Siempre bella.

EMIR

Estaba más que satisfecho con todo lo bueno que estaba ocurriendo en mi empresa y en la agencia. Habían pasado más de dos meses desde que las ventas, con la ayuda de mi hermana y las modelos, habían crecido enormemente. No podía pedir más; estaba agradecido. Sin embargo, sentía que algo hacía falta en mi vida. Ese sentimiento persistente de querer tenerla a ella junto a mí, hacerla mi esposa, amarla y demostrarle lo que no pude cuando aún estaba confundido, no se desvanecía.

No obstante, sabía que las cosas pasaban por alguna razón. Lo bueno era que ella estaba feliz trabajando para esa casa de moda, y yo no podía hacer más que observarla de lejos.

Por otro lado, habíamos recibido una invitación para una pasarela en el salón más grande del país, donde también tendríamos ventas de bazar con los productos que manejábamos, todo con el fin de apoyar a los migrantes del país que no tenían techo ni trabajo.

Salí mi despacho caminando por el pasillo observando todo a mi alrededor, m
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