Debo reconocer que estoy nerviosa, y un poco más que cuando estaba presenciando esa conversación un poco tensa y familiar con la abuela de Oliver. Admito que me abrumó escuchar algunas de las cosas que se dijeron. Me hace corroborar lo que he estado pensando sobre que Oliver no lo ha pasado nada bien como yo, aunque no puedo decir que mis traumas se comparan con los suyos porque no provienen de mi niñez, a diferencia suya tengo una familia viva y ya era grande, en cambio él no tenía ninguna y era un niño.
Su mano apretando la mía con fuerza me recuerdan que ahora es un hombre, su fragilidad ya no se ve por fuera, pero debe llevarla por dentro. Le miro de reojo y luce sereno y decidido, una expresión característica de él.
Mi pecho se acelera a medida que nos acercamos, y los sonidos de risas comedidas, voces y copas se hacen cada vez más evidentes.
―¿Nerviosa?
―Creo que lo estaba desde antes ―respondo sin darle importancia.
Debe entender que es
Oliver no debería decir esas cosas tan a la ligera y su abuela tampoco darle cuerda. Aunque se nota que ella hace lo mejor por congraciarse con él, sin embargo, no como una aduladora y sí como algo más cómplice. Una parte de mí flipa con ideas como esas que no se me pasaban por la cabeza hace mucho tiempo. Tal vez porque al final la gente te empuja tanto que terminas por resignarte, pero luego ocurre eso y aparece alguien que vuelve a empujarte, pero de la forma contraria. No para seguir hundiéndote sino para mostrar que aun puedes flotar hasta la superficie. No dice nada más y solo da la vuelta jalando mi mano, pero al hacerlo, la molestia por llevar zapatos más pequeños por fin resalta. ―¿Te pasa algo? ―Creo que son las sandalias ―respondo con la incomodidad, y solo espero que no me haga ampollas. ―¿Qué pasa con ellas? ―¿Qué crees? ―murmuro―, me molestan porque son una talla más pequeña. ―¿No atiné con la talla? ―aduce dubitativo haciendo que yo haga una mueca sarcástica―. ¿Po
Oliver Si no hubiera sido porque Allegra se asustó con el abordaje del policía de caminos y retrocedió con su idea, lo habría mandado al carajo porque cada vez disfruto más con lo desenvuelta y atrevida que ahora es. Lejos de disgustarme todo ello, me encanta. Es como si por primera vez estuviera disfrutando de las particularidades de tener una relación cercana, aunque a estas alturas, estoy convencido que sobra decirlo, además que siento que somos únicos. La realidad es que en el fondo se siente como haber encontrado la horma de mis zapatos, y quedármela calzada para siempre. ―No crees que eres demasiado engreído al decir esas cosas. ―¿Entonces es mentira que quieres estar conmigo? ―expongo y ella enseria su rostro―, estoy seguro que si no hubiera aparecido ese policía, me habrías cogido en el auto. ―¡Oye! ―exclama mostrándose espantada. Me causa diversión, mientras ella se muestra furibunda. Cr
Oliver No había pensado traerla aquí, es más, ni siquiera había considerado que apareciera una chica como ella, y que pudiera tratar con naturalidad. Después ha sido más como una loca idea, y la realidad es que he determinado mostrarle de forma abierta y sin sombras, lo que me gusta. Recuerdo haberla escuchado afirmando que me gustaba lo inmoral por lo que vio, y ahora henos aquí parados juntos, frente a esa misma puerta. Pocas personas llegan a calarme como para forjar una amistad. Muy escasas y la mayoría son hombres. Allegra ahora es la más importante de todos ellos. Saco la llave y abro la puerta. Me gusta que no parezca asombrada y se sienta a gusto conmigo, aunque sería difícil pensar que no lo está después de la forma tan abierta y desinhibida de como interactuamos. En mi caso jamás estaría tan unido a alguien que no me gusta. ―¿Dónde está todo? ―pregunta, resaltando su voz por encima de mis pensamien
