Dante llevó un sorbo más de whisky a su boca que quemó su garganta por completo, su cabeza estaba hecha un ocho, aún no entendía cómo fue que Antonio lo había traicionado, siempre le había demostrado envidia y más cuando Dante subió al poder, solo que nunca llevó a pensar que su ambición llegara tan lejos.—¿Qué piensas hacer? —preguntó Alonzo llevando la copa de whisky a su boca.Dante hizo una mueca de desagrado, llevó una de sus manos a su cien y sobo lentamente, evidentemente su molestia se había incrementado más al saber que el clan le había brindado su apoyo Antonio.—Solo quiero que empiece la función, vamos a darle la bienvenida a mi querido primo como jefe del clan —dijo Dante, alzó una de sus manos e hizo un ademán y así brindar.—Está bien, ordenare que ataquen una de los clubes —habló Alonzo, tomó su celular, se colocó de pie y caminó hacia la ventana, y así se las órdenes.—Quiero que vayas tú mismo —dijo Dante, Alonzo se giró y asintió.Alonzo tomó su arma y la llevó a l
La noche había caído, y con ellos varios enemigos de Dante también lo habían hecho, Dante se había encargado personalmente de darle su lección a gran parte de los que alguna vez fueron sus hombres.Estaba decidido acabar con Antonio, pasos por paso hasta hacer que le pidiera perdón de rodillas.Dante abrió la puerta de la habitación donde Aurora dormía, se acercó lentamente, se sentó sobre el borde de la cama y miró con detenidamente a Aurora.«Quien diría que mi primo había fijado los ojos en la mismísima nieta de Francesco Greco, debo admitir que es un verdadero genio, ni a mí se me ocurrió… Pero vaya que irónica es la vida, ahora ella es mi esposa, y tú maldito desgraciado no la vas a tener» .Expresó Dante en voz baja, empuño sus manos haciendo que sus nudillos se tornaran blancos, se colocó de pie y salió de ahí, era imposible no pensar en Eva, su amada Eva, apenas unas horas que Antonio le había arrebatado la vida.Aurora abrió sus ojos, estiró sus manos y jalo la manta, era im
El pecho de Aurora subía y bajaba con gran velocidad, sus piernas dolían, al igual que sus pies al no llevar zapatos para no ser escuchada y así poder escapar.Los ojos de Aurora se abrieron de par en par, su corazón se detuvo al ver cómo dos enormes hombres estaban justo detrás de ella.—¡Señorita Aurora!, es mejor que vuelva de nuevo a la casa —dijo uno de ellos.—No, ni loca así me maten no pienso volver —vociferó ella firmemente, su pecho latía con mucha más fuerza, no estaba dispuesta a volver.—Señorita Aurora si no vuelve el señor Dante no le gustara, así que es mejor que regrese a casa —habló uno de ellos haciendo un ademán para que volviera de nuevo a la casa.—Primero muerta que volver —respondió Aurora cruzándose de brazos.—Es mejor que no lo desees tanto querida, o tus deseos se podrán hacer realidad —comentó Dante llegando al lugar.Aurora se giró y se encontró de frente con Dante, quien tenía una pequeña sonrisa dibujada en su rostro.—¡Entonces qué esperas para matarm
Dante quien miraba a través de una cámara maldecía el no poder enfrentarse en ese momento a Antonio.Alonzo caminó con varios de sus hombres hacia la entrada de la mansión, era obvio que Antonio no venía en los mejores términos, así que debía hacer respetar su casa.Tan pronto vio que varias camionetas habían ingresado a su propiedad ordenó disparar sin piedad alguna.Antonio frunció el ceño, aún así ordenó que se detuvieran para poder bajar. Alonzo lanzó una de sus manos y miró fijamente hacia la camioneta que se detenía justo al frente de ellos.—¡Antonio Coello!, ¿Que demonios intentas hacer entrando así a mi propiedad? —habló Alonzo apuntando fijamente hacia Antonio, quien bajaba con su arma lista en su mano derecha.—No crees que las preguntas las debería hacer yo? —hablo Antonio, hizo un ademán para que sus hombres apuntaran hacia los hombres de Alonzo, quienes los había rodeado por completo.—Dante, ¿Estás seguro que no prefieres que acabe con esta rata aquí de una buena vez —h
Una semana había pasado, una semana donde el infierno de Aurora se había intensificado, el no poder estar libre y en los brazos de su amado Antonio hacían que su pecho doliera, aún así decidió ser fuerte por ella.Antonio sonreía abiertamente frente al espejo, a pesar de solo haber tenido una pequeña conversación con Aurora, para él era suficiente.Ella le había confirmado que sí se casaría... sí lo haría. Ya solo faltaban horas para casarse con ella, y por supuesto para ser el jefe de todo el clan. Antonio jamás imaginó que quitar de su camino a Dante le diera todo por lo que un día soñó, por lo que según él le pertenecía solo por ser mayor que Dante.Las hojas del otoño habían empezado a caer, el cielo brillaba más que nunca, todo estaba perfectamente decorado para el gran acontecimiento, “la unión de los clanes” los invitados habían empezado a llegar, incluso Alonzo, quien buscaba a Antonio con su mirada, debía mantener informado a Dante, y claro está preparado para su llegada.
