Mia se removía en la cama, el sudor surcaba su frente y la desesperación era clara aun en su rostro inconsciente.— Mia, ¿ya estas lista? — Takashi no pudo evitar ingresar en su recamara, no había podido dormir en toda la noche, quizás por ello era por lo que esta vez se despertó antes que la joven, aun así, algo en su interior lo inquietaba, por lo que solo abrió la puerta e ingreso. — Mia. — la llamo con preocupación al ver su rostro convertido en una mueca de dolor y miedo.— ¡No! — grito la joven saltando de la cama y ambos quedaron frente a frente.— Mia, ¿Qué te sucede? — Takashi quiso acercarse, pero la joven elevo sus manos frente a ella, mientras respiraba de forma agitada.— No se acerque, estoy sucia. — dijo de forma automática, aunque Takashi observo su confusión momentánea, propia de quien despierta de esa forma. — Estoy sudada. — explico al notar la confusión en el rostro de Takashi.— Lo se lo veo, y mi pregunta sigue siendo la misma ¿estas bien? — el mayor queria cercio
Mia no podía dejar de pensar lo que Takashi le había dicho, solo horas antes, ¿en verdad en el oriente el matrimonio era un equipo? No sabía si creer eso, lo más probable fuera que Takashi la estuviera engañando… o tal vez, era su cultura la que estaba mal.— Ven aquí Mia. — la voz de su jefe, la hizo redirigir sus pasos, habían descendido el automóvil he ingresado en el aeropuerto, por lo que los pies de Mia se habían dirigido a donde la mayor cantidad de personas iban, solo ahora, se percataba que Takashi tomaba otro rumbo.— Pero ¿las salas de embarques no estan por allí?— Eso es para los vuelos comerciales, ya te lo dije anoche, el avión de mi familia espera por nosotros. — Mia casi bufo al ver el avión privado, e incluso se sintió mal de sentir culpa por pedirle el dinero que le faltaba para saldar su deuda a Takashi, tal vez aún estaba a tiempo para aceptar la mitad de la herencia que el mayor le había prometido.— No seas codiciosa, Mia, confórmate con ser libre. — murmuró la
Takashi seco su rostro, y se observo con detenimiento, era un hombre de 30 años, muy diestro a la hora de asesinar, pero muy torpe para coquetear, siempre se le dio bien ser directo, y un poco salvaje, pero a lo largo de esos dos años, ya había probado ser directo con Mia, y lo único que conseguía de ella eran risas, tomando sus torpes intentos de seducción como bromas, y su confianza comenzó a tambalear, aunque cada día otras mujeres lo tomaran en serio, en cuanto él proponía así sea un beso, pero Mia era distinta, Mia era algo que Takashi nunca había enfrentado, inocencia y audacia, débil si se la veía con detenimiento, cual burbuja de jabón, un movimiento mal dado y Mia podria resultar herida, pero a la vez… el fuego en su mirada cuando algo no le gustaba, se notaba que era una fierecilla y no precisamente de esas que solo rasguñan, Mia era capaz de arrancar corazones, o provocar que Takashi los arrancara, como había arrancado los ojos del pobre diablo que tuvo la brillante idead d
Mia dejo su lugar, bajo la excusa de que iría a descansar en la magnifica cama que había en la habitación del avión, y aunque Takashi deseaba ir tras ella, le permitió escapar, porque la conocía, en dos años había aprendido a conocerla y sabía que necesitaba tiempo para procesar todo, o eso creía el mayor.La joven no vio a su alrededor, solo se dejo caer en la cama, viendo el techo, y rememorando lo que su jefe y pronto esposo le había dicho.— Las bodas en nuestras tierras son eventos grandiosos y llenos de rituales y tradiciones que se han mantenido durante siglos. No tienes nada que preocuparte, solo es nuestra cultura, aunque nosotros nos saltaremos algunos pasos, como los preparativos.— Disculpe profesor, pero tengo una pregunta. — Takashi sonrió, y una tonta idea de ver a Mia en un uniforme escolar bailo frente a él.— Dígame, señorita Ferrante, ¿Cuál es su duda? Yo me encargare de saciarla. — ¿Por qué la temperatura había aumentado? O solo era ella que se imaginaba a Takashi
