Capítulo treinta y tres. La trampa de mi padre.— — — — Narra Brad Lancaster — — — —Todavía Amy descansa entre mis brazos cuando siento celos de ella. Nunca me había pasado algo así antes. Me muero por esta mujer que se ha colado en mi corazón a la velocidad de la luz.Nos faltan tantas mañanas juntos, tantos besos a solas, tantos amaneceres así como hoy... con ella en mis brazos, que siento celos hasta del futuro que la tiene en sus manos ya mientras yo todavía la intento sostener en los míos.A veces la vida no entiende que me sucede muy lenta si la tengo a ella conmigo, quiero llegar a esos momentos...ya.El día de ayer fue un sueño, y hoy quiero que sea también maravilloso porque cuando regresemos ella está muy consciente de todo lo que tendrenos que vivir.Aprovecho que sigue dormida y respondo como puedo algunos mensajes con el móvil. Mi abogado me indica que todo va según lo previsto, y le explico que vuelvo en dos días. Dos días para que arranque mi venganza.—Buenos días, es
Capítulo treinta y cuatro. Lo único que quiero.— — — — Narra Amy Carlson — — — —Han pasado dos días desde que vivimos a aquí ha estar solos, a tener una especie de luna de miel y hemos estado volando por los aires en una especie de sueño tomados de la mano.Pero la aventura termina ahora y tenemos que volver, muy a mi pesar. La vida debe continuar o más bien arrancar ahora que estamos casado y felices... a la vez.Cuando salgo del baño miro la cama deshecha y recuerdo los momentos que pasamos aquí, y se me dan muchas ganas de lanzarme a ella de nuevo con Brad encima de mi haciéndome suya otra vez.—Dime que nunca vas a dejarme.De repente me toma en sus brazos y me recuesto en su cuerpo contra la pared al lado de la puerta por la que pronto saldremos.—No está anotado en mi agenda —bromeo aunque él se ve serio y no tiene pinte de que le haga gracia mi chiste, entonces matizo —. No pienso dejarte, Brad. No tengo porqué hacerlo y me he enamorado de ti, ya lo sabes. ¿A qué viene esa p
Capítulo treinta y cinco. Quiero que nunca acabe. — — — — Narra Amy Carlson — — — — Me despido como puedo del lugar donde he sido feliz por unos pocos días. En toda mi vida esta ha sido la primera vez que he probado la felicidad sin reservas. Ha sido la primera vez que verdaderamente he estado a gusto sin miedo a cuanto me cobraran si las cosas cambian de rumbo. Brad ha conseguido que confíe en él como si mi propia vida dependiera de ello y me siento agradecida de que me haya recibido en la suya aquel día y que ahora me esté regalando momentazos como los que acabamos de vivir estos días que hoy mueren y van a formar parte del eterno recuerdo de nuestros días felices. Sí, hay un poco de amargura en mis pensamientos pero es que siento que esto ha sido una especie de punto de inflexión en nuestras vidas y que pronto volverán el caos y las amenazas. —Cambia esa cara, cariño —siento los nudillos de Brad rozar mi mejilla con cariño —. Te prometo que todo estará bien. Estamos juntos
Capítulo treinta y seis. Dejemos todo atrás.— — — — Narra Amy Carlson — — — ——¡Por favor, Amy, te lo imploro!La vocecita de puchero que pone mi suegra al teléfono, es persuasiva. Ella de entre todos los familiares de Brad es quien más me llama la atención, no entiendo porqué no ha podido tener una especial relación con su hijo, me resulta inquietante eso. En una familia que debería adorar a mi marido nadie es bien llevado. Es muy raro y me rompe el corazón no poder tener por fin lo siempre había querido tener. Eran perfectos para mi, así como la mía no había servido para nada, pero puedo ver claramente y a la perfección que el rumbo de las relaciones amorosas históricamente es lo que ha hecho que todo se estropeara. —No vamos a tener una relación saludable Arthur y yo, no puedo ni verlo. Sabes que es doloroso para mí. No me puedo creer que esté tratando de convencerme para algo así. Y mucho menos hacer extensiva esa relación a mi marido. No hay ni que preguntar para saber que
