17- Nadie toca lo que es mío

Leonard

Las velas iluminan la mesa con una luz tenue.

El comedor está en silencio, excepto por el sonido de los cubiertos al chocar contra los platos.

Megara está sentada frente a mí, con su elegante postura y su sonrisa estudiada.

No puedo negar su belleza, porque sería una mentira, pero el hecho de que sea hermosa no significa que quiera tenerla de Luna.

En especial conociéndola como lo hago. Pero he de admitir que entre las opciones es la mejor.

—Es sorprendente que hayas aceptado cenar conmigo esta vez —dice, revolviendo el vino en su copa—. Pensé que seguirías huyendo de mí.

—No estoy huyendo de nada —gruño, cortando un pedazo de carne con un movimiento brusco.

—No, claro que no. Simplemente me evitas como si fuera una plaga.

Ignoro su comentario y me concentro en la comida. No tengo tiempo para estas discusiones sin sentido.

Estoy cansado.

Llevo días lidiando con los ancianos, con la política interna de la manada, con la maldición que me consume poco a poco.

Y luego está ella.

E
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