Todavía no se me quita la vergüenza por haberlo hecho en la ventana; pero tengo que admitir que nadie me había impulsado a hacer tantas cosas impropias y llenas de adrenalina como Oliver, y que me gustaran sin ningún remordimiento. Tal vez es porque ambos estamos en el mismo nivel, y solo ahora experimentamos estas situaciones que habrían sucedido en el tiempo correcto. Se que es una locura, pero siento como si ahora estuviera viviendo en una verdadera relación, donde no solo puedes compartir y volverte cómplice con el otro, sino que también puedes confiar en él. Oliver me mira con gesto interrogante. ―¿No te gusta lo que ordenaste? ―pregunta recordándome que exigí ser quien decidiera que comer en la cena. Sonrío y tomo un pincho con carne para meterlo en la salsa de queso. Lo como de inmediato y me relamo los labios mostrándole que me encanta. Sonríe. Luego de alejarnos de la ventana y recomponernos, me dispuse a pedir la comida a u
Volvemos a seguir comiendo hasta que quedo a gusto y él parece que también, y lo siguiente que hacemos es recoger los desechables y dejar la mesa limpia. Oliver toma mi mano cuando terminamos y me lleva a una de las tres habitaciones. Desde que llegamos solo hemos estado en la sala y en la cocina para comer la cena. Aún no he visto lo demás. Nos ponemos frente a ella y cuando creí que vería todos esos instrumentos otra vez, solo me encuentro una habitación espaciosa con una cama grande que ocupa todo el centro. ―Pensé que me mostrarías... eso. ―¿Ansiosa? ―pregunta ladino y yo le palmeo el brazo―. Iremos allí después, ahora quiero que veas nuestra habitación. ―¿¡Nuestra!? Mis ojos se abren on esa declaración. ―Así es, dormiremos aquí juntos ―responde. Voy a decir algo, pero me contengo cuando veo que va hasta la sala, recoge mi bolso, su saco y la corbata y vuelve. Me lo entrega y seguido guarda su ropa en el closet. Después se
Oliver Palmeo a mi lado en busca de Allegra, pero no está. Me incorporo para ver su silueta sentada mirando hacia la ventana, abrazando sus rodillas. ―Que sucede, ¿no puedes dormir? ―pregunto sentándome a su lado, luego de encender la luz. Ella asiente. Reparo en la desnudez de su torso, en sus senos pequeños y firmes tapados con sus rodillas. En su piel nívea y suave bajo mi tacto. Lleva el cabello suelto, es negro y largo, le cae todo en la espalda. Se le ve frágil y hermosa. ―Lo siento, no quería despertarte, aun es de madrugada ―murmura. Me pregunto desde que horas está levantada, contando con que nos quedamos dormidos, después de hacerlo dos veces. ―Estás así por haberte comido todas esas galletas ―le bromeo al tiempo que agarro mi reloj de mano de la mesa para revisar la hora. Ella fuerza una mueca de sonrisa mientras lo vuelvo a dejar allí luego de mirar que son las cuatro de la mañana, y ahora tampoco t
Oliver Ella vuelve a afianzar su agarre, la calidez de su piel y sus pechos con los pezones rígidos punzando en mi piel, me enloquecen. La tomo de los muslos y la impulso hacia arriba. Ella se amarra a mis caderas con sus piernas. Doy la vuelta y la apoyo contra la pared para tantear y buscar el interruptor de la habitación, mientras se refriega sobre mí con fuerza. Presiono el de arriba que solo enciende los ojos de buey, que da una luz opaca. Su excitación se desenfrena y empieza a bajar mis calzoncillos, pero la detengo. ―Espera, tenemos que hacerlo más lento y tortuoso para que te deje con ganas de dormir otra vez. ―Allegra me mira algo abochornada, pero se lo toma a bien. La bajo dejándola de pie otra vez―, solo aguarda un poco ―añado dándole una fuerte palmada en el trasero espantándola. Se voltea a mirarme de reojo gruñendo, y cuando vuelve su vista al frente se queda perpleja con lo que ve de primera mano. ―Por esto fu
Creo que he dormido demasiado, y por cómo se ve iluminado adentro y afuera de la ventana, debe ser bastante tarde. «Pero es domingo», me digo volviendo a enroscarme con la sábana. Oliver no está en la cama, por lo que debe andar afuera. ¿O se habrá ido? No lo creo. Sonrío un poco avergonzada recordando lo que pasó en la madrugada. Fue intenso, pero no me disgustó para nada. Además, que Oliver, a su modo, sabe cómo hacerte disfrutar. ¡Cielos! Aun no quiero pensar que me estoy acostumbrando a esto…, o a… él. La puerta se abre en medio de esta diatriba de pensamientos, e indudablemente es él. Trae una bandeja y la coloca junto a mí. ―¿Qué? ―pregunta algo gruñón cuando me le quedo mirando. Tal vez es por mi expresión de sorpresa. ―¿Me estás consintiendo? ―Digamos que soy un amable caballero. ―En ese caso, gracias por traerme café, caballero ―digo y él sonríe negando con su cabeza. <