Capítulo treinta y siete. La amenaza continúa.— — — — Narra Amy Carlson — — — —El calor de su cuerpo contra el mío es una promesa silenciosa de que, a pesar de todo, seguimos aquí. Juntos. Pero sé que el problema no ha desaparecido, solo ha sido empujado a un rincón oscuro donde la pasión nos permite fingir que no existe.Después de un rato de dejarnos llevar, Brad se levanta del sofá y me ofrece su mano para ayudarme a incorporarme. Hay una sombra en su mirada, un peso que no desaparece a pesar de sus caricias y sus besos.—Tenemos que tomar una decisión, Amy —dice con voz firme—. Y esta vez, sin que nadie más nos manipule.—Lo sé —murmuro, abrazándome a mí misma mientras trato de ordenar mis pensamientos—. Pero, Brad, no quiero que esto nos separe. No quiero que nuestra relación se vea afectada por lo que ellos intentan.—No lo permitirá —su tono es tajante, decidido—. Pero necesito que entiendas algo. No hay forma de que yo haga las paces con él. No puedo ni imaginarlo. Es un mal
Capítulo treinta y ocho. La trampa perfecta. — — — — Narra Arthur Aramendi — — — — El muy iluso de mi hijo cree que puede ganarme. Observo la carta que le envié a Amy y sonrío. Puedo imaginar su reacción, el miedo en sus ojos, la desesperación en su voz al mostrársela a Brad. Y sé que él, con su terquedad y su sentido de justicia patético, no se quedará quieto. Planea algo. Lo siento en el aire, en las llamadas que hace, en la forma en que mueve sus piezas con la intención de destruirme. Pobre imbécil. No entiende que yo siempre voy un paso adelante. Años de experiencia, de manipular a quienes me rodean, me han enseñado que la mejor defensa es un ataque bien ejecutado. Y si Brad quiere jugar a ser mi enemigo, entonces lo convertiré en mi víctima. Me reclino en mi escritorio, tamborileando los dedos sobre la madera mientras mi mente trabaja a toda velocidad. Necesito algo grande, algo que lo saque de mi camino para siempre. No basta con desprestigiarlo; no, tiene que ser algo má
Capítulo uno. Novia a la fuga.— — — — Narra Amy — — — — Ese día yo sentía a medida que avanzaban los minutos y las horas, que se acercaba mi final. Podía sentir en lo más profundo de mi que ya no podía seguir dando tiempo a un tiempo que se agotaba cada vez más. Mi padre, ese maldito sin corazón pretendía que me casara con un desconocido y anciano repugnante. Solo de ver la forma en que me miraba, como sus ojos aprecian desvestir mi cuerpo dentro de su mugrosa mente me daba nauseas. Siempre que venía a la casa me dejaban a solas con él. A solas para que deslizara su dedo índice con aquella uña larga repugnante por mi espalda desnuda. Cabe decir que papá me obligaba a vestir con la ropa que él pedía. Arthur Aramendi me hablaba tan cerca que podía oler su aliento de cognac y puros cubanos. Nunca podré olvidar eso. Y ahí estaba ese día gris y lluvioso, vestida de novia con él a mi lado esperando un sí quiero que no quería en absoluto y un alcalde aguardando mi decisión para converti
Capítulo dos. El novio es mi padre — — — — Narra Amy — — — —Sus palabras habían silenciado más mías. No podía entender que semejante hombre tuviera que obligar a una mujer a prometerme con él. Cualquiera se querría casar con un tipo así que además de lo carnal, se veía que tenía poder y dinero y una personalidad avasalladora. Era un ideal masculino en toda la regla. La parte caballerosa mezclada en perfecta sincronía con la canalla y oscura. Sus ráfagas poderosos así lo hacían ver y no entendía cómo estaba exigiendo algo que debía tener a sus pies voluntariamente y en más de una ocasión. Más de una mujer, incluso más de un hombre podían querer ser suyos, sin compromisos incluso. —Aunque no lo entiendo tengo que aceptar —dije segura de que no tenía opción y menos aún sin documentos para irme del país —, seré tu prometida per necesito que me dejes trabajar para hacer el dinero de poder reírme cuando nuestro acuerdo acabe. Por favor —negó ante mi súplica. —Tú único trabajo soy yo. De