Irina obtuvo permiso laboral para encargarse del sepelio de su esposo, los días ya de por sí duros empeoraron cuando la madre de James llena de pena la abrazaba por momentos y la culpaba de cada desgracia en la vida de James al instante. Empleados y amigos del hospital se presentaron; pero por ella, como si a James nadie en su trabajo lo hubiera apreciado.
Irina se sentía molesta en nombre de James. Ella tenía claro que James se había entregado en cuerpo y alma a su trabajo y ahora no venía a despedirlo ni su secretaria, ni siquiera el director del hospital que él apreciaba tanto.
Irina no entendía como siendo su mejor amigo no había presentado sus respetos.
Irina sabía que el doctor Salvatore estaba muy ocupado por la situación de su esposa, pero no podía dejar de resentir que apenas envió una corona de flores en representación del Hospital Salvatore Memorial, algo tan impersonal.
¿Cuántas veces discutió con James por las excesivas reuniones y fiestas a las que debía ir con Alex?
Irina había perdido la cuenta.
Sin embargo, alguien más sí se presentó en el sepelio de James, aunque no se acercó hasta que todos se habían ido y el cuerpo de James estaba bajo tierra.
—Detective, espero que haya venido usted a disculparse —espetó Irina.
El detective Santiago le dio un pañuelo de lino blanco perfectamente planchado y tocó su propia mejilla antes de ofrecerlo a Irina.
—Le dejaron la cara manchada de pintalabios.
Irina limpió su rostro.
—Gracias… debe haber sido mi suegra, está muy afectada.
—Y le apuesto que es una investigadora muy sagaz.
Irina recordó que ciertamente su suegra era bastante chismosa, el detective era bastante observador.
—Debería contratarla, usted no tiene ni idea.
Santiago sonrió apenas, fijando en ella su mirada verde.
—La verdad cada vez creo menos que James Foster sea el cabecilla de la Legión Azul.
—Gracias a Dios —acotó Irina, para ella eso era evidente.
—No quiere decir que no fuera un miembro de la organización.
—Detective, quiero que se marche ahora mismo…
—He venido porque quiero que usted asista a una entrevista en el recinto.
— ¿Me acusará de algo? —Inquirió Irina harta de este detective—. Le impondré una orden de alejamiento…
Santiago la tomó por los antebrazos una vez más, como el día que James murió.
—No creo que seas culpable, pero esto no desaparecerá Irina, ya su marido está bajo tierra, debe encargarse de su hijo, de usted, ahora está sola y su marido hizo molestar a gente peligrosa.
—No le creo nada, usted solo quiere asustarme.
—Entiendo que no confíe en mí, pero ¿En quién lo hace? ¿Sus compañeros de trabajo?
—Así es…
—Y si le dijera que el hospital Salvatore Memorial es el epicentro de los negocios de la Legión Azul.
—Mi hijo y madre me esperan —Irina le extendió el pañuelo y Santiago lo tomó de su mano. Muy rápido la pasó por su mejilla junto a sus labios, Irina echó atrás, pero igual él solo la limpió y guardó su pañuelo.
—Tratando de limpiar sin ver lo que hacía solo se regó la mancha.
Irina no pudo evitar pensar que otro era el significado de sus palabras.
—Confío en quienes merecen mi confianza, usted solo me ha molestado con sus acusaciones sin fundamento...
—Cuando esté lista para ver las cosas tal y como son, búsqueme en el recinto 32.
Semanas después, Irina regresó al hospital, después de dejar a Ryan en la guardería fue a la sala de enfermeras.
El lugar tenía paredes blancas y las sillas antiguas de la sala de espera, eran demasiado incómodas, pero al parecer no tenían donde llevarlas; Irina guardó su bolso en el locker y fue por café, no había.
—Qué raro —comentó—. Si yo no preparo, nadie lo hace.
Dejó la cafetera colando y fue al cambiador, al regresar encontró al doctor Alex Salvatore, con las manos en los bolsillos y de espalda a los vestidores, ahora llevaba el mono quirúrgico.
