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Narra Santiago

Cerré mis ojos con fuerza mientras tapaba mis oídos para evitar escuchar los gritos, los cañones, el llanto...

—¡Ayúdame! — gritaba una de los niñas.

—No nos dejes— grito otra

—Nos abandonaste— me dijo una de ellas con sus ojos llenos de sangre —Eres malo— me susurro mientras vi como su cuerpo se esparcía en pedazos.

—¡No! — grite con todas mis fuerzas mientras temblaba incontroladamente, mi respiración dejo de fluir y mi garganta ardía, mientras apretaba aún más mis ojos.

Traté de moverme, de gritar, pero no pude —Abre tus ojos— me ordenaba una voz —Estas bien, abre tus ojos— me gritaba tomándome de ambos br

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