Tras desayunar, llevaron a sus hijos al médico y mientras estaban esperando para entrar, aprovechó para escribir un poco, pues los niños estaban tranquilos dibujando y su mujer estaba escribiendo el epílogo del libro.
«Tengo que reconocer que aunque parezca que ha sido fácil, me ha costado lo mío conquistar a Clara, pero no veo algo negativo, sino positivo ya que ha hecho que todavía la quiera más y haya aprendido a comprenderla, pues con todo lo que ha pasado, bastante es que me haya dado la oportunidad de demostrar que la quería de verdad, pues hay momentos en que recuerda lo que ha vivido y le entran miedos y dudas e incluso que no se quiera, pero en esos momentos es cuando más necesita que le hagan ver que es maravillosa y se merece todo mi amor.
Me sorprende su tesón y su fuerza de voluntad. Pase lo que pase, sigue adelante y no se rinde y, encima, es súper humilde, aunque se da muy poco valor para mí vale el universo entero, por lo que intenté hacerle una boda de
Clara se despertó y miró a Roberto, que aún dormía. Tenía una dulce sonrisa en su boca, parecía un ángel.Se levantó de la cama con cuidado para no despertarle y fue a ver a los niños que también dormían, por lo que se fue a la cocina, para intentar escribir el epílogo del libro Había escrito varios, pero ninguno le convencía, así que tuvo una idea.Cogió un papel en blanco y escribió las cinco cualidades más importantes que tenía su marido y el porqué de ello.• ROMÁNTICO: Era la primera cualidad que le vino a la mente. Si tenía que dar un motivo por lo que considera que es romántico es porque sabe conquistarla día a día de mil formas distintas.• RESPETUOSO: Esta fue la segunda que le vino a la mente. Si tenía que dar un motivo era porque nunca la había ni insultado ni menospreciado, además, de que la aceptaba tal cual era.• DETALLISTA: Eso fue lo siguiente que le vino a la mente cuando pensó en Roberto. Si tenía que decir un motivo, era que ten
Roberto llamó a la directora de la editorial para quedar con ella y cerrar los últimos flecos, pues el libro estaba ya a punto de terminarse y, además, quería hacerle una petición muy particular que sorprendería a Clara.Nada más colgar, salió al jardín para jugar con los niños, que estaban probando unos patines que les habían regalado y dio un abrazo a su mujer por la espalda.—Hola, cariño. ¿Con quién hablabas? —preguntó dándole un beso a su marido.—Hola, mi amor. Estaba hablando con Dolores, para quedar mañana con ella, para ultimar los últimos detalles de la publicación.—Me hace mucha ilusión ya verlo publicado, me está encantando mucho y los últimos capítulos, me llegan al alma, será porque están protagonizados por mí. Bueno, amor, me voy a hacer la comida.El hombre se puso a correr detrás de los niños haciéndoles de rabiar. La mujer entró dentro y, mientras estaba haciendo la comida, apuntó dos cualidades más de su amado:• GENEROSO
Ese día Clara tenía consulta con el ginecólogo, había pedido para ir antes de irse a Denia, para poder irse más tranquila al viaje, pues aunque quedasen los resultados de las pruebas, el primer paso ya estaba hecho.Fueron a la cita, el ginecólogo la revisó y les dijo que no tenían problemas para tener otro hijo por lo que se fueron a comer para celebrarlo.Para la vuelta, fue Clara la que llevó el coche, por lo que su esposo aprovechó para empezar a escribir el capítulo.«A falta del epílogo, este es el último capítulo del libro y en él voy a reflejar los retos que aún quedan por conseguir para alcanzar la igualdad total entre hombres y mujeres.En primer lugar, voy a hablar de una joven que fue repudiada por sus padres por quedarse embarazada, siendo soltera y todo por culpa de un hombre que se aprovechó de ella.Un día me encontré a una chica de unos diecisiete años en un parque, estaba triste y no había nada que la animara.Me contó que
