128. PUDE LLEGAR A CASA

(ARIANA JÁUREGUI)

-¡Llegué! Pude llegar a casa -exclamé, con una mezcla de alivio y euforia que me impulsó a dar pequeños brincos. Mis manos se posaron instintivamente sobre el final de mi pancita, acariciándola suavemente. Si bien aún no era enorme, para lo que estaba acostumbrada, ya era una presencia notable, un recordatorio constante de la vida que crecía en mi interior. Sentía el peso dulce y reconfortante, un peso que me anclaba a la realidad, a mi nueva realidad-. ¡Pude llegar por mi cuenta!

-¡Ariana! -gritó Ethan, corriendo hacia mí. Sarah lo siguió de cerca, con los ojos llenos de lágrimas.

Ethan me abrazó con fuerza, apretándome contra su pecho. Sentí su calor y su alivio, y me aferré a él con todas mis fuerzas, dejando que las lágrimas que había contenido durante todo el camino finalmente fluyeran libremente.

-Estábamos tan preocupados -dijo Sarah, con la voz entrecortada por el llanto, abrazándome también. «Estaban aquí, me estaban esperando», pensé, sintiendo una profunda
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