— Escucha con atención Mia, porque una cosa es verlo y otra es vivirlo, una boda gitana es un evento colorido y emocionante que refleja la rica cultura y tradición de nuestra comunidad y tu tendrás la más grande y típica que esta comunidad ha visto. — su madre se oía tan feliz, que Mia comenzó a pensar que era ella la que estaba mal.— Pero… aún falta mucho. — murmuro, tratando de cambiar su destino.— La boda en nuestra cultura se planea con anticipación y se considera un evento importante para la familia y la comunidad, y lo sabes, aun debemos ponernos de acuerdo en el color de la vestimenta del señor Mirko y la tuya, tienen que vestir los mismos colores, siempre soñé con verte de un rojo vibrante, ese tono combina a la perfección con el oro y tu mi niña te cubrirás de él. — Mia comenzó a pensar que su madre planeaba la boda como si fuese la de ella, y pronto recordó la miseria en la que vivían, seguro que su madre hubiese querido cubrirse de oro, pero Manolo nunca fue bueno para c
¿Había muerto? ¿el avión había caído? ¿su alma vagaba esperando renacer? No lo sabía, y tampoco le importaba, solo queria permanecer así, por siempre si es que fuera posible, probando esos labios carnosos, suaves, con un claro tinte inocente, y el tigre que Takashi llevaba dentro rugió con gusto, pero, aun así, insatisfecho.— Takashi. — murmuro entre sorprendida y adolorida la rubia, pues el instinto del mayor gano finalmente y mordió el labio inferior de Mia.— Lo siento, lo siento mucho. — aseguro de camino a sus labios nuevamente, pues necesitaba de ellos, eran adictivos, eran tersos, dulces, necesitaba más, y estaba seguro de que, aunque tuviera más, nunca estaría satisfecho.— Yo también lo siento. — aseguro la rubia y de pronto el agarre en su cintura era nulo, y Takashi se sentó molesto y confundido en la cama ¿cuándo la libero? Mejor aún, ¿por qué la libero? — No sé qué sucedió, todo fue tan de pronto y confuso. — alego Mia que estaba ya de pie, y solo entonces Takashi escuch
Mia nunca imaginó que su vida tomaría un giro tan inesperado al aceptar el acuerdo de un matrimonio falso con su jefe, Takashi. Al principio, la propuesta parecía absurda, casi inverosímil, pero las circunstancias le obligaron a considerar la oferta con seriedad. Ahora acababa de desembarcar en un país que solo había visto en películas y leído en libros.Desde el momento en que Mia puso pie en los dominios del tigre blanco, su asombro no tuvo límites. Las calles estaban llenas de vida, con un bullicio constante que parecía tener su propio ritmo. Los mercados callejeros ofrecían una gama de colores y aromas que invadían sus sentidos, aun dentro del vehículo, ya que tenía las ventanillas bajas, por pedido de la propia Mia, desde las especias exóticas hasta los puestos de comida callejera que exhibían delicias desconocidas para ella, y que pronto deseaba probar.Cada esquina de la ciudad contaba una historia. Los templos antiguos, con sus tejados curvados y decoraciones intrincadas, pare
Mia observo a un grupo de personas, vestidas de un amanera que para ella era rara, pero muy bella, eran casi las cinco de la tarde y el sol hacia brillar todo a su paso, y solo cuando vio las sonrisas y murmullos de los presentes, fue que comprendió que todos ellos eran la familia de Takashi.— Bienvenidos. — dijo un hombre mayor de larga cabellera rubia ya un poco platinada. — Mi nombre es Huang Zhao, y soy el papá de Takashi, me imagino que te hablo de mí. — por alguna razón, Mia vio cierta amenaza en esos ojos tan bellos, aunque no hacia ella, era más hacia Takashi.— Claro que sí, es un gusto conocerlo al fin. — dijo un poco nerviosa.— Papá. — saludo Takashi y procedió a inclinarse, por lo que Mia lo imito, causando la risilla de los presentes.— Es muy satisfactorio ver que tu futura esposa tiene voluntad para aprender. — las palabras de Huang no eran malas, ni mucho menos fueron dichas con doble intención, pero Mia no pudo manejar su rostro, que delato de inmediato su incomodida