Capítulo 31. Inicio de una nueva etapa. Al escucharlas, Rosaura sale muy enojada, pasando frente a ellas, sin prestarles atención, sin bajar la cabeza y camina hacia su esposo muy enojada, sin detenerse a su encuentro. — ¿Qué pasó, Rosaura? —¿A dónde vas?— Rosaura no le da respuesta, camina saliendo de la tienda sin detenerse.— Rosaura, detente, Rosaura…— Emmanuel la toma del brazo, deteniendo sus pasos y la atrae contra su pecho, enfocándola muy agitado.— ¿Qué demonios te pasa? — No quiero estar aquí, quiero irme a otro lugar. — ¿Qué pasó, Rosaura? — Pregúntale a tus empleadas, ellas sabrán responderte. Emmanuel tensa la mandíbula; tomándola de la mano, la lleva de vuelta. — No quiero volver.— Intenta soltarse, pero Emmanuel no lo permite, la lleva de vuelta a la tienda, donde la gerente se aproxima. — Ven aquí…—ordena en un tono fuerte. — ¿Sucede algo, señor?—pregunta la mujer, muy nerviosa. — Reúne a todo el personal. — ¿A todos, señor? — ¿Eres
Capítulo 32. Todo a su manera. Rosaura, muy feliz, sigue al chico por los pasillos, grabando cada cosa que le enseña en su memoria. — Este es el pasillo de las aulas de clases, por aquí está la biblioteca, y si bajas por estas escaleras, regresarás por el pasillo de la dirección, la salida; al caminar a la derecha, encontrarás otra entrada para llegar al jardín norte y por aquí…— El joven abre una gran puerta, dándole paso a Rosaura al increíble jardín de las terrazas donde están todos los estudiantes reunidos.— ¡Bienvenida al jardín del Edén! Rosaura sonríe ligeramente mirando a todos los presentes: chicos jugando con patinetas, bicicletas, juegos como el ajedrez; otros cantan en un rincón, algunas porristas en la cancha. Todo lo que se ve en la TV es real, todo esto se lo ha estado perdiendo. —Esta es la clase de arte y diseño, esta es tu parada; de aquí tienes dos salones más. Ven, te llevaré. — Santiago, ¿no llegaré tarde? — No, aún no suena la alarma. De re
Capítulo 33. Dudas. Un día muy interesante y diferente: Rosaura no solo ha conocido a Santiago, sino que ahora trata a Flor y a Susana, dos chicas becadas que son muy agradables. — ¿Estás casada, Rosaura? —Sí. — ¿Y cómo es tu esposo?— Rosaura se sonroja al hablar de Emmanuel. —Sí, chica, cuéntanos, ¿cómo es que te casaste tan joven? Rosaura se pone tímida, intentando no decirles. — Cuéntanos, Rosaura, no puedes dejarnos así, eres la más joven de las tres, ¿cómo es que estás casada?—pregunta la rubia, muy intrigada. — Es complicado, fue un matrimonio arreglado entre nuestras familias—responde Rosaura un poco nerviosa. — ¿De verdad? —¿Eso aún se hace?— pregunta la china Susana. — Eso parece, pero deja que nos cuente.— Repite emocionada la rubia de lentes. — Bueno, es que no sé, no puedo decirles mucho de él. — Por lo menos como es, ¿es guapo?— Rosaura se sonroja mordiéndose el labio inferior. — Muy guapo, realmente es un hombre muy atractivo, es a
Capítulo 34. Sensaciones. Alucinante es estar debajo de ella y verla moverse de manera sensual y excitante; se siente tan bien que controla sus impulsos. Emmanuel la recorre con sus manos desde su trasero, siguiendo el rastro lentamente de su cuerpo, su hermoso cuerpo que se ha vuelto una adicción para él, cada arte que recorre, su feminidad rosadita, sus senos y esos pezones rosados e hinchados, lo atraen, su cuerpo está cambiando, su rostro también lo hace, la mira sintiendo esa presión en su pecho, algo en él se enciende al tenerla, sentirla, no puede detener, no puede evitar hundirse por completo en ella, solo para poder ver esa expresión débil de su rostro, la manera en la que se muerde los labios, es manera en la que frunce el ceño enfocándolo con su mirada, mientras lo acaricia, deslizando sus delicadas y suaves manos por su cabello, intentando de manera desesperada encontrar sus labios y tomarlo en un beso que él le corresponde. La siente tan suya, que no puede evitar aca
Capítulo 35. Bajo amanecer. Vanessa, Emilia y Tamara piensan en la situación, planean bien sus estrategias. Mientras que un plan se cocina bajo fuego, Rosaura es sorprendida por Emmanuel, al ver que Santino llega con una carpeta que contiene sus trabajos. — ¿Qué es esto? —¿Los hiciste tú?—pregunta Rosaura, estando en el auto, frente a la entrada de la universidad. — No, los mandé hacer; con esto estará al día con tus trabajos, un equipo se encargó de que no faltara ningún detalle. Ella le regala una amplia sonrisa de dientes blancos y perfecta dentadura, dejando ver sus hermosos hoyuelos que adornan sus mejillas. — Eres increíble, te quiero, no sabes cuánto te quiero.— Rosaura lo abraza muy feliz, es un gesto muy bonito, un detalle que ella no había tenido antes de su parte. Rosaura lo besa, lo besa como si el mundo se fuera a acabar y no volvieran a verse; incluso se sube sobre su regazo y el beso se profundiza en la privacidad de los vidrios subidos del auto.
