Con Federico fuera de todo peligro, el pudo regresar a la casa, siempre cumpliendo a rajatabla la indicación de los médicos.Se acostó apenas llegó y después que los sirvientes dejaron la cena, todo preparado en la habitación y se fueron, Lizzy le dio de comer en la boca.— Elizabeth, puedo comer solo, ya estoy bien, el médico sólo me recomendó descanso y tranquilidad, pero puedo seguir mi vida normalmente.Ella arqueó una ceja y asintió de mala gana.— Está bien, toma un poco de agua y ya está.Él sonrió y obedeció.Jamás lo habían cuidado así y se sentía afortunado y satisfecho por tenerla. Elizabeth se había sentado a comer su cena, ensimismada en esa tarea, no podía percibir la adoración con la que él la miraba.Lo dicho: el cazador cazado.Cuando la joven terminó con su cena, él le pidió que se acostara a su lado —Ven por favor pequeña, te necesito.Ella se desvistió y se puso un camisolín corto de satén blanco con encaje, se soltó su oscuro y largo cabello, remarcando esa belleza
En los sucesivos días, se dedicaron a disfrutar el tiempo que les restaba en la finca. Eventualmente, volvieron a las cabalgatas y natación en la piscina climatizada que tenía el lugar, sin esforzar la salud de Federico.El hombre casi enloquece cuando vio a su esposa con su diminuta bikini. Se acercó a ella y la besó acariciándola con desesperación, tenía que hacer un esfuerzo sobre humano para no poseerla allí mismo.La llevó hasta una reposera grande y se puso a su lado, frente a ella.Empezó a tocarla tal cual a ella le gustaba mientras la joven se abandonaba ante las habilidosas y experimentadas caricias de él, porque extrañaba muchísimo disfrutar todo eso con su esposo.— Estás toda mojada — dijo sonriendo, acariciándole su vulva sobre la tela, acrecentándole el deseo a la joven.Ella sonrió tontamente. ¿Cuándo ese hombre le haría de una vez el amor? Se preguntó, con frustración y un poco de enojo. Él se apartó y le dijo con total naturalidad — ¿Merendamos? ¡Mira todo lo que Me
Elizabeth había elegido un vestido verde ajustado que realzaba su silueta y unos zapatos de tacón que estilaban su figura. Apenas usaba maquillaje, pues no lo necesitaba; solo recogió su cabello negro en un moño impecable antes de salir.Cuando el chófer la vio por primera vez, quedó momentáneamente sin palabras. Había visto su foto en la revista, pero la imagen no le hacía justicia. En persona, la señora Alvear era sencillamente deslumbrante.—Vamos a River Oaks Boulevard, al este de la ciudad —dijo Elizabeth con entusiasmo.El chófer asintió con respeto.—Sí, señora. El señor ya me indicó el destino.Elizabeth esbozó una leve sonrisa.—Oh, está bien.Divertida, pensó: Le es imposible no querer controlarlo todo.Lo que su tío no le había dicho era que Victoria había invitado a varios amigos a la cena, entre ellos a los Mendoza. Sería una sorpresa.Por su parte, Elizabeth nunca mencionó que su esposo estaría ausente; lo excusaría cuando llegara.Cuando el auto se detuvo, bajó casi corr
Federico no era de los que pedían perdón, y no lo haría ahora. Estaba furioso con Pablo, no solo por atreverse a tocar a su mujer, sino también porque durante toda la cena lo había observado con desafío. Lo que más le molestaba, sin embargo, era que Elizabeth nunca le había dejado claro a Pablo que no estaría con él porque lo amaba, sino solo porque era su esposo. Eso lo dejaba vulnerable ante su rival, y lo sabía.Miró al frente, apretando la mandíbula.—¿Qué quieres, Elizabeth? —preguntó, con su voz cargada de tensión.Ella lo miró desconcertada, como si estuviera atrapada en una montaña rusa emocional. ¿Qué iba a decirle? La verdad sobre lo que sentía por él... No iba a hacer el ridículo diciendo eso ahora. Esa noche, Federico le había demostrado que no era más que un objeto de su capricho. Cerró los ojos y suspiró.— Estuve a tu lado mientras estuviste enfermo. Te he dado todo lo que me has pedido, y ahora me preguntas ¿que es lo que quiero?Federico sintió que la coherencia se le
