Otro rostro

Madeline.

El silencio en esta habitación se siente asfixiante.

Mis pensamientos han sido un torbellino desde que hablé con Enzo. Sus palabras aún resuenan en mi cabeza, duras y filosas como una daga. Me obligó a ver la realidad de una forma en la que nunca antes lo había hecho. Me obligó a enfrentar el hecho de que aún estoy viva.

Pero algo no está bien.

Dorian entra a la habitación con su habitual expresión tranquila, aunque algo en su mirada me dice que está evaluando cada uno de mis movimientos.

—¿Cómo te sientes hoy? —pregunta con esa voz serena que me ha reconfortado más de una vez.

Lo miro con cautela antes de responder.

—Mejor. Lo suficiente como para hacer una pregunta —digo, manteniendo la voz firme—. Necesito un espejo.

Dorian se tensa, apenas un segundo, pero lo noto.

—No es el momento.

Frunzo el ceño.

—¿Por qué?

—Aún estamos realizando curaciones en tu rostro. Cuando estés completamente recuperada, podrás verte.

Mi estómago se revuelve. Esa no es una respuesta directa, es
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