Antonio acomodaba su corbata, y miraba de nuevo su reloj, era la quinta vez que lo miraba en menos de quince minutos.—Es mejor que se tranquilice señor, ella vendrá pronto —dijo uno de los hombres de Antonio susurrando a su oído.—¡Quiero que vayas y la busques hasta debajo de las piedras si es necesario! —exclamó Antonio, sin dejar de sonreír.Debía mostrar tranquilidad, seguridad y más delante de los miembros del clan, quienes empezaban murmurar por la tardanza de la novia.—Señor, me acaban de informar que la señorita Aurora viene llegando —dijo uno de los hombres de Antonio, quien sonrió abiertamente.Levantó sus manos e hizo un ademán para que empezará la marcha nupcial, estaba feliz, y estaba seguro que novia nada que acabara con su felicidad.El auto de Dante se estacionó justo al frente de la catedral, su pecho había empezado a latir con más fuerza, quería verle la cara a Antonio, quería restregarle en su propia cara que a pesar de su traición él estaba ahí, y lo mejor vivo y
Antonio sintió como alma ardía la ver como Dante no soltaba la manos de Aurora —¡Es mejor que la sueltes! —dijo una vez más Antonio tratando de persuadir a Dante.—Como te dije hace unos minutos, lamentablemente no puedo soltarla, los dos acabamos de casarnos, lo malo es que creo nos equivocamos de catedral, eso si es verdaderamente malo, ¿No lo crees primito? —vociferó Dante. Él lo estaba disfrutando, vaya que si. Antonio dejó a un lado su porte dió varios pasos hasta estar lo suficientemente cerca de Dante... y de ella.—¿Esto es una maldita broma, verdad? —preguntó Antonio, estiró una de sus manos y tomó el saco de Dante.—Vaya primito, veo que estás de muy mal humor. Aunque yo lo estoy peor, así que suelta mi maldito traje —hablo Dante, la vena en su frente estaba más grande aún, era difícil de contenerse, por él era mejor darle un tiro en la frente y acabar con todo, aunque sabía perfectamente que no era lo mejor, él debía mostrarle el verdadero infierno, tal y como él lo vio.
Una sonrisa reluciente salió de los labios de Dante, quien se giró, hizo una ademan para que sus hombres apuntaran a Antonio.—Creo que no estás en condiciones de exigir, primito… te aconsejo que vuelvas a la cloaca de donde saliste y refugiarte muy bien, por qué pienso acabar con todos ustedes —dijo Dante señalando a Antonio y a parte de los miembros del clan que se habían colocado de parte de Antonio.—¡Maldito! —exclamó Antonio, bajó su arma y maldijo de miles maneras a Dante, quien sonreía abiertamente— Sueltala.Aurora respiró profundo, giró levemente su mirada y bajó su cabeza, le dolía su corazón, por escasos segundos su corazón volvió a la vida al escuchar a Antonio que no se la llevará, así le doliera en la manera en que se refirió a ella, era una pequeña luz, una que se había esfumado por completo.Antonio la miró a los ojos, le dolía en el alma la traición de Aurora, aún así no iba a permitir que su primo fuera feliz con ella.—¡Vayan tras ellos!, no los pierdan de vista,