Irina brincó por la impresión, pensaba que estaba sola.
— ¿Qué hace aquí doctor? —Preguntó con altivez.
Irina puso la mano en su pecho y negó con la cabeza, debía controlar su antipatía por el doctor, después de todo era el mandamás del hospital y ella no quería quedarse sin empleo.
Caminó hacia él.
—Disculpe, es su hospital, puede estar donde quiera. Quizás es buena idea que vea por usted mismo que la sala de enfermera necesita algo de atención —lo último no pudo evitar decirlo.
Alex miró a su alrededor.
—Tiene usted razón, de verdad es muy diferente a la sala de doctores, pero como en cada piso hay estación de enfermeras, y es allí donde están siempre…
—En la estación de enfermeras no podemos estirar las piernas.
—No deberían hacerlo mientras están de turno —replicó Alex con las cejas alzadas.
Irina cruzó los brazos y alzó una sola ceja.
—No somos máquinas Dr. Salvatore…
Irina podía darle una larga lista de injusticias hacia las enfermeras, pero recordó que no le convenía ser antipática con el director justo ahora que se ha convertido en madre soltera.
Tomó aire y preguntó con voz sosegada:
— ¿Quería hablar conmigo?
Alex se aclaró la garganta.
—Sí, quería hablar en privado con usted.
—Pudo citarme en su oficina.
—Allá no sería privado —susurró Alex mirando las paredes, Irina frunció el ceño confundida.
—Doctor, ya comenzó mi turno, no quisiera retrasarme…
—Quiero que cuide a mi esposa.
Irina asintió y movió su cabeza para ajustar sus ideas, por un momento pensó que el doctor se le insinuaba.
—Supongo que su esposa está en UCI.
—Hoy la trasladaron, ella está reaccionando muy bien a la operación.
—Puedo encargarme del área vip…
—En realidad será trasladada a casa, allí tendrá todo dispuesto para su completa recuperación.
—Doctor ¿Cree usted que sea conveniente? Sería más seguro para su esposa si…
—Soy médico, ¿o se le olvida? Y usted es una excelente enfermera y de alto rendimiento ¿O duda usted de su capacidad?
— ¿Acaso quiere que su esposa muera?
Alex la miró con gesto austero, para nada escandalizado.
— ¿Cree que quiero matar a mi esposa? Hay maneras más fáciles de hacerlo, como especialista de salud conocemos muchas.
Irina sintió erizarse todos los vellos del cuerpo.
Justo en ese momento, el teléfono de Alex sonó. Él lo sacó del bolsillo y respondió, alejándose un poco de Irina.
—...Sí, sí, lo entiendo... —dijo Alex con voz tensa—. Sé que no puede quedar perfecto, pero cada daño debe tener explicación… ¡No me importa si cayó en un volcán o pasó por el mismo infierno, la mecánica debe quedar perfecta. ¿Entendido?... Mantenme informado…
Irina observaba la ancha espalda del doctor en tensión marcarse por el ceñido mono quirúrgico mientras que emitía órdenes que más vale y fueran acatadas.
«Siempre tan autoritario, no da un minuto de paz a sus empleados»
Alex regresó con ella.
—Disculpe —murmuró con educación.
— ¿Problemas con el coche?
—Nada que no tenga reparación, con el incentivo adecuado.
—No todo en la vida se puede solucionar con dinero, hay cosas que se salen de nuestras manos.
—Lamentablemente aún no he descubierto nada tan sublime. Bueno, como le decía: ¿Aún cree que quiero matar a mi esposa?
