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El sol de la mañana apenas comenzaba a asomarse por las ventanas cuando Brenda despertó sintiéndose extraña, diferente. Algo en su interior la impulsaba a salir, a respirar aire fresco, a caminar por la ciudad. Su embarazo había avanzado lo suficiente como para que moverse fuera una tarea difícil, pero eso no le quitaba las ganas de salir. Sentía que lo necesitaba, que por su bienestar mental era esencial desconectarse un poco de las paredes del departamento.

Sabía que debería avisar a Alexandra, quizás incluso pedirle que la acompañara. Pero no quería compañía. Necesitaba estar sola, aunque fuera por un rato. Así que, aprovechando que Alexandra estaba ocupada en la cocina preparando el desayuno, Brenda tomó su bolso y salió sin hacer ruido. Poco después, estaba en el exterior, de pie en la acera. El aire fresco golpeaba suavemente su rostro mientras observaba a los transeúntes ir y venir. Respiró profundamente, tratando de calmar el ritmo acelerado de su corazón, y comenzó a caminar.
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