Rescatando a Madeline

Enzo.

La noticia de su escape me golpea como una maldita daga.

—¡¿Cómo diablos pasó esto?! —gruño, mirando a mis hombres con furia.

Los centinelas bajan la cabeza, temblorosos.

—Ella… ella fue rápida, Alfa. Se nos escapó antes de que pudiéramos reaccionar.

Aprieto los puños, sintiendo cómo la rabia se instala en mi pecho, pero junto con ella… algo más.

Un presentimiento oscuro.

Algo no está bien.

Un impulso primitivo me oprime el pecho, como si algo dentro de mí me exigiera que la encontrara. Que la protegiera.

Mi mandíbula se tensa.

¿Será la marca de la Luna?

No quiero aceptar la idea, pero cada célula de mi cuerpo me grita que ella está en peligro.

—Busquen su rastro —ordeno con voz cortante—. No la quiero fuera de mi vista ni un segundo más.

Me interno en el bosque, siguiendo su esencia. Es más fuerte de lo que imaginé, como si su presencia me llamara sin necesidad de verla.

Y entonces lo escucho.

Risas.

Carcajadas perversas que me provocan un escalofrío de furia.

Me acerco sigilos
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