La ciudad de París se desplegaba ante Bianca como un lienzo interminable de posibilidades. Desde la ventana de su nuevo apartamento, observaba las luces de la Torre Eiffel parpadeando a lo lejos. Había llegado hacía solo unas semanas, pero ya sentía el peso de la soledad. Había soñado con esta oportunidad, trabajar como curadora en un prestigioso museo, pero no podía negar que algo faltaba: Luca.
Cada mañana caminaba hasta el museo, tratando de encontrar consuelo en su trabajo. Su oficina estaba llena de obras de arte que esperaba exponer algún día, pero su mente a menudo vagaba hacia Milán. Sus colegas eran amables, y su jefa, una mujer sofisticada llamada Claudine, la había tomado bajo su ala. Sin embargo, el bullicio del arte no lograba llenar el vacío que sentía.
Mientras tanto, Luca se encontraba en una encrucijada. Había comenzado a transformar su org
El bullicio de París había comenzado a sentirse familiar para Bianca, pero su mente seguía dividida. Aunque disfrutaba su trabajo en el museo, las largas noches en soledad le recordaban cuánto extrañaba a Luca. Fue en una de esas tardes lluviosas, mientras revisaba documentos en su oficina, que alguien inesperado tocó la puerta: Stefano.—Bianca —dijo con una sonrisa suave y calculada—, pensé que nunca volvería a verte.Ella lo miró con incredulidad, sin saber cómo había llegado allí. Su primera reacción fue cerrar la puerta, pero algo la detuvo. Quizá era la curiosidad, quizá el resentimiento que aún guardaba por su intromisión en el pasado.—¿Qué haces aquí? &
Luca caminaba por las calles de Milán al atardecer, sintiendo cómo las sombras del pasado comenzaban a cerrarse sobre él una vez más. Había trabajado meses para construir una vida legítima, pero los desafíos seguían acumulándose. Algunos de sus aliados más antiguos estaban impacientes, murmurando que su liderazgo había perdido fuerza desde que decidió abandonar el mundo criminal.—Necesitamos tomar decisiones, Luca —dijo Marco, mientras ambos compartían una copa de vino en la pequeña oficina de Luca—. Cesare puede estar debilitado, pero no está acabado. Si no damos un golpe pronto, los hombres comenzarán a dudar de ti.Luca apretó los dientes, sintiendo la presión como un peso insoportable sobre sus hombros. Había pr
La noticia llegó a Luca en el momento menos esperado. Estaba sentado en la penumbra de su despacho, revisando los informes sobre los progresos de sus negocios legítimos cuando recibió la visita de Tao, un influyente y antiguo socio del bajo mundo. Tao era conocido por su capacidad de mover hilos tanto en las sombras como en la superficie. Su propuesta era tan tentadora como peligrosa.—Luca, tienes que saber que el mundo criminal no perdona a los que intentan irse del juego. Pero hay una forma de hacerlo… una última transacción que te dejaría libre —dijo Tao, inclinándose hacia adelante, su voz baja y llena de intención.Luca no respondió de inmediato. Sabía que Tao no ofrecía nada sin un precio oculto, y cualquier salida que involucrara a alguien como él vendr&ia
El amanecer en París traía consigo una sensación de falsa tranquilidad, un velo delicado que ocultaba el caos que se avecinaba. Bianca había comenzado a acostumbrarse a su nueva rutina en la ciudad, refugiándose en los pasillos del museo donde trabajaba. El arte había sido su escape, un refugio para su mente mientras su corazón seguía dividido entre su amor por Luca y la vida que intentaba construir lejos de Milán.Pero ese día, algo se sentía diferente. Mientras caminaba hacia su apartamento tras una larga jornada, notó una sombra que la seguía de cerca. Al principio lo ignoró, pensando que era solo su mente jugándole una mala pasada. Pero cuando se giró por tercera vez y vio a los mismos hombres que había visto minutos antes, su corazón se aceleró.Intentó mantener la calma, apretando el paso sin parecer demasiado obvia. Lleg&oac
La atmósfera en el apartamento era pesada, como si el aire estuviera cargado de palabras no dichas y emociones contenidas. Bianca miraba por la ventana, observando cómo las luces de Milán parpadeaban en la distancia. Desde que había regresado de París, su mente no había encontrado descanso. Aunque amaba a Luca con todo su ser, las sombras que lo rodeaban parecían imposibles de disipar.Luca entró al salón, con su camisa aún desabrochada tras un día lidiando con los restos de su organización. La mirada cansada en sus ojos era un reflejo del peso que llevaba sobre sus hombros. Se detuvo al verla, notando la tensión en su postura.—¿Qué ocurre? —preguntó en voz baja, aunque ya intuía la respuesta.
El sol apenas despuntaba cuando Luca se preparó para la reunión más arriesgada de su vida. Frente al espejo, ajustó su corbata, con la mente fija en las palabras que tendría que usar para convencer a sus enemigos. Las sombras bajo sus ojos revelaban noches de insomnio y una tensión acumulada que parecía estar desgastándolo. Sabía que estaba jugando con fuego, pero también sabía que esta tregua
El sol de París iluminaba la sala de estar de la casa de la familia de Bianca, pero la calidez de la mañana no podía atravesa
El amanecer en Milán traía consigo una calma engañosa, como si la ciudad misma presintiera la tormenta que estaba a punto de desatarse. Luca estaba de pie frente a una mesa llena de mapas, armas y documentos, rodeado por Tao y otros hombres de confianza. La tensión era palpable en el aire, y aunque todos hablaban en susurros, las miradas eran de acero.Bianca observaba desde la puerta, su presencia tan firme como su decisión de quedarse. Desde que había regresado, no había dejado de insistir en que estaría con Luca, sin importar el peligro. Él había intentado persuadirla, incluso suplicado en momentos de vulnerabilidad, pero su determinación había sido inquebrantable.—Si piensas que voy a quedarme aquí mientras tú arriesgas tu vida, no me conoces tan bien como c