Clara prácticamente no había dormido. Estaba nerviosa, pues tenía que recoger los resultados de las pruebas, aunque, en principio, debía estar todo bien, siempre quedaba la posibilidad de que hubiera algún problema.Se puso a escribir el epílogo del libro, aunque sabía que a Roberto no le importaría copiarlo al dictado, sentía escribirlo ella y luego dárselo a su marido para que se lo corrija.Cuando acabó, se fueron a la consulta del ginecólogo, cuando llegaron este les dijo que todo estaba bien, así que cuando Roberto tuvo un rato leyó el epílogo que había escrito su amada.«No sé cómo empezar, pues escribir no es mi especialidad, pero voy a intentar hacerlo de la mejor forma posible.Soy Clara la esposa de Roberto y sobre la marcha he cambiado de idea sobre lo que iba a escribir, pues al leer este libro, me he dado cuenta de que tengo una suerte tremenda, ya que tengo un trabajo que me gusta, en el que se me valora y respeta y no sol
Roberto era un hombre ejemplar, cariñoso, atento, generoso, un padre y un marido abnegado, capaz de dar su corazón sin pedir nada a cambio, bueno, si algo podía pedir era un abrazo, un beso sincero y un te quiero de esos que salen del fondo del alma, con eso era feliz y con ver a su mujer y sus hijos contentos, como tantas veces le decía su mujer: Era un hombre de los que pocos quedaban.Un día se había quedado solo en casa con los niños, ya que su esposa se había tenido que ir a ver a un primo suyo al hospital, los niños eran muy pequeños todavía, y al ver a su hija dormir la siesta se le vino a lo mente la siguiente pregunta: «¿Por qué no escribo un libro y se lo dedico a ella?».Quería a sus dos hijos por igual, aunque con la niña tenía un cariño distinto, por el hecho de que se parecía demasiado a su madre, era idéntica a
Se acercaba su aniversario y Roberto quería darle una sorpresa a su mujer, pero no tenía ni idea, pues ya le había regalado todo lo regalable, sus mejores versos, sus mejores sonrisas, sus mejores besos y un millón de noches mágicas, así que, si no quería regalarle una joya ni las socorridas rosas o bombones, pues eso le parecían que eran más para pedir perdón, debía estrujarse la mente y exprimir sus neuronas, para encontrar el regalo ideal.Mientras estaba pensando en el regalo que podía hacerle, recordó aquel viaje a la Gomera dónde por primera vez sintió el verdadero sufrimiento de Clara y decidió reflejarlo en su libro.—Vida, ¿me permites reflejar el viaje a la Gomera para mi libro? —le preguntó antes de empezar a escribir.—Por supuesto, cariño mío, estoy deseando leerlo —contestó dándole un cariñoso abrazo.Se sentía muy afortunada de tener a un hombre tan maravilloso a su lado y sentía ese proyecto que había iniciado como propio y más sabiendo qu
Desde el día que había escrito el primer capítulo de su libro, Roberto, estaba más cariñoso todavía con Clara y con sus hijos, si normalmente no tenía quejas en ese sentido, ahora menos, pues se había multiplicado por diez ese amor y las atenciones que siempre habían tenido, por lo que, ella estaba como en una nube.—Mi amor, ¿puedes venir un momento? —le preguntó a su esposo.—Por supuesto, vida mía —dijo apartando la mirada del ordenador y yendo hacia la habitación de los niños que era donde estaba su amada.—¿Qué le pasa a mi princesita? —insistió él dándola un beso en la frente a Esperanza que no tenía muy buena cara—, creo que tiene fiebre —continuó.—Es verdad, lleva toda la tarde así. Sé que te dije que hoy te dejaría tiempo para investigar y escribir el libro, pero si puedes me gustaría que ayudaras a Héctor a estudiar, mientras yo voy al médico con Esperanza —indicó Clara.—Por supuesto que sí, primero sois vosotros y despu
Tras el viaje a las cuevas de Altamira, parecía que los niños tenían más interés por la historia y le hacían a su padre más preguntas sobre ella.Un día, mientras estaba pensando en el siguiente capítulo para su libro, su hija le hizo una pregunta que le inspiró sobre lo que escribir.—Papi, ¿cuál es la ley más antigua?—El primer conjunto de leyes del que tenemos constancia es el código de Hammurabi, que tiene aproximadamente 3000 años, hija mía —contestó Roberto.—Gracias, papi, me puedes explicar qué es —dijo la niña—Vale, princesa, vamos al salón y así también se lo explico a tu hermano —respondió él.La niña le dio un abrazo a su padre y este la cogió a caballito para llevarla hasta el salón.—¿Ya habéis terminado de estudiar?—Todavía no, cariño, pero voy a hablar a Esperanza sobre el código de Hammurabi y creo que a Héctor también le vendría bien escucharlo —explicó.—¿Me puedo quedar yo también a escucharlo, pro