XXXIX

—Si alguien lo lanzó por lógica tiene que ser una persona que habita allí.— Agregó Ariadne, apretando sus labios, —¡Es un horror! Antonio no se merece nada de lo que te está pasando.

—Me gustaría acompañarte. Pero tengo que quedarme acá a cuidad a mi hija.— Clarisse la abrazo y le beso la frente, —Cualquier cosa me llamas. No dudes que si necesitas de mí, acá estoy.

—Gracias. Aprecio mucho la amistad que me estás brindando.

—Yo sé perfectamente lo que se siente estar en tus zapatos. Es desesperante. Pero te aseguro que vas a lograr salir de esa.

Ariadne Lizbrook decidió no perder más tiempo y se fue rápidamente a la mansión Longwoth para finalmente ver qué había sucedido, ¿Cómo era posible que Antonio se haya caído de las escaleras? Y lo peor no era eso, sino que, ¿Por qué estaba él en la mansión?

—Ariadne. No puedes entrar.— Le dijo Yesenia que estaba agitada y nerviosa.

—¿Por qué?— Ariadne se imagino lo peor, —¿Él está...?

—No. Él se encuentra fuera de peligro.— Yesenia la detuvo e
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