Apreté con fuerza el barandal de la escalera, conteniendo la respiración mientras todos se saludaban con una familiaridad que me resultaba ajena y perturbadora. Retrocedí un paso en un intento desesperado por dar media vuelta, encerrarme en la habitación y no volver a salir jamás, pero su mirada fue la primera en encontrarme.Ojos azulados, fríos y mordaces capturaron los míos con precisión. Me recorrió con la vista de pies a cabeza, sin prisa, como si estuviera evaluando la mercancía en un mercado de segunda mano. Luego frunció el ceño y arqueó una ceja con evidente desdén.—Tu cueva está infestada de ratones —soltó, con un tono ácido, señalándome con la barbilla.El silencio que siguió fue absoluto. Todas las miradas convergieron en mí con sincronización. Me congelé en mi sitio, sintiendo cómo la sangre dejaba de circular en mis venas.Los ojos de Alaric me recorrieron con una chispa de reconocimiento. Aisling parecía tan aturdida como yo. Y Dorothea... bueno, su expresión hablaba p
Sabía exactamente lo que estaba ocurriendo sin necesidad de darme la vuelta. Lo presentía desde antes, incluso antes de esta reunión familiar. Este era el maldito momento que pensé que jamás llegaría, porque me sentía segura. Pero me equivoqué.—¿Qué demonios sucede, Artem? —Escuché a mis espaldas el chirrido de varias sillas al moverse bruscamente—. ¿Por qué tienes esa cara? ¿Qué pasó?Un temblor incontrolable recorrió mi cuerpo. Solo pude aferrar mis manos a mi vientre, intentando mantenerme calmada. El pánico amenazaba con consumir cada fibra de mi ser, pero debía controlarme. Mis bebés… ellos eran lo más importante. Tenía que hacerlo por ellos.—Esto tiene que ser una puta broma de mal gusto, ¿no? —La voz furiosa del ruso me heló la sangre. Me castañearon los dientes de miedo—. Necesito una explicación ahora mismo antes de que mi pistola resuelva toda esta mierda.—No te permito hacer semejante escándalo en mi casa, y mucho menos en un día como este. ¿Qué cojones te pasa? —Lothar
POV: Lothar Weber Las manos me temblaban sin control mientras esperaba, con el corazón martillando mi pecho tan fuerte que lo sentía en la garganta, ahogándome. El miedo era crudo, despiadado, desgarrándome por dentro ante la posibilidad de perderla a ella… y a nuestros bebés.¿Cuánto más iba a tardar esto? Odiaba los hospitales. La última vez que puse un pie en uno fue cuando era niño, el día de ese maldito accidente. Me prometí que nunca volvería a pisar un lugar así. Pero ahora esa promesa no valía nada. Todo perdía sentido cuando se trataba de Nika. Lo único que importaba era que ella estuviera bien.Estar aquí, atrapado en esta silla incómoda, sin poder hacer nada, me estaba volviendo loco. La espera se volvía insoportable, y la presencia de esos hombres rondando por el pasillo —los perros de Artem— hacía que la rabia burbujeara en mis venas. ¿De verdad creían que permitiría que se la llevaran? Tendrían que pasar sobre mi cadáver.Pasé las manos por mi rostro, intentando calmarm
POV: Jessica Engel Definitivamente, el tinte negro me sentaba fatal. Me hacía ver apagada, sin vida, como una mujer común y corriente. Pero era necesario. Cambiar mi apariencia era parte del plan para moverme sin ser reconocida. Todo por culpa de ese miserable.Me retoqué el maquillaje frente al espejo y esbocé una sonrisa leve. Al menos necesitaba verme bonita para mí misma. Era un pequeño consuelo para mi orgullo herido.Me levanté despacio, sosteniendo mi vientre pesado con una mano. Odiaba la sensación, pero no había espacio para quejas. Me dirigí al despacho de Rainer. Como esperaba, lo encontré de nuevo bebiendo. Una botella de vodka, casi vacía, descansaba en su escritorio. Sus ojos seguían clavados en el teléfono, su rostro reflejaba más frustración que otra cosa.Era un desastre andante.—Rainer —mi voz salió suave, dulce, como siempre hacía cuando quería conseguir algo—. Hoy tengo que salir. Necesito ir a...No terminé la frase. El vaso voló por su despacho, estrellándose c
