Solo mío

Capítulo 60 – Solo mío

Gabriel Montenegro siempre había sido un hombre dominante. Le gustaba tener el control, ser quien guiara cada paso, cada movimiento, cada deseo.

Pero con Isabela era diferente.

Ella lo desafiaba. Lo hacía perder la razón con solo mirarlo, con solo respirar cerca de él. Y ahora que la tenía nuevamente en su cama, después de todo lo que habían pasado, su instinto más primitivo rugía dentro de él.

Isabela estaba bajo su cuerpo, su piel ardía bajo sus caricias. Cada vez que él la tocaba, su cuerpo temblaba, pero no de miedo... sino de puro deseo.

Gabriel sonrió, deslizando sus labios por su cuello, mordisqueando su clavícula con lentitud.

-Mírate -murmuró contra su piel-. ¿Sabes cuánto me encanta verte así?

Isabela gimió suavemente cuando él descendió por su pecho, besándola con devoción.

-Gabriel...

Él sonrió contra su piel. Le encantaba cuando decía su nombre de esa manera, cuando lo suplicaba, cuando lo necesitaba.

-Dilo otra vez -ordenó con voz grave, deslizándo
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