El ambiente en el parque seguía impregnado de risas y emoción tras la inesperada propuesta de matrimonio de Guillermo a Stella. La felicidad era palpable, pero entre esa alegría, Axel no pudo evitar lanzar una de sus típicas bromas envenenadas.—Bueno, muy bonito todo, pero... —Axel entrecerró los ojos con fingida seriedad—. Stella. Guillermo no me pidió permiso a mí como tu figura paterna para estar contigo.El rostro de Stella se tornó de un blanco cenizo.—¿Qué?Alicia, quien estaba acunando a Hope, dejó escapar una risita, al igual que los demás presentes. Guillermo solo suspiró, ya acostumbrado a las provocaciones de Axel.El silencio de Stella hizo que Axel soltara una carcajada estruendosa.—¡Por Dios, Stella! —dijo entre risas—. ¡Fue una broma! Él ya habló conmigo.Todos comenzaron a reír, incluso Samuel, quien estaba al lado de Clara observando la escena con diversión.—Axel, no puedes decir esas cosas —reprochó Alicia entre risas—. ¡Mira la cara de Stella!—Ay, hermanita, n
La heladería tenía un ambiente acogedor, con un aroma dulce flotando en el aire. Clara y Samuel se sentaron en una mesa junto a la ventana, donde podían ver cómo las luces de la ciudad comenzaban a encenderse poco a poco.Los primeros minutos fueron cómodos; en el fondo, ambos sabían que había cierta tensión. No incómoda, sino de esa que surge cuando dos personas que apenas se conocen sienten una atracción sutil, casi imperceptible, pero innegable.Samuel tomó la cuchara y probó su helado de fresa con trozos de almendra.—Debo admitir que esto es mucho mejor que un café.Clara sonrió antes de probar el suyo.—Te lo dije. El café es bueno, pero el helado es felicidad en cucharadas.Samuel la observó fijamente, con una media sonrisa en los labios.—¿Felicidad en una cucharada? No sabía que eras una filósofa del helado.Ella se encogió de hombros.—Tal vez lo soy. O tal vez solo me gusta encontrar placer en las pequeñas cosas.Samuel asintió, revolviendo su helado con la cuchara.—Eso me
Días después.La mansión estaba en completo silencio cuando Alicia llegó a casa. A diferencia de otras noches, las luces en la sala estaban apagadas, y un aroma a jazmín flotaba en el aire.Frunció el ceño con curiosidad. ¿Dónde estaba Axel?Al dar unos pasos, un tenue resplandor se filtró desde el comedor. Al girar la esquina, el panorama la tomó por sorpresa.Un sendero de pétalos de rosa cubría el suelo, guiándola hasta la mesa iluminada por velas. Dos copas de vino descansaban junto a una elegante cena dispuesta con precisión. El violín de una suave melodía flotaba en el ambiente, llenando el espacio con una calidez inesperada.Y en el centro de todo, Axel, vestido con un traje impecable, la observaba con una sonrisa que mezclaba confianza y algo más… ¿Nervios?Alicia entrecerró los ojos, cruzando los brazos.—¿Qué estás tramando, Axel Thorne?Él se encogió de hombros con fingida inocencia y le extendió la mano.—Nada en particular. Solo quiero cenar con mi esposa y consentirla. ¿
Samuel siempre había sido un hombre paciente. No se apresuraba en nada, pero cuando algo realmente le interesaba, no dudaba en actuar. Y ahora mismo, Clara ocupaba su mente más de lo que él estaba dispuesto a admitir.De hecho, había estado un poco distraído en su trabajo, porque no podía dejar de pensar en una manera de poder conquistarla. Aunque habían tenido algunas salidas informales, como caminatas al atardecer, paseros a parques, idas al cine, visitas a la heladería, conversaciones largas bajo la sombra de los árboles, decidió que era hora de dar un paso más.Quería una cita formal. Algo que dejara en claro sus intenciones.La invitó con un mensaje sencillo: "Clara, ¿te gustaría salir conmigo a una cena formal este viernes?"No hubo rodeos ni excusas. Clara tardó en responder, pero cuando lo hizo, la respuesta lo hizo sonreír."Sí, me encantaría".Samuel se aseguró de elegir un restaurante elegante, pero acogedor. Un lugar que le permitiera a Clara sentirse cómoda sin la presió
