—Jenn llegaste —abrió sin ver.
—No soy Jenn —dijo la voz del otro lado, ella volteó asustada.
—¿Dustin, qué haces aquí? —preguntó aturdida.
—Vine a hablar —contestó el joven.
—¡Lo siento!, pero no es momento. —Suspiró con ahogo.
—¿Qué sucedió? —inquirió al ver a la joven tan demacrada.
—Me peleé con tu hermano, pero en serio, no estoy dispuesta a hablar de eso contigo —confesó abatida.
—¿Kim qué hace él aquí? —p
Durante el fin de semana Kimberley tratói por todos los medios sonreír pese a que su mente estaba llena de cuestionamientos que solo la angustiaban a cada minuto, lo intentaba por sus dos soles, ellos no debían verla caer de esa forma, y tampoco podía transmitir a su bebe en el vientre semejante angustia. Su hermana se encargó de distraerla llevándola de paseo junto a sus hijos y sobrino, aunque no quería. Al llegar a la casa vio que tenía muchas llamadas pérdidas de Dustin y algunos mensajes de texto, aunque la curiosidad se había cruzado por su mente, necesitaba más tiempo. Su mente necesitaba mantenerse enfocada en la renuncia de su trabajo y resolver la situación con Francis, lo echaba de menos. Cuando el domingo llegó a su fin y todos estaban durmiendo, Kimberley se acostó para intentar descansar un poco, pero en plena madrugada el insomnio la visitó, y eso se notó a la mañana siguiente cuando todos
—De acuerdo —musitó esperando no arrepentirse. Cuando él comenzó a caminar hacia los niños recordó súbitamente que Francis estaba en camino para encontrarse con ellos. Los saludó brevemente y regresó hacia donde estaba ella. Se paró a su lado y sin verla, habló: —¿Me contarías algo de los mellizos? —¿Por qué quieres saber? —respondió cuestionando el pedido del joven. —Porque no importa que suceda de ahora en más, seremos familia. —Si no te preocupaste antes, porque lo harías ahora —espetó con remordimiento. —No vine a discutir, solo quiero acercarme a mi familia. —Creo que lo mejor sería que te fuera y desaparecieras de la vida
—Descuida, no tengo intenciones ocultas —indicó el joven y corrió hacia donde estaban los pequeños.—¡Vamos! —ordenó Francis cargando un brazo de ella sobre sus hombros para ayudarla a caminar—. ¿Sigues teniendo el dolor?—Sí, aunque no es tan agudo —respondió cerrando los ojos.—¿Aún no es momento de parto, verdad? —preguntó preocupado y le indicó que se tomará del auto para abrirle la puerta.—No, estoy de siete meses, Fran —respondió la chica—. No sé que fue el dolor, pero se parecían a las contracciones cuando tuve a los mellizos.—Si m
—Bueno, sí soy… aunque, ahora esté distanciada de Francis. —Kimberley vio que la chica arqueaba una ceja, se mostró molesta.—Sé que no es de mi incumbencia, pero deberías alejarte de los hermanos Galanis.—¿Disculpa? —exclamó Kimberley visiblemente molesta.—Lo que ellos hagan en verdad no me interesa —espetó superadamente—. Pero si eso repercute en mi mejor amiga, si me concierne. —Se descruzó de brazos—. Así que si eres una mujer inteligente, te alejarás de esa familia.—Y tu amiga ¿es?—Leila —entrecerró los ojos molesta. Francis quedó parado en medio del corredor frizado por la noticia de su hermano, se arrepintió de haberles dicho a sus padres antes de saber un poco sobre la situación. La mujer que lo había llamado para darle la noticia había exagerado o bien su hermano había mejorado en los últimos minutos. Caminó hasta un banco de la sala y le envió una nota de voz a sus padres para contarles las novedades y decirle donde los esperaba.Inclinó su cuerpo hacia adelante y tomó su cabeza con ambas manos las cuales deslizó hasta tocar su nuca. Si algo le pasaba a Dustin lo destrozaría, pensar en aquello lo hizo darse cuenta que esa conexión que tenían de pequeños e incluso que se había extendido hasta la adolescencia, la había perdido. Él se había perdido, pero su hermano tambiénCapítulo 69
—Claro que sí. —Sonrió y él secó las últimas lágrimas que quedaban en los ojos de ella—. Más que nada en este mundo.Francis se levantó y se sentó en la silla junto a Kimberley. La miró a los ojos y tomó su barbilla con una de las manos, acercó el rostro hacia la chica y sus labios quedaron a pocos centímetros. La respiración de ambos era agitada, se vieron a los ojos dándose de cuenta del amor que tenían por el otro y finalmente el poco espacio que existía desapareció cuando Francis posó sus labios sobre los de la joven.El beso duró varios minutos. Cuando se distanciaron se sonrieron con la mirada llena de amor. Francis abrazó a Kim y permanecieron en esa posición por largo tiempo, mientras
Siena y Misael corrieron hacia la mesa del comedor y se sentaron cada uno en una silla y esperaron impacientes a que su madre les llevase lápices y hojas para hacer unos dibujos. La joven se sentó en la esquina y observó cómo dibujaban sus hijos, un suspiró alivió su interior y una leve sonrisa se asomó en sus labios.Cerró los ojos y le pidió al cielo tranquilidad para su vida, siempre existieron turbulencias, pero en los últimos cinco meses la situación se había salido de control.—Mami, mami. —Siena tocaba el antebrazo de la joven para que hiciera caso.—¿Qué, mi amor? —preguntó la joven cuando regresó a la realidad.—Ya termin&
Francis regresó a la cena, mientras que Kimberley se dirigió hacia la sala, cuando llegó allí se encontró con el mismo escenario que el ochenta por ciento de las peleas que tenían sus mellizos. Ambos tironeaban del control remoto, el objeto de su deseo. La joven sonrió olvidando el regaño que iba a darles, mientras se dirigía al lugar y se paró a unos metros con los brazos colocados como taza, apoyando sus palmas sobre la cintura. Arqueó una ceja e intentó parecer seria.—¿Qué está sucediendo aquí? —inquirió en tono serio, ambos pequeños se dieron vuelta al escuchar a su madre y dejaron de forcejear.—Misael no quiere darme el control —chilló Siena.—Mis &