POV: Annika Klein Lothar me dejó hecha trizas. Moverme de la cama en ese momento parecía un desafío descomunal. Ni loca intentaría poner un pie en el suelo; si lo hacía, seguro terminaría besando el piso.A mi lado, él descansaba desnudo, viéndose renovado y satisfecho, mientras yo apenas podía recomponerme. ¿Era justo? No, en absoluto.—¿Estás bien? —me atrajo contra su pecho y besó mi frente—. No me culpes, esta vez fue tu culpa.Y tenía razón. Lo había querido tanto como él, pero en mi desesperación pedí más, mucho más. Quise que me llevara al límite, que me follara hasta dejarme sin aliento, y lo hizo. —Me duele todo —solté en un murmullo débil—. Cuatro fue demasiado.—Si realmente lo fuera, no habrías terminado viniéndote esas cuatro veces —replicó y mi cara ardió enseguida—. La víctima aquí soy yo, fuiste tú quien se me lanzó encima.—Te veías demasiado tentador —me excusé, escondiendo el rostro contra su pecho—. Así que, en parte, también es tu culpa.Loti se rió y deslizó la
[...] POV: Annika Klein El sol ardía con más fuerza que nunca. Justo cuando me disponía a darle mantenimiento al jardín, su resplandor caía implacable sobre la tierra, como si hubiese esperado ese preciso instante para brillar con todo su esplendor.Corté algunas ramas secas y retiré las hojas amarillentas de mis flores, esas que había estado cuidando con esmero los últimos días. Al observar a mi alrededor, una leve satisfacción me invadió. Estaban floreciendo hermosamente. Ya no había escombros, ni maleza, ni rastros de lo que alguna vez fue un lugar abandonado. La mansión, que antes parecía embrujada, empezaba a respirar vida.Era evidente que faltaba una mano femenina en todo aquello.Me enderecé con un quejido, llevando las manos a mi panza para aliviar la punzada que recorría mi espalda. La barriga crecía con cada día que pasaba y aún me costaba acostumbrarme a ver mi abdomen plano transformarse con tanta rapidez.Tenía cuatro meses y medio de embarazo, aunque parecía de mucho
°°°—Mañana es el día de la visita familiar —murmuró Loti cuando ya empezaba a quedarme dormida. Abrí los ojos de inmediato—. ¿Lo recuerdas?—Sí... —susurré.El tiempo había pasado demasiado rápido. Apenas tres meses atrás, Loti me había mencionado que su sobrina vendría a la mansión por su cumpleaños. Al principio no me gustó la idea, pero nunca se lo dije. No tenía derecho a quejarme ni a negarme. Era su familia. Que yo prefiriera mantenerme oculta del mundo no significaba que él tuviera que hacerlo también.—Se suponía que solo vendría ella, pero... —suspiró con resignación—. A última hora pidió que la acompañaran los demás. Su amiga, su esposo y, bueno, sus padres. No pude decirle que no. Después de todo, es su cumpleaños.—Lo entiendo.—Ey... —me tomó del mentón, obligándome a mirarlo—. Si no quieres estar presente, está bien. Pero yo... —su mirada vaciló— he pensado en presentarte ante ellos. Aún no les he contado que estás aquí, que llevas a mis hijos en tu vientre. No tienen i
POV: Lothar Weber Apenas volví al subterráneo con la caja de herramientas que había ido a buscar al sótano, lo supe de inmediato.Nika estaba aquí.El aroma dulce que siempre desprendía flotaba en el aire, mezclado con la podredumbre y la humedad de aquel lugar. Una fragancia fuera de lugar, demasiado pura para impregnarse en esas paredes cubiertas de moho.Mis pasos se aceleraron, duros y decididos, mientras el enojo y la preocupación se enredaban en mi pecho, trepándose a mi espalda con cada segundo que pasaba. ¿Cuántas veces le había advertido que no debía bajar aquí? ¿Qué parte de nunca más no había entendido?La encontré junto a las celdas, agachada con la cabeza inclinada hacia el suelo. Al enderezarse, la luz amarillenta que colgaba del techo cayó sobre su figura, dejando a la vista la tela fina de su pijama de dormir. Ese maldito vestido transparente que apenas cubría lo necesario.La rabia me hirvió en las venas.—Annika.Su cuerpo se tensó con un respingo y se giró con los
