El sol de la mañana apenas comenzaba a asomarse por las ventanas cuando Brenda despertó sintiéndose extraña, diferente. Algo en su interior la impulsaba a salir, a respirar aire fresco, a caminar por la ciudad. Su embarazo había avanzado lo suficiente como para que moverse fuera una tarea difícil, pero eso no le quitaba las ganas de salir. Sentía que lo necesitaba, que por su bienestar mental era esencial desconectarse un poco de las paredes del departamento.Sabía que debería avisar a Alexandra, quizás incluso pedirle que la acompañara. Pero no quería compañía. Necesitaba estar sola, aunque fuera por un rato. Así que, aprovechando que Alexandra estaba ocupada en la cocina preparando el desayuno, Brenda tomó su bolso y salió sin hacer ruido. Poco después, estaba en el exterior, de pie en la acera. El aire fresco golpeaba suavemente su rostro mientras observaba a los transeúntes ir y venir. Respiró profundamente, tratando de calmar el ritmo acelerado de su corazón, y comenzó a caminar.
Brenda volvió a poner los ojos en blanco. No podía creer que Haidar siempre intentara decidir por ella, como si no tuviera voz sobre lo que era mejor para su propia vida y su comodidad. Sabía que él estaba preocupado por los bebés, pero no le parecía justo que insistiera en que ella tenía que mudarse a su piso una vez que diera a luz. Brenda estaba convencida de que estaría tranquila y cómoda en el departamento, y no veía necesario ese cambio.—Incluso cuando entiendo que estás preocupado por los trillizos —dijo, intentando mantener la calma—, todavía hay tiempo suficiente para preparar una habitación en el departamento. Así no habrá necesidad de que me mude a tu piso.Haidar la miró con el ceño fruncido, pero sus ojos reflejaban algo más que enojo: había tristeza y un resentimiento que no sabía cómo disimular. Su garganta se apretó al responder: —¿En serio me odias tanto que estás haciendo todo lo posible para evitarme? —Su voz era firme, pero cargada de una vulnerabilidad que no p
Haidar seguía manejando en dirección al departamento de Brenda. En su mente, una batalla interna lo consumía. Había decidido no decirle nada sobre su tumor cerebral, pero mientras el auto avanzaba por las calles, no podía dejar de pensar si estaba tomando la decisión correcta. Ocultar su estado de salud parecía lo mejor para no alterar las cosas ni preocuparla innecesariamente, pero también sentía que estaba siendo injusto con ella al no compartir algo tan importante. Sin embargo, al final, optó por guardar silencio. No quería que la dinámica entre ellos cambiara, y mucho menos que Brenda lo tratara con lástima.Mientras los pensamientos lo abrumaban, Brenda comenzó a removerse en el asiento, despertando lentamente. Haidar la observó de reojo y sonrió ligeramente al verla intentar disimular que se había dormido. En cuestión de minutos, el trayecto llegó a su fin. El tiempo se había sentido mucho más corto de lo habitual, y Haidar no pudo evitar un deseo egoísta: dar una vuelta más, al
Haidar se sintió presionado al confesar la verdad a su mejor amigo. Ya no podía seguir ocultándole lo que estaba pasando. Con el corazón acelerado, finalmente se decidió a hablar.—La razón por la que me desmayé en la oficina y por la que fui trasladado al hospital no solo se debe al estrés. Tengo un tumor cerebral —informó, dejando caer la bomba.Jamal abrió los ojos, completamente sorprendido ante la confesión de su amigo. Era algo inesperado, y el peso de la noticia lo dejó aturdido.—¿Estás hablando en serio o es una broma? —preguntó, buscando en la voz de Haidar algún indicio de que todo era un malentendido.—No estoy bromeando. Nunca jugaría con algo así, mucho menos con mi salud. El diagnóstico que me dio el médico fue claro. El tumor es peligroso, pero es operable. Sin embargo, la cirugía implica riesgos significativos. Podría morir en el proceso, pero si no lo intento, no sabré si hay una posibilidad de salvarme. Así que estoy atrapado entre decidirme a operarme o dejar que e
