Capítulo 300
—¡Andrés!

Entre los dos reinaba un silencio incómodo, el cual fue roto al escuchar la voz de Isabel desde el pasillo. Pronto, su delicada figura apareció en la puerta.

Andrés preguntó fríamente:

—¿Qué pasa?

Isabel respondió:

—El tío Miguel te está esperando en el estudio.

—Ya lo sé.

Luna no pudo evitar decirse para sí misma que en esa ocasión Isabel era realmente su salvación.

Después de que Andrés e Isabel se marcharon, Luna cerró rápidamente la puerta de la habitación y la aseguró con llave.

En el estudio, Andrés saludó a Miguel:

—Padrino.

Miguel estaba concentrado rezando con un crucifijo mientras hablaba:

—Durante mi ausencia, ¿ha pasado algo en la empresa? ¿Hay algo que quieras decirme al respecto?

Andrés respondió respetuosamente:

—En cuanto a lo que le sucedió a Luna en el pueblo de Atenguillo, fue toda culpa mía. No la protegí adecuadamente. Estoy dispuesto a aceptar cualquier castigo que me imponga por ello.

—¿Descubriste quién está detrás de todo esto?

—Son los subordinados d
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