~Narrador omnisciente~Artem estaba en su oficina, atendiendo una llamada tras otra, cada vez más irritado. Alaric permanecía en un sofá en la esquina, un vaso de licor entre los dedos, observándolo moverse de un lado a otro como una bestia acorralada.—¡Maldición! —rugió Artem, golpeando el mueble con el puño.Alaric alzó una ceja, impasible.—Esta mierda no termina. Es como si no tuviera fin. Me tienen hasta el cuello.—¿Y ahora qué? —preguntó Alaric, sacando su móvil para leer un mensaje de su esposa preguntándole a qué hora volvería a la mansión.—Maksim se enteró. Vendrá a Alemania personalmente para encargarse de esto —respondió Artem, dirigiéndose a la licorera. Se sirvió el trago más fuerte que encontró y bebió sin pausa—. Si él decide matarla, no habrá nada que pueda hacer.—No es tu culpa. Solo estás cumpliendo con tu deber —respondió Alaric, tecleando rápido una respuesta a su esposa—. La familia y el negocio siempre terminan mezclándose.Artem soltó una risa amarga.—Lo sé
POV: Annika Klein Al despertar, todo me daba vueltas. El olor penetrante a antiséptico me revolvió el estómago, y por un instante, creí que iba a vomitar. Lo primero que vi fue mi vientre. Ahí estaba. Seguía ahí. Mis hijos seguían dentro de mí, y ese era el mayor alivio de todos. Mis bebés.Parpadeé, mareada, y fijé la vista en el techo que parecía girar lentamente sobre mi cabeza. Cerré los ojos con fuerza, respiré hondo y llevé la mano a mi barriga, acariciándola con lentitud, buscando calmarme, darme fuerzas. Me engañaría si dijera que no sentía miedo. Lo tenía. Pero también había un atisbo de alivio, por lo que Loti me había dicho antes...—¿Mejor?La voz me hizo dar un respingo. Abrí los ojos de golpe y giré la cabeza hacia donde provenía, quedándome de piedra al verla allí, sentada en la esquina de la sala, con las piernas abiertas y una pose despreocupada, casi masculina. Tenía las manos entrelazadas detrás de la cabeza y me observaba con atención. Llevaba puestos unos pantalo
POV: Alaric Kaiser El llanto de los gemelos retumbó en mis oídos antes de que pudiera disfrutar siquiera un minuto más de paz. Me estiré en la cama con un suspiro, sintiendo el tirón en mis músculos adoloridos. Liebling estaba en la ducha desde hacía un rato, y aunque parte de mí quiso esperar a que ella saliera para que se encargara, sabía que no era justo. —Vamos, puedo con esto —murmuré para mí mismo, levantándome.Entré a la habitación de los bebés, donde Emil y Friedrich ya estaban al borde de un berrinche monumental. Sus pequeñas caras rojas y sus pataleos me dejaron claro que no tenía opción.—¿Qué pasa, chicos? ¿Otra vez pañales?El olor me golpeó antes de que terminara la pregunta. Genial.Me acerqué primero a Emil, que agitaba sus bracitos desesperadamente. Lo levanté con cuidado y lo llevé al cambiador.—Tranquilo, campeón. Papá lo arregla.Desabroché el pijama, rogando que no fuera tan malo como imaginaba. Claro que lo era. Apenas abrí el pañal, me arrepentí de haber res
POV: Lothar Weber Esto no me lo esperaba. Solo salí a buscar algo de comer para Nika antes de que despertara, pero jamás imaginé que, en ese corto lapso, varios autos me rodearían de regreso. Me apuntaron con armas y me obligaron a subir con ellos. Sin explicaciones. Sin rodeos. Solo una orden seca, directa.Y supe al instante de dónde venían y con qué intención.Lo único que me inquietaba era que Nika se quedaría angustiada al notar mi ausencia. En su estado, dadas las circunstancias en las que estamos, podría pensar lo peor.El auto que me llevaba se detuvo casi media hora después. El trayecto fue una tortura. Artem dijo que hablaría con su abuelo, quien ya debe de haber llegado a la ciudad. Pero… ¿y si me han secuestrado para arrebatármela?No. Dudaba que Lena lo permitiera, pero los rusos eran muchos, al menos el triple de los hombres de Z. No podía confiar en nada ni en nadie.Me empujaron fuera del auto con brusquedad. Los tipos hablaban entre ellos en ruso, un idioma que no en