Capítulo 28.

-Por supuesto, no voy a cancelar mi emparejamiento con mi amado príncipe Cole. - Dije con tono dulce esquivando otro puñetazo.

-Pero tu dijiste…

-Si, si, llórame un río. Una dama puede cambiar de opinión. Resulta que los encuentro a ambos muy atractivos y quiero que el reino lo sepa.

Yo no estaba interesada en el título, la posición o los privilegios, aunque no me quejaría de éstos. No, yo lo que quería era ver el mundo arder cuando Luna Isabella se enterara de que la para nada apta de mi persona ocupaba el puesto.

Cuando un nuevo rey subía al trono, era costumbre que nombrara una nueva Luna en cuanto encontrara a su pareja o cuando designara a alguna loba como su pareja. Mientras tanto, las responsabilidades del cargo recaían en la madre del rey o en el pariente femenino más cercano. Luego del nombramiento, la antigua Luna se retiraría de la vida política.

Todas las Lunas tienen una especie de “madrina”, “dama de honor”, “consejera”… o cualquier término estúpido que se les pudiera oc
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