Harú ordeno a las manitas preparar su alcoba, como si fuese su aniversario, y las mujeres obedecieron sin chistar, cerraron la habitación, oscureciéndola casi al completo, para luego cubrir a su señora, que se había recostado en la mesa de cedro que había en su habitación y que era de su tamaño.— Ya llegué cariño. — canturrio Richard apenas y atravesó el umbral de su hogar. — ¿Cómo te fue en el medico? — consulto buscando a su esposa con la mirada y extrañándose que las manitas no estuvieran a la vista. — ¿Pequeña? — pregunto con inquietud, mientras ingresaba en su dormitorio. — Peque… madre santa. — dijo casi en un gruñido por solo ver a su esposa desnuda sobre la mesa, con sus pezones cubiertos con caviar, y lamiéndose los labios al ver las finas fetas de salmón en su abdomen, y que decir de la copa de vino que permanecía en un equilibrio increíble en su monte de venus. — Un día de estos me provocaras un infarto, lo sabes ¿verdad? — indago con falso temor, mientras se arrancaba el
Mia ingreso al gran baño, sus mejillas estaban rojas, por solo haber caminado desnuda hasta allí, y la razón era porque estaba “arrastrando” a Takashi.— Bien conejito, ¿Qué es lo que piensas hacer? — pregunto con burla el mayor, creyendo que Mia no se animaría.— Voy a lavarte. — respondió con resolución y Takashi dejo salir el aire de forma teatral.— Dioses Mia, nunca cambies. – pidió antes de besarla con hambre, como si no fuese capaz de saciarse de su esposa.— Takashi, deja de distraerme. — se quejó la joven y por un segundo Takashi se trasporto a Nueva York, cuando su empleada se quejaba de distraerla por solo pasear por el lugar sin camisa.— Entonces, ¿siempre me veías? — murmuro sin poder creer que todas las señales estaban allí y él de las vio.— ¿Cómo no hacerlo Takashi? ¿cómo no hacerlo?La vida de casados era maravillosa se dijo Takashi, mientras Richard jalaba su cabello y se preguntaba cuando el casarse con una jovencita le pareció buena idea.— No, Harú, tu no saldrás
La mansión Bach siempre había sido comparada con un castillo. Su magnificencia se extendía a lo largo de hectáreas, con altos muros que parecían no tener fin, y que decir de las torres que parecían alcanzar el cielo, con sus jardines que bien podían rivalizar con los del palacio de Versalles, y por dentro, la riqueza cubría los amplios corredores y en sus habitaciones resonaban las risas y conversaciones de una familia numerosa, unida y feliz. O al menos así era, porque esos días se habían desvanecido como un sueño lejano.Hace un par de años, la mansión estaba llena de vida y los salones se adornaban para las fiestas y reuniones familiares, los niños corrían por los pasillos, y siempre había alguien dispuesto a escuchar o a contar una historia, de amores prohibidos y apuestas locas, si, la familia Bach no solo era grande en número, sino en espíritu. Sin embargo, todo cambió con la muerte de Lucero, la matriarca que sostenía esa unión con hilos de amor y fortaleza ya no estaba.Cuando
El aeropuerto de Francia estaba sumido en la actividad habitual de un día laborable, con los pasajeros que se apresuraban para llegar a sus puertas de embarque, mientras que los empleados del aeropuerto se movían con eficiencia para asegurarse de que todo funcionara sin problemas.Pero en medio de la tranquilidad cotidiana, un grupo de reporteros y fotógrafos se reunieron en la zona de llegadas, sus ojos fijos en la pantalla que mostraba los vuelos en tiempo real y no era para menos, ya que habían recibido un mensaje anónima sobre la llegada de un pasajero muy especial, alguien que siempre estaba en el centro de la atención y ese no era otro que Richard Ryder, el empresario de las finanzas, dueño de Goldman RR, el empresario reconocido y más buscado por los periodistas, estaba a punto de llegar al aeropuerto de Francia en su avión privado, pero lo que realmente había generado el interés de los reporteros era la noticia de que no viajaba solo, se decía que su enigmática esposa lo acomp
