Tatiana caminaba con paso firme por los pasillos del hospital, su taconeo resonando en el suelo de mármol. Cada paso que daba aumentaba la furia que ardía en su pecho. Su corazón latía con fuerza, no por amor, sino por una ira ciega que se mezclaba con la humillación.El hospital era silencioso a esa hora de la madrugada. Solo el zumbido de las luces fluorescentes y el murmullo distante de las enfermeras rompían la calma. Axel avanzó con pasos firmes, aunque cada uno le costara más de lo que admitiría.- Axel espera detente ahí no crees que me debes una explicacion - Le gritaba Tatiana mientras corria detras de el tratando de alcanzarlo . —No es momento, Tatiana —murmuró, frotándose la sien con cansancio.Ella soltó una risita.—¿Por qué no? Es un momento perfecto. Acabas de recibir una patada directo a tu ego de la mujer que ignoraste en el pasado . Axel al escucharla volteo a mirarla con frialdad . - Sabes como me sentí , tuve que enterarme por otra persona que habías tenido
El sonido monótono del monitor cardíaco llenaba la habitación en penumbras. Carolina yacía en la cama de hospital, sintiendo el peso de los días acumulándose en su pecho. Su cuerpo estaba débil, pero su mente inquieta. Había pasado horas mirando el techo, intentando no pensar en él. Sin embargo, la tentación fue más fuerte.Tomó su celular con manos temblorosas y abrió las redes sociales. Su respiración se cortó cuando, entre las noticias, apareció una foto de Axel junto a Tatiana quienes eran invadidos por la prensa en los pasillos del hospital . Su sonrisa deslumbrante, esa que tantas veces había visto de cerca, ahora iluminaba la imagen junto a Tatiana quien lo sostenía fuerte del brazo .El titular golpeó su alma como un puñal: “Axel Wom anuncia su boda con Tatiana su actual prometida ”.Carolina sintió que el aire le faltaba. Su corazón latía con una furia descontrolada, haciendo que el pitido del monitor se acelerara. No podía apartar la mirada de la pantalla. Leyó cada pala
POV : Axel Won El reloj marca las nueve y cuarenta y cinco de la noche. Afuera, la ciudad sigue latiendo con su ritmo impasible, indiferente a mi miseria. Aquí dentro, en mi oficina, solo queda el sonido del aire acondicionado con pereza y el eco de mis propios pensamientos. La luz amarilla de la lámpara ilumina los papeles desordenados sobre el escritorio, pero mis ojos no los ven. No puedo concentrarme. No puedo pensar en otra cosa que no sea ella. Debería estar concentrado en la reunión de mañana en la tarde, en los contratos que tengo que revisar, en el teléfono que vibra sobre el escritorio con mensajes de Tatiana , la mujer por la que lo dejé todo. Pero Titiana no es Carolina. Nunca lo será. En medio de mi agonia el teléfono vibra de nuevo . "Amor, ¿nos vemos para cenar? Te extraño." No respondo. No tengo ganas de verla. No tengo ganas de escuchar su voz dulce y predecible. Me levanto de la silla y camino hacia la ventana. La ciudad sigue ahí, con su vida indiferente
POV : Carolina LangfordMe desperté con la luz del sol colándose entre las cortinas. Parpadeé un par de veces, sintiendo aún el peso del sueño en mi cuerpo. Moví con cuidado la pierna derecha, aquella que más había sufrido tras el accidente. Un leve dolor me recorrió, pero nada comparado con lo que había sentido días atrás en el hospital. Respiré hondo. Estaba en casa, al fin.Me giré hacia la mesita de noche y tomé el teléfono. Casi instintivamente, revisé los mensajes. Había varios de amigos y familiares preguntando cómo me sentía, pero un nombre resaltó entre ellos: Henry . ."¿Cómo sigues? Pensé en pasar a verte. ¿Te viene bien?"Revisé la hora. Apenas las nueve de la mañana. Me mordí el labio. No esperaba visitas, pero con Henry era diferente. Siempre había sido cercano, siempre pendiente, aunque en la oficina intentara mantener la distancia profesional.Le respondí un rápido "Claro, cuando quieras" y me obligué a levantarme de la cama.—Caminé hasta la cocina con pasos lentos p