Irina no sabía que decir, que pensara que el doctor era mal marido no significaba que quisiera a su esposa muerta. —Veo su intención, y me disculpo por mi comentario, pero ella podría tener complicaciones… —De ser así la traería de inmediato. —Bueno, supongo que tiene todo a disposición —masculló Irina apenada. —Entonces no hay más que decir, en cuanto transfieran a mi esposa vendrá con nosotros. Le pagaré como si fueran horas extra, sin comprometer su salario en el hospital, usted dirigirá el cuidado con dos enfermeras más para que ella tenga atención las 24 horas, por eso la necesito a tiempo completo, es decir se mudaría a mi casa. —Doctor Salvatore, tengo un hijo y no puedo dejarlo con mi madre por tiempo indefinido… —Claro que no, su hijo vendría con usted. Le proporcionaré niñera, terapia con la mejor psicóloga infantil de la ciudad y la matrícula de una excelente escuela privada. Irina parpadeó repetidamente, intentando asimilar la insólita propuesta de
Irina dio un pequeño grito espantada, Rachel brincó, pero por el grito de Irina. —Me ha dado usted un susto de muerte —dijo Irina con la mano en el pecho. Alex frunció el ceño. — ¿Está segura que está usted lista para regresar? Tiene los nervios a flor de piel —cuestionó Alex. —Y no es para menos, después de la noticia que acaba de recibir —comentó Rachel deseosa de conseguir una figura de poder a su favor. Alex observó el sobre que Irina tenía en las manos, el membrete era visible y la certeza de que Alex sabía de qué se trataba invadió a Irina. — ¿Puedo ayudar en algo? —Preguntó Alex. —Sería excelente… —Emitió Rachel contenta e Irina la tomó del brazo. —No es necesario Dr. Salvatore, me encargaré ahora mismo, si no hay problema. —Vaya y haga lo que debe hacer, si necesita tomarse unos días más… —No será necesario, solo preciso de una hora. Irina llegó al recinto policial. El detective Villalobos la esperaba en su oficina, un espacio austero lleno d
Irina se quedó sin aliento, escucharlo era algo estrafalario, sabía que Alex Salvatore podría acabar con su matrimonio, pero ahora las circunstancias hacían parecer a Alex como un asesino. Rachel replicó. —¿Alex?... ¿Se refiere usted al multimillonario Alex Salvatore? ¿Pero por qué? Ellos eran amigos. El cirujano Alex Salvatore salva vidas, no puede matar, el juramento hipocrático dice que… Santiago la miró con una ceja alzada. —Quizás hizo el juramento con los dedos cruzados, la gente miente, manipula y mata, esa es la vida real. —No entiendo, ¿qué pruebas tienen? Contrario a Rachel, Irina estaba callada, con cautela no se atrevía a señalar a Alex, pero mentiría si dijera que no lo ha pensado. —Irina, hay algo que no es dominio público —le llamó la atención Santiago—. Alex Salvatore fue la última persona en ver con vida a James Foster, se citaron en un lugar y tuvieron una fuerte pelea. — ¡QUÉ! ¿Entonces por qué no están investigando a Alex Salvatore? Yo pue
—No concluyentes. ¿Qué quiere decir? —Inquirió Irina decepcionada—. ¿No hay evidencia por lo cual James haya perdido el control del auto? —Lo poco que recuperaron del vehículo no sugiere desperfecto mecánico… Irina puso una mano en su boca. —Santa María —Exclamó con ojos como platos—. Fue él… — ¿De qué hablas Irina? —Preguntó Rachel. —Escuché a Alex Salvatore conversar por teléfono, pensé que hablaba con su mecánico. — ¿Qué dijo exactamente? —Preguntó Santiago. Irina pasó una mano por su cabello. —No lo sé, solo recuerdo que para mí fue evidente, aunque no dijo la palabra coche. Dijo que aunque hubiera atravesado el infierno debía quedar perfecto, algo así. —Y el coche fue quemado borrando evidencia —completó Rachel. Santiago alzó la palma pidiendo un alto. —El coche está en custodia policial… —Él pudo comprar gente —respondió Irina de inmediato—. De hecho me lo dijo… — ¿Te dijo que compró gente en la policía? —Inquirió Rachel. — ¡Claro que