Loti dormía a mi lado, tranquilo, con la respiración pausada y regular. Algunos mechones rebeldes caían sobre su frente, dándole un aire aún más sereno. Lo observé en silencio, preguntándome si esto que teníamos realmente duraría.No había pegado ojo en toda la noche, dándole vueltas a ese anillo en el subterráneo. Actué normal con él, como siempre, pero la duda se hacía más pesada con cada minuto. Por un instante, estuve a punto de preguntarle anoche, cuando estábamos juntos en la bañera, pero temí arruinar lo nuestro. Si el anillo de mi padre estaba en ese lugar prohibido, ese donde solo se... asesinaba gente, significaba que él había sido torturado ahí. Que también lo habían matado ahí.No me dolía su muerte. Nunca se ganó mi cariño. Fue un hombre cruel, sanguinario, que nos humilló y maltrató sin remordimientos. Pero mi madre... ¿ella también estuvo en ese lugar? ¿También sufrió a manos de él?Ella solo fue una víctima. Estaba atrapada en un matrimonio que no quiso, vendida como s
Apreté con fuerza el barandal de la escalera, conteniendo la respiración mientras todos se saludaban con una familiaridad que me resultaba ajena y perturbadora. Retrocedí un paso en un intento desesperado por dar media vuelta, encerrarme en la habitación y no volver a salir jamás, pero su mirada fue la primera en encontrarme.Ojos azulados, fríos y mordaces capturaron los míos con precisión. Me recorrió con la vista de pies a cabeza, sin prisa, como si estuviera evaluando la mercancía en un mercado de segunda mano. Luego frunció el ceño y arqueó una ceja con evidente desdén.—Tu cueva está infestada de ratones —soltó, con un tono ácido, señalándome con la barbilla.El silencio que siguió fue absoluto. Todas las miradas convergieron en mí con sincronización. Me congelé en mi sitio, sintiendo cómo la sangre dejaba de circular en mis venas.Los ojos de Alaric me recorrieron con una chispa de reconocimiento. Aisling parecía tan aturdida como yo. Y Dorothea... bueno, su expresión hablaba p
Sabía exactamente lo que estaba ocurriendo sin necesidad de darme la vuelta. Lo presentía desde antes, incluso antes de esta reunión familiar. Este era el maldito momento que pensé que jamás llegaría, porque me sentía segura. Pero me equivoqué.—¿Qué demonios sucede, Artem? —Escuché a mis espaldas el chirrido de varias sillas al moverse bruscamente—. ¿Por qué tienes esa cara? ¿Qué pasó?Un temblor incontrolable recorrió mi cuerpo. Solo pude aferrar mis manos a mi vientre, intentando mantenerme calmada. El pánico amenazaba con consumir cada fibra de mi ser, pero debía controlarme. Mis bebés… ellos eran lo más importante. Tenía que hacerlo por ellos.—Esto tiene que ser una puta broma de mal gusto, ¿no? —La voz furiosa del ruso me heló la sangre. Me castañearon los dientes de miedo—. Necesito una explicación ahora mismo antes de que mi pistola resuelva toda esta mierda.—No te permito hacer semejante escándalo en mi casa, y mucho menos en un día como este. ¿Qué cojones te pasa? —Lothar
Venecia, Italia ~Monasterio de Santa Maria delle Vergini~—Señor Todopoderoso,Tú que ves más allá de la carne y del linaje,guarda mi alma, que no lleva culpa,aunque mi sangre cargue con sombras ajenas...Annika dejó que las palabras flotaran en el aire, desgastadas por la repetición. Ya no le parecían suyas, ni siquiera creía que atravesaran el techo de la capilla. Había recitado aquella oración tantas veces en secreto que su significado se había desvanecido. ¿Acaso alguien la escuchaba? Tal vez no lo merecía. Después de todo, no era una monja devota como las demás.—Sorella Annika.La voz, suave y afectuosa, la sobresaltó. Se puso de pie de inmediato, dejando su posición arrodillada.—¿Qué haces aquí a esta hora? —preguntó la Vicaria, mirándola con curiosidad.Annika bajó la mirada, sus manos unidas frente a ella.—Estaba... orando —respondió en voz baja, con cierto titubeo.La Vicaria se acercó y, con un gesto delicado, levantó su mentón hasta encontrar sus ojos castaños.—Eso e