Capítulo 36. Alianzas Distante, pensativa, Rosaura esperaba tener calma ante tanta tormenta; su corazón no resiste tanto dolor, se siente inquieta, no desea que Tamara destruya la paz y la tranquilidad que había conseguido. Es como si el destino se empeñara en destruir todo lo que poco a poco va construyendo y la hace feliz. Ella mira sus cuadernos, sus libros y sus trabajos; todo está destruido, todo. Mira su rostro en el reflejo del espejo, sus manos tiemblan, se siente agobiada y el dolor la invade inconsolablemente. Rosaura intenta calmarse para enfrentar a su esposo, quien ya la espera en la entrada. Hoy ha venido a recogerla y desea plenamente que no lo haya hecho. Al salir del baño, Rosaura camina hacia la salida, siendo detenida por Santiago, quien, muy agitado, intenta recobrar el aliento, trayendo consigo una bolsa. — Espera, Rosaura, pensé que ya te habías ido.— Rosaura mira hacia el auto de su esposo y vuelve a enfocar a Santiago. — ¿Para qué me buscabas?
Capítulo 37. Semanas después. Las constantes humillaciones de Tamara van incrementando; se cuida las espaldas de los hombres de seguridad, la aborda en lugares donde ellos no pueden entrar, como en clase o en el baño, la biblioteca, lugares donde la humilla tan ferozmente que Rosaura empieza a sentirse agotada de ir a la universidad. — ¡Ya basta, Tamara! —Déjala…— Santiago se interpone en medio para protegerla—. Lárguense o hago un escándalo para que entre la seguridad. — Tienes agallas, cuñadito, pero esto te va a salir caro. Vámonos. Tamara se va con su gente, dejando muy asustada a las chicas. — No puede ser, te odia Rosaura. ¿Qué piensas hacer? —Tenemos que hacer algo—exclama Flor, muy preocupada, ayudándola a recoger las cosas del suelo. — No hay nada que hacer; si respondo, los atacará a ustedes. No quiero involucrar a nadie más en esto. — Ven, te ayudo…— Santiago la sostiene de las caderas, abrazándola para ayudarla a levantarse, una escena que muchos ven
Capítulo 38. Encuentro sorpresa. Rosaura no puede creer lo que escucha: realmente le está cortando las venas a su hermana que es compradora compulsiva. No sabe si esto sea bueno o si esto traerá problemas; simplemente no tuvo que decir demasiado, él claramente ya lo intuía. —Si vuelves a ocultarme cosas, tú pagarás junto con ella las consecuencias. Me enojan las mentiras, ¿me escuchaste?— Rosaura le baja la cabeza temblorosa.— Deja de llorar, Rosaura, nadie le hará nada a tus amigos; sin dinero de por medio, nadie le hace favores a nadie. — Pensé que la elegirías a ella. — No estoy eligiendo a ninguna de las dos; di una orden y ella debe empezar a entender que no puede sobrepasar mis órdenes, y tú debes dejar de mentirme. — Lo lamento, pensé que tu reacción sería otra. — Mi reacción siempre será a raíz de sus acciones; todo depende de ti, Rosaura, si me tienes o no de tu lado. Rosaura se acerca y lo besa; esta vez no la rechaza, le corresponde a ese intenso que