Irina quería que el piso se abriera bajo sus pies, no tenía manera de escapar, tenía que enfrentar la situación, los esposos Salvatore la habían visto. La estaban viendo. «Al mal paso darle prisa» —Ehh… Este. Buenos días, qué pena. Es algo incómodo, solo quería avisarles que estoy aquí. —Pase adelante —dijo Alex conservando su ceño fruncido—. Bianca te presento a Irina Foster, la enfermera es excelente en el cuidado postoperatorio de pacientes, la mejor del hospital. Irina estaba sorprendida, era cierto que era muy buena en su trabajo, pero ignoraba que al Dr. Salvatore le importara. —Mucho gusto Irina —musitó Bianca con una sonrisa y ojos somnolientos—. Disculpa que nos viste a mi esposo y a mí teniendo una pequeña diferencia… —No se preocupe señora Bianca, no es mi problema. Perdóneme a mí… —No hace falta, está olvidado, comencemos de nuevo —enfatizó con bondad la enferma con una brillante sonrisa. Irina no pudo evitar sonreírle, Bianca Salvatore era una m
Irina hizo un esquema de trabajo con las otras dos enfermeras para cubrir los turnos. No eran del hospital sino de una empresa privada dedicada a la atención de enfermos en casa. Aún no tenía una causa plausible para que Alex Salvatore la hubiera solicitado para el cuidado de su esposa, y no había contratado todo el servicio de la empresa privada. La respuesta parecía obvia. —Quiere saber qué tanto sé yo. Soy un cabo suelto —dijo Irina conversando con Santiago por el móvil seguro que él le dio. Estaba lejos de la casa, viendo a Ryan jugando con Ema en el extenso terreno plano y con árboles frutales, estaba segura que nadie podía escucharla. — “¿Pudiste averiguar algo?” —Preguntó Santiago —Solo lo que ya sospechaba. Alex Salvatore es un mal marido. — “¡No me interesan los dramas de novela, Irina!” “Averigua algo que me sirva para encarcelar a ese hijo de perra”, “¿Acaso no querías venganza para tu esposo?”. —Acabo de llegar, no tengo ni 24 horas aquí —se excus
Irina se dio cuenta que había exagerado con eso de ser amable, ahora tenía que ver como lo arreglaba. —James y yo teníamos discusiones muy fuertes —susurró, su idea era salir del aprieto, pero era cierto lo que decía, ella desvió la mirada y dijo con sinceridad—. Cuando uno ha guardado mucho, suele explotar y decir cosas que no siente realmente. Irina dio un paso a un costado con los ojos aguados, le atormenta la culpa de las últimas palabras que compartió con James, el recuerdo de esa discusión invade su mente cada vez que piensa en su esposo. Alex se dio cuenta y le dio espacio verificando a los niños. Irina agradeció su discreción, a la vez había salido del aprieto. —Mamá, ven con nosotros —pidió Ryan. Irina tomó aire y fue con ellos, la pequeña Ema con mucha solemnidad servía el té ficticio a su padre que muy cómico se veía enorme en la silla rosada. Irina se sentó al otro lado de la mesa para cuatro personas. Irina y Alex correspondieron a comer de mentira cada
Irina corrió, pero Alex tiene las zancadas más largas y llegó primero con el niño, se arrodilló y le levantó el rostro, sosteniéndolo. — ¿Ryan tiene epilepsia? —Preguntó Alex con urgencia. — ¡Él sufre de crisis de ausencia, pero jamás había tenido una convulsión tan fuerte! — ¿No está medicado? —Lo está, ay Dios mío, ayúdame, hijo mío, por favor, mírame mi amor. —Cálmate Irina… Alex sacó su teléfono de su bolsillo y llamó a emergencias con las manos temblorosas, tomó aire y dijo de forma concisa: —Requiero ambulancia a mi ubicación. Niño de 5 años, con antecedentes de crisis de ausencia, presenta crisis epiléptica. —Dr. Salvatore, ya está pasando —le indicó Irina abrazando a Ryan que luce desconcertado y pálido. La pequeña Ema asustada abrazó las piernas de su padre. —Papi, ¿Ryan se pondrá bien? ¿Tú lo vas a curar? —Sí mi niña, yo lo voy a curar. Irina trató de cargar a Ryan y Alex se lo quitó de los brazos, ya se escuchaban las sirenas de la ambu