Alicia sintió el primer indicio fue apenas un calambre sutil en el vientre. No le prestó demasiada atención, acostumbrada a las molestias típicas del embarazo avanzado. Sin embargo, cuando la punzada se repitió con mayor intensidad, Alicia supo que algo estaba ocurriendo, tenía la sensación de que la hora había llegado.Su respiración se aceleró y una sensación de anticipación la recorrió. Su instinto le decía que no había tiempo que perder.—Axel… —llamó con un tono entre tenso y expectante.No tuvo que repetirlo.Axel apareció en la habitación en menos de un segundo, como si hubiera estado esperando ese momento toda su vida. Su mirada recorrió su rostro y luego descendió hasta su vientre, más abultado que nunca.—¿Qué pasa, princesa? —preguntó, aunque la expresión de pánico en sus ojos revelaba que ya lo sabía.Alicia sintió otra contracción y se aferró a la sábana.—Creo que es hora.Axel quedó inmóvil.Ni siquiera respiró.El mundo pareció detenerse, mientras la información llegab
Un par de meses después.Samuel observó su reflejo en el espejo mientras ajustaba su corbata. No recordaba la última vez que había sentido la necesidad de prepararse con tanto esmero para una cita, pero esta vez era diferente. Clara era la mujer ideal.Desde su primer encuentro, hubo algo en ella que lo atrajo de manera irremediable. Su sonrisa reservada, la calma que transmitía con cada palabra y la manera en que observaba el mundo como si escondiera secretos que solo ella entendía. No era una mujer que se deslumbrara fácilmente, lo supo desde el principio. Y tal vez por eso mismo, sentía la necesidad de demostrarle que valía la pena confiar en él.Inspiró profundamente y tomó las llaves. Hoy quería que todo fuera perfecto.Clara, por su parte, intentaba estar serena, como si esa salida fuera una más, pero su reflejo en el espejo la delataba.Se había cambiado de vestido tres veces, algo poco común en ella. Al final, eligió uno sencillo, de tela fluida y un color que resaltaba la c
El resplandor de las luces flotando en el cielo se reflejaba en los ojos de Clara, quien apenas podía procesar lo que estaba ocurriendo. Su corazón latía con una intensidad que casi le dolía en el pecho.Samuel, aún sujetando su mano con firmeza, se arrodilló frente a ella.—Clara… —Su voz era profunda, pero tenía un leve temblor que delataba su emoción—. Desde el momento en que te vi por primera vez, supe que eras la mujer perfecta para mí. Que eras la clase de mujer con la que vale la pena compartir cada instante, cada sonrisa y cada sueño.Clara sintió cómo sus labios se entreabrían, incapaz de encontrar palabras para interrumpirlo.—He esperado este momento con ansias, pero también con certeza. Porque no tengo dudas de que eres la persona con la que quiero despertar cada día. —Samuel sacó una pequeña caja aterciopelada de su bolsillo, y lo abrió, dejando ver el hermoso anillo de diamantes.Los murmullos entre los demás comensales que se habían asomado para ver el espectáculo de dr
El amanecer tiñó el cielo de tonos dorados cuando Samuel se levantó para llevarla. Aunque ella tenía pereza de levantarse, quería llegar a su casa antes de que llegara su hermano.Una hora después, Samuel estacionó el auto frente a la casa que Clara compartía con su madre y Guillermo antes de mudarse con Stella.La ciudad ya se había despertado, el aire de la mañana estaba impregnado de la fragancia fresca de los árboles y la promesa de un nuevo día.Clara, aún con la emoción de la noche anterior latiendo en su pecho, se giró para mirar a Samuel. Sus ojos se encontraron en un instante que se sintió eterno.—Gracias por todo, me encantó —susurró ella, apretando ligeramente su mano.Samuel sonrió y llevó su mano a sus labios, depositando un beso suave en su piel.—No tienes que agradecerme nada —murmuró—. Eres mi futura esposa. Mi única tarea es hacerte feliz. No tienes idea de la emoción que tengo al saber que me aceptaste en tu vida.Clara sintió una calidez expandirse en su pecho. To