado de salud en el que se encontraba, Leonardo en realidad no sabía si su cuerpo podría soportarlo...—Más te vale rezar para que esté bien
Luna no sabía realmente cuánto tiempo había estado inconsciente, pero cada vez que despertaba, podía escuchar a alguien muy cariñoso hablándole al oído. Ella sabía muy bien que era la voz de Andrés, y sin abrir los ojos, podía imaginarlo. Andrés se quedaba a su lado cuidándola y repetía las mismas cosas día tras día: lavándola con agua tibia, peinándola cuidadosamente y cambiándole a ropa limpia.Leonardo entró desde afuera y vio a Andrés, quien parecía estar perdiendo por completo la razón. Con voz vacilante, le dijo:—Te he dicho muy claramente los riesgos de la cirugía. Una semana después de que despierte, podrá someterse a la cirugía. Tienes que… prepararte mentalmente para eso.—Ella estará bien para siempre. No le pasará nada… —murmuró el hombre mirando muy aturdido a la joven en la cama.Desde que regresó de la frontera marítima, había llevado tres días sin lograr dormir. Seguía vistiendo la misma ropa de antes, su cabello estaba realmente revuelto y sus ojos llenos de venas roj
Ella solo podía pertenecerle a él.***Habían pasado siete días y Andrés había estado siempre al lado de Luna. Acostado junto a ella, la abraza con sumo cuidado, tocándola con una exquisita delicadeza para no lastimarla.En realidad, Andrés nunca imaginó que Luna se alejaría de él algún día. En el pasado, sin ningún poder ni prestigio, no podía darle lo mejor. Ahora que lo tenía todo, podría darle en bandeja todo lo que ella quisiera. Sin embargo…En la oscura y sombría habitación, Andrés, con los ojos muy cerrados, hundido en su cuello, le susurró con suavidad:—Al principio, debí ser más duro. Si nunca hubieras conocido a otro, solo serás mía para siempre...A las 12 de la madrugada, Leonardo regresó al consultorio muy exhausto. Al ver la luz filtrándose por la puerta entreabierta, su cansancio se desvaneció de inmediato y aumentó su alerta al máximo.Entró a la habitación y vio a Ada acostada muy cómoda en el sofá, dormida. Su estado de alerta desapareció al instante. Ada dormía pl