Andrea le dio cuatro pasos de ventajas a su víctima, e hizo resonar sus tacones al compas de los de la pelirroja, la siguió como su sombra, si es que hubiese luz, para provocar alguna, la vio girar y avanzar en un callejón, y cuando se percató que doblaría una vez más, para poder regresar al bar, supo que Melisa la había descubierto.— No te creí tan miedosa. — susurro y la densa noche se volvió un poco más terrorífica, al menos para Melisa.— ¿Andrea? — indago casi a grito, aunque más que pregunta sonó a sorpresa. — ¿En verdad eres tú? — bien, queria jugar a la agente buena y la agente mala, como siempre Andrea estaba segura de que ahora también le queria dar el puesto de agente mala, pero Melisa estaba muy mal, si pensaba que, en esos años, ella no había aprendido de su gatito, si la pelirroja esperaba un enfrentamiento, estaba muy equivocada.— Lo soy amiga, estoy viva Meli. — le regalo una sonrisa tan grande que para cualquiera le parecería natural.— ¡Oh, por dios! Si eres tú. —
Mientras tanto, en otro lugar del mundo, Estrella Bach tomo el teléfono, e intento salir de la cama, pero un grueso brazo se lo impidió.— Regresa a la cama, no has descansado bien, te sentí moverte toda la noche. — la castaña mordió su labio inferior, recorriendo con deseo el cuerpo desnudo de Juan José y evitando reír por solo verlo hundir la cara entre l almohada, se notaba que el más cansado era él, como no lo estaría, si le hizo el amor toda la noche, o la mayor parte, luego de sacar el cuerpo de Luis de la mansión, al igual que su ropa y cada una de sus pertenencias, incluso arrojo a la basura, cada cosa que el imbécil había comprado para el que creía era su hijo, decir que el colombiano era territorial, era quedarse cortos.— No me tientes fantasma, que aún no me he saciado de ti, no fuiste el único en estar meses en celibato, yo tuve que fingir que mis hormonas no me afectaban, aunque era mejor masturbarme pensando en ti, que dejar que él se siguiera riendo de mí. — el mayor a
Los desayunos siempre le gustaron a la familia en general, era el único momento del día, donde todos estaban juntos, era su tradición más preciada, en un mundo de mafiosos, negocios, nada claros y la traición latente de incluso el empleado más leal, el desayuno era la forma de guardar un último recuerdo si las cosas se torcían, si alguno de ellos no regresaba ese día; sin embargo, en esta ocasión Renzo odio el desayuno, nunca había sido bueno para esperar, pues era un Bach, y como tal había sido criado para que todo fuese a su manera, lo queria lo tenía, nada de esperas, pero aun así, se abstuvo de decir ni media palabra, porque Huang estaba haciendo su mejor esfuerzo para levantar el ánimo de su hijo Suh-Hee, además de cargar con la inquietud de que Harú tampoco estaba allí.— Deja de intentarlo papá. — soltó en medio de un bufido el líder del clan. — Este hijo tuyo solo sonreirá cuando su esposa regrese… si es que no me abandona. — un rastro de desolación paso por los ojos de Suh-He
Harú recibió el mensaje de Andrea en su teléfono móvil, y una sonrisa se dibujó en su rostro, valió la pena todo el espectáculo mediático del aeropuerto.— Ya tengo mi equipaje en orden. — decía el mensaje, haciendo referencia a Melisa. — Como lo pactamos, me iré en el avión privado de Richard. Tú y tu esposo deberán regresar en el avión privado de los Zhao.Harú se levantó de su asiento y se dirigió a su esposo, Richard, que estaba sentado en un sofá, leyendo un libro.— Cariño. — canturrio la castaña y Richard la vio de inmediato. — Andrea esta de camino a casa, creo que es hora de regresar, extraño a nuestro pequeño. — dijo con un mohín en los labios y Richard no se resistió y la beso.— Lo que desees pequeña, sabes que siempre es lo que tú quieres. — aseguro el mayor. — Pero ¿Y qué hay de los agentes que están ocultos en el bar 'Le Coq Rouge'? incluso si nos marchamos ahora, ellos sabrán que estuviste aquí, serás un blanco fácil, cuando noten la ausencia de esa agente. — eso la ha