Brenda sentía que su corazón se salía de su pecho cada vez que recordaba toda la situación que estaba viviendo. Permanecía en medio de la sala de espera, su corazón latía con fuerza, y no entendía por qué se sentía así. Tenía miedo de ser la culpable de que algo malo le hubiera pasado a Haidar. ¿Y si su exesposo no pudo con el hecho de que ella se estaba yendo para siempre y por eso se desplomó en medio del aeropuerto? La incertidumbre la mantenía en un estado de alerta constante.De pronto, levantó la vista al escuchar su nombre. Era Alexandra, que había llegado tan pronto como supo lo que había ocurrido. La abrazó con fuerza, y Brenda sintió una mezcla de alivio y culpa.— Brenda, aquí estás. En cuanto me enteré de todo, vine lo más rápido que pude. Dime, por favor, ¿cómo se encuentra Haidar?Brenda, sintiéndose avergonzada, no podía mirarla a la cara. No había tenido el valor de despedirse de ella en persona; solo dejó una carta escrita. Además, estaba avergonzada por romper su pro
Todo cambió cuando de pronto apareció Aisha junto a su marido, Ibrahim. La tía de Haidar había llegado, y su presencia no era bien recibida por ninguno de los allegados de Haidar. Alexandra se sintió incómoda al ver a Aisha allí. — Exijo ver a mi sobrino de inmediato. Jamal, sin pensarlo dos veces, se puso en pie, decidido a no permitir que esos dos se salieran con la suya. Nadie tenía el derecho de exigir nada en ese momento.— Con todo respeto, Aisha, estoy al tanto de todos los inconvenientes que han pasado entre tú y tu sobrino, y te pediré que te retires de aquí. No creo que tu visita sea gratificante para mi amigo.Aisha se quedó descolocada por las palabras directas de Jamal. Su expresión cambió a una de indignación y molestia, bufando con desdén.— ¿Eres consciente de la forma tan grosera con la que te diriges a mí? Jamal, por supuesto que tengo todo el derecho de estar aquí y preguntar por la salud de mi sobrino. ¡Es el hijo de mi hermana!Ibrahim, que parecía más calmado
El día de la cirugía había llegado. Haidar se encontraba en la cama, nervioso, mientras los médicos se preparaban para llevarlo al quirófano. Aunque intentaba mantener la calma, sentía una miedo. Sabía que todo saldría bien; eso era lo que debía creer.Mientras tanto, Brenda había llegado al hospital, acompañada por Jamal y Madelaine. Juntos se dirigieron a la sala de espera, donde la ansiedad se palpaba en el aire. La sala era fría y silenciosa, interrumpida solo por el sonido de los pasos de algunas enfermeras y el murmullo lejano de conversaciones.— ¿Crees que todo saldrá bien? —preguntó Brenda, su voz temblando ligeramente.Jamal intentó ofrecerle una sonrisa tranquilizadora. — Claro que sí. Los médicos son expertos en esto. Haidar está en buenas manos.Madelaine asintió, pero sus ojos también reflejaban preocupación. — Lo importante es que él es fuerte. Y tiene a todos nosotros apoyándolo.Los minutos se convirtieron en horas mientras esperaban, cada uno atrapado en sus propio
El gran día había llegado para Brenda, quien se encontraba a horas de dar a luz. Anhelaba conocer a sus trillizos, tenerlos en sus brazos, pero el temor a lo desconocido también la acechaba. Sin experiencia previa, no podía evitar preguntarse cómo sería todo.Mientras se acomodaba en la cama, un quejido involuntario escapó de sus labios, lo que terminó despertando a Haidar. Él se giró rápidamente hacia ella y, al notar el líquido empapando las sábanas, comprendió que había roto fuente.—Haidar, creo que ha llegado el momento. El miedo se apoderó de Haidar. Abrió los ojos de par en par; si bien la cesárea estaba programada, ahora todo parecía haberse adelantado. — ¿En serio? ¡Dios mío! Tenemos que ir al hospital de inmediato!Brenda trató de inhalar y exhalar con frecuencia, intentando calmarse ante el creciente dolor de las contracciones, que se intensificaban cada vez más. Sin poder esperar por una ambulancia, Haidar la ayudó a llegar al auto y condujo como un loco hacia el hospita