POV: Annika Klein —Lothar —mi tono se endureció cuando lo sujeté de la manga de su sudadera—. No vayas.Se detuvo de inmediato y me miró. Sabía a lo que me refería. Quería evitar que asistiera a esas peleas clandestinas en las que solía participar. Después de lo que vi aquella vez, el miedo de que le pasara algo no me dejaba tranquila. Por muy bueno que fuera, siempre existía el riesgo de que algo saliera mal.—¿Por qué? —preguntó con calma.—¿Cómo que por qué? —insistí—. No tienes que hacerlo. Ese lugar es horrible, Loti. No me gusta que estés metido en eso.No quería prohibirle nada. Apenas llevábamos una semana juntos, y lo último que deseaba era que sintiera que lo asfixiaba.—Es necesario —respondió tras observarme por unos segundos.—Yo no le veo lo necesario —tomé su mano, intentando persuadirlo—. Además, sabes que Rainer suele ir a esos lugares. ¿Y si te lo encuentras?—No me importa.—Pero a mí sí —lo abracé, rodeando su cintura—. Me asusta lo que pueda pasar. No quiero que
POV: Lothar Weber —¿Cuándo podré ir a verte? —preguntó Dorothea cuando ya iba de salida—. Nunca he podido ir a tu casa… Así que, mi regalo de cumpleaños será ese, ¿sí? Que me dejes ir.Mis ojos se desviaron más allá de ella, enfocándose en Artem, que estaba sentado en uno de los sofás del vestíbulo, observándonos con evidente recelo. No podía decirle que no, pero tampoco era tan sencillo aceptar su petición de inmediato. Ahora que Nika vivía conmigo y esperaba a mi hijo, la situación era más delicada. No había mencionado nada en el almuerzo de hoy, sobre todo porque Artem y Alaric detestaban a Rainer con cada fibra de su ser. Lo último que necesitaba era que Nika se sintiera incómoda o, peor aún, expuesta ante ellos.Aun así, terminé asintiendo. Dorothea soltó una exclamación de júbilo y se lanzó a abrazarme con emoción. Su esposo me fulminó con la mirada, como si el simple contacto físico con ella fuera una afrenta. Era un enfermo sin remedio.Me di media vuelta y salí, calculando m
POV: Annika Klein Lothar me dejó hecha trizas. Moverme de la cama en ese momento parecía un desafío descomunal. Ni loca intentaría poner un pie en el suelo; si lo hacía, seguro terminaría besando el piso.A mi lado, él descansaba desnudo, viéndose renovado y satisfecho, mientras yo apenas podía recomponerme. ¿Era justo? No, en absoluto.—¿Estás bien? —me atrajo contra su pecho y besó mi frente—. No me culpes, esta vez fue tu culpa.Y tenía razón. Lo había querido tanto como él, pero en mi desesperación pedí más, mucho más. Quise que me llevara al límite, que me follara hasta dejarme sin aliento, y lo hizo. —Me duele todo —solté en un murmullo débil—. Cuatro fue demasiado.—Si realmente lo fuera, no habrías terminado viniéndote esas cuatro veces —replicó y mi cara ardió enseguida—. La víctima aquí soy yo, fuiste tú quien se me lanzó encima.—Te veías demasiado tentador —me excusé, escondiendo el rostro contra su pecho—. Así que, en parte, también es tu culpa.Loti se rió y deslizó la
[...] POV: Annika Klein El sol ardía con más fuerza que nunca. Justo cuando me disponía a darle mantenimiento al jardín, su resplandor caía implacable sobre la tierra, como si hubiese esperado ese preciso instante para brillar con todo su esplendor.Corté algunas ramas secas y retiré las hojas amarillentas de mis flores, esas que había estado cuidando con esmero los últimos días. Al observar a mi alrededor, una leve satisfacción me invadió. Estaban floreciendo hermosamente. Ya no había escombros, ni maleza, ni rastros de lo que alguna vez fue un lugar abandonado. La mansión, que antes parecía embrujada, empezaba a respirar vida.Era evidente que faltaba una mano femenina en todo aquello.Me enderecé con un quejido, llevando las manos a mi panza para aliviar la punzada que recorría mi espalda. La barriga crecía con cada día que pasaba y aún me costaba acostumbrarme a ver mi abdomen plano transformarse con tanta rapidez.Tenía cuatro meses y medio de embarazo, aunque parecía de mucho
