Capítulo 36

Wilmer recorrió la galería y cada obra que veía, le parecía mejor que la anterior, Danna tenía manos de ángel, y un don extraordinario para plasmar las emociones humanas en un lienzo, lamentó no poderse llevar a Londres la obra que había elegido, pero sin duda, cualquiera de las que estaban todavía en el museo, valía la pena colocar a la derecha de su Da Vinci.

Danna despidió a cada uno de sus invitados, después de recibir las correspondientes felicitaciones, estaba cansada, pero feliz, muy feliz de haber alcanzado el éxito profesional que tanto había soñado.

—Danna querida ¡Agárrate! Porque te vas a desmayar — le dijo René emocionado.

—¿Por qué? ¿Paso algo malo?

—Sí, algo muy malo, ¡No tendrás ninguna obra para tu galería!

—¿Qué quier

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