Elizabeth se levantó y se miró en el espejo. Por alguna razón, se sentía distinta, como si su aura hubiera cambiado. ¿O sería solo su imaginación?Se dio un baño, eligió ropa cómoda y bajó a la cocina. Podría haber pedido que le llevaran el desayuno a su habitación, pero prefirió sentarse a comer abajo.Lupe ya la esperaba con la mesa servida.—Oh, Rose —le dijo a la ama de llaves con tono casual—, estoy con el periodo irregular. ¿Podrían cambiar las sábanas? Se mancharon un poco.Rosita, que ya llevaba años en la casa, se apresuró a responder con naturalidad:—Descuide, señora. El señor nunca usa las sábanas dos veces. Aquí se cambian todos los días.Elizabeth arqueó una ceja.—Ya veo…Su esposo era bastante meticuloso. Ahora que lo pensaba, en la finca también pasaba lo mismo.Su celular vibró sobre la mesa. Era Federico.—¿Cómo amaneció la señora Alvear? —Su tono era divertido.Elizabeth sonrió. Ese hombre era insufrible… adorable, pero insufrible.—Muy bien. ¿Y tú?Federico estaba
La chica rubia caminaba de un lado para el otro, sacudía su cabello y bufaba._En qué estabas pensando Pablo?? Qué pasó con el chico coherente, educado y correcto que siempre fuiste?El aludido estaba sentado en el sillón mientras se tomaba se agarraba la nuca con ambas manos.Lucía seguía con el sermón._te das cuenta que quizás nunca más pueda ver a mi amiga? - estaba furiosa._ La avergonzaste! te pusiste al mismo nivel que ese hombre! El joven se paró inmediatamente, sus ojos color avellana estaban estallados de furia._No soy como él! jamás me compares! _entonces no hagas lo mismo!El se dió vuelta y la miró extrañado._Cuando la obligué a casarse conmigo? cuando la extorsioné para que estuviera conmigo? ...hizo un gesto de desesperación. _la amo, Lucía.. Ella tocó su hombro._no la obligaste a nada, pero anoche te comportaste mal, ella trataba de explicarte, de hacerte entender que tiene un esposo, como sea pero lo tiene. Y después peleándose entre ustedes como si ella fuera u
La doctora Germana Duran recibió a Elizabeth con una gran sonrisa. Era una hermosa y elegante mujer de unos 50 años quien por su actitud parecía conocerla._Hola Elizabeth, soy Germana! como estás?Elizabeth nunca había ido a un ginecólogo, porque como no había tenido relaciones no consideraba que era necesario, así que estaba algo nerviosa pero la actitud de la doctora hizo que se relajara. _cuéntame, como te gusta que te digan? _ohh, todos me llaman Lizy o Liz.._ajamm.. y como te dice Federico? -había una sonrisa cómplice Lizy se quedó sorprendida no esperaba que la doctora preguntara sobre él. _el solo me dice Elizabeth._oh. ese chico sigue tan estructurado como siempre! Ella ya se sintió en libertad para preguntar. _lo conoce?_claro que sí, su padre y yo tuvimos una relación de varios años, así que tenido la oportunidad de compartir tiempo con él y aunque es algo distante, nos llevamos muy bien. No te contó?En realidad su marido no contaba nada, era una caja de sorpresas
_Buenas noches señor- dijo Rosa mientras recibía el maletín para llevarlo al estudio.Federico miraba para todos lados _la señora no llegó?_no aun no, señor_Pero si el chófer está afuera!! Tensó la mandíbula y apretó los dientes. Rosa conocía muy bien la furia del señorito._me dijo Ramón que la señora le pidió que regrese que ella volvía en un taxi. Salió enfurecido dando un golpe estrepitoso con la puerta. Rosa se asustó mucho y rogó que la señora no sufriera las consecuencias del enojo.La empezó a llamar y ella no contestaba.Agarró a Ramón de la camisa._donde dejaste a mi esposa.? maldita sea te dije que no la dejaras sola!El hombre no entendía nada estaba aterrado._señor..es que la señora me dijo.. _el que manda aquí soy yo!!_donde la dejaste?_se quedó en la farmacia y me dijo que me fuera que ahí cerca vivía su amiga que la iría a visitar. La vista se le nubló._Dame la dirección de donde la dejaste.El chófer se la dió y salió quemando neumáticos. Mientras tanto