El silencio que quedó tras la salida de Eliot era denso, casi asfixiante. Carolina permaneció de pie en medio del salón, con el corazón desbocado y las manos temblorosas. Sus ojos recorrieron el desastre: la mesa corrida, los restos de café esparcidos por el suelo, y Henry aún de pie, con una mano sobre su mandíbula enrojecida.—Lo siento —murmuró ella, llevándose una mano a la frente—. No debió pasar esto.Henry soltó un suspiro largo antes de responder.—No es tu culpa, Carolina. Ese tipo tiene un problema de celos, y tarde o temprano iba a explotar.Ella negó con la cabeza, sintiendo una mezcla de culpa y agotamiento.—Aun así, no debería haber llegado a este punto. No es así como quería que… —Se interrumpió, incapaz de terminar la frase.Henry se acercó, con movimientos cautelosos, como si temiera que ella se quebrara en cualquier momento.—¿Estás bien? —preguntó, y su voz sonó más suave de lo habitual.Carolina levantó la mirada hacia él. A pesar del caos, la preocupación genuina
—Carolina… —repitió, esta vez con un matiz más oscuro en la voz.Respiré hondo, obligándome a no ceder a esa debilidad estúpida que me hacía temblar cuando estaba cerca. No iba a darle el gusto de verme flaquear. No después de todo.—¿Qué quieres, Axel? —murmuré, manteniendo la vista fija en los papeles como si fueran mi salvación.Él no respondió de inmediato. Dio un paso más cerca, lo suficiente para que su cuerpo casi rozara el mío. Esa cercanía me quemaba, me asfixiaba.—Quiero que lo dejes —espetó de golpe, con una frialdad que me heló la sangre—. Rompe tu compromiso con mi hermano.Mis manos se crisparon alrededor de los documentos, pero no levanté la cabeza. No podía mirarlo. No cuando su voz destilaba veneno y algo más… algo que no quería reconocer.—No es asunto tuyo —respondí, tratando de sonar firme.Axel soltó una carcajada seca, carente de humor.—¿No es asunto mío? —Su tono se volvió más áspero, más cruel—. ¿De verdad crees que voy a quedarme de brazos cruzados viendo có
- POV : Tercera Persona Tatiana contemplaba su reflejo en el espejo del camerino con una mezcla de satisfacción y expectación. Las luces alrededor del espejo iluminaban su rostro impecable, resaltando sus pómulos altos y sus labios perfectamente delineados de un rojo carmesí. Mientras la maquilladora deslizaba la brocha con precisión, Tatiana revisaba su teléfono con una mueca de disgusto. —¿Puedes apurarte un poco? —dijo con voz cortante—. No tengo todo el día. La maquilladora, una joven de mirada tímida, asintió nerviosa y aceleró el paso, difuminando las sombras en sus párpados. Tatiana odiaba esperar. Desde que había comenzado su relación con Mauricio, su vida se había convertido en un constante juego de control. Y a ella le encantaba tener el control. Estiró el cuello para observar el vestido que colgaba en una percha al otro lado del camerino: seda negra, ajustado, diseñado para resaltar cada curva de su cuerpo. Aquella sesión de fotos para una exclusiva revista de socied
Cuando los faros del auto de Axel iluminaron la entrada de la mansión, Tatiana ya lo esperaba en el vestíbulo. Sostenía el sobre manila entre sus dedos perfectamente cuidados, con una calma estudiada que ocultaba la tormenta dentro de ella.La puerta se abrió con un clic suave y Axel entró, su expresión impenetrable. Iba vestido con su habitual elegancia discreta: un abrigo oscuro sobre una camisa perfectamente planchada. Alto, atractivo y tan frío como el mármol que decoraba la mansión.—Llegas tarde —murmuró Tatiana, su voz suave pero cargada de veneno.—Tu sesión de fotos no iba a ninguna parte —respondió él, quitándose el abrigo con movimientos pausados.Ella ignoró la provocación y alzó el sobre ligeramente.—Esto llegó hoy —anunció, manteniendo su mirada fija en él—. Pensé que te interesaría verlo.Axel detuvo sus movimientos por un instante. Apenas una fracción de segundo, pero suficiente para que Tatiana lo notara. Se acercó con paso tranquilo y tomó el sobre de sus manos, des