°°°—Mañana es el día de la visita familiar —murmuró Loti cuando ya empezaba a quedarme dormida. Abrí los ojos de inmediato—. ¿Lo recuerdas?—Sí... —susurré.El tiempo había pasado demasiado rápido. Apenas tres meses atrás, Loti me había mencionado que su sobrina vendría a la mansión por su cumpleaños. Al principio no me gustó la idea, pero nunca se lo dije. No tenía derecho a quejarme ni a negarme. Era su familia. Que yo prefiriera mantenerme oculta del mundo no significaba que él tuviera que hacerlo también.—Se suponía que solo vendría ella, pero... —suspiró con resignación—. A última hora pidió que la acompañaran los demás. Su amiga, su esposo y, bueno, sus padres. No pude decirle que no. Después de todo, es su cumpleaños.—Lo entiendo.—Ey... —me tomó del mentón, obligándome a mirarlo—. Si no quieres estar presente, está bien. Pero yo... —su mirada vaciló— he pensado en presentarte ante ellos. Aún no les he contado que estás aquí, que llevas a mis hijos en tu vientre. No tienen i
POV: Lothar Weber Apenas volví al subterráneo con la caja de herramientas que había ido a buscar al sótano, lo supe de inmediato.Nika estaba aquí.El aroma dulce que siempre desprendía flotaba en el aire, mezclado con la podredumbre y la humedad de aquel lugar. Una fragancia fuera de lugar, demasiado pura para impregnarse en esas paredes cubiertas de moho.Mis pasos se aceleraron, duros y decididos, mientras el enojo y la preocupación se enredaban en mi pecho, trepándose a mi espalda con cada segundo que pasaba. ¿Cuántas veces le había advertido que no debía bajar aquí? ¿Qué parte de nunca más no había entendido?La encontré junto a las celdas, agachada con la cabeza inclinada hacia el suelo. Al enderezarse, la luz amarillenta que colgaba del techo cayó sobre su figura, dejando a la vista la tela fina de su pijama de dormir. Ese maldito vestido transparente que apenas cubría lo necesario.La rabia me hirvió en las venas.—Annika.Su cuerpo se tensó con un respingo y se giró con los
Loti dormía a mi lado, tranquilo, con la respiración pausada y regular. Algunos mechones rebeldes caían sobre su frente, dándole un aire aún más sereno. Lo observé en silencio, preguntándome si esto que teníamos realmente duraría.No había pegado ojo en toda la noche, dándole vueltas a ese anillo en el subterráneo. Actué normal con él, como siempre, pero la duda se hacía más pesada con cada minuto. Por un instante, estuve a punto de preguntarle anoche, cuando estábamos juntos en la bañera, pero temí arruinar lo nuestro. Si el anillo de mi padre estaba en ese lugar prohibido, ese donde solo se... asesinaba gente, significaba que él había sido torturado ahí. Que también lo habían matado ahí.No me dolía su muerte. Nunca se ganó mi cariño. Fue un hombre cruel, sanguinario, que nos humilló y maltrató sin remordimientos. Pero mi madre... ¿ella también estuvo en ese lugar? ¿También sufrió a manos de él?Ella solo fue una víctima. Estaba atrapada en un matrimonio que no quiso, vendida como s
Apreté con fuerza el barandal de la escalera, conteniendo la respiración mientras todos se saludaban con una familiaridad que me resultaba ajena y perturbadora. Retrocedí un paso en un intento desesperado por dar media vuelta, encerrarme en la habitación y no volver a salir jamás, pero su mirada fue la primera en encontrarme.Ojos azulados, fríos y mordaces capturaron los míos con precisión. Me recorrió con la vista de pies a cabeza, sin prisa, como si estuviera evaluando la mercancía en un mercado de segunda mano. Luego frunció el ceño y arqueó una ceja con evidente desdén.—Tu cueva está infestada de ratones —soltó, con un tono ácido, señalándome con la barbilla.El silencio que siguió fue absoluto. Todas las miradas convergieron en mí con sincronización. Me congelé en mi sitio, sintiendo cómo la sangre dejaba de circular en mis venas.Los ojos de Alaric me recorrieron con una chispa de reconocimiento. Aisling parecía tan aturdida como yo. Y Dorothea... bueno, su expresión hablaba p