El ambiente en la velada estaba cargado de expectativa cuando Alejandro tomó nuevamente el micrófono.—Hemos visto su desempeño en la primera prueba, pero ahora viene algo más desafiante —anunció con una sonrisa calculadora—. Esta segunda prueba será un simulacro estratégico. Recuerden, no hay una única respuesta correcta. Lo importante es cómo enfrentan la crisis y qué tan bien pueden defender su propuesta.Las enormes pantallas del salón se iluminaron, mostrando una situación ficticia: una empresa tecnológica al borde de la quiebra debido a un fallo de seguridad en su sistema. El reto era proponer una solución viable que no solo estabilizara la compañía, sino que también la hiciera crecer en el mercado.Cada equipo tenía cuarenta y cinco minutos para desarrollar su estrategia.José Manuel se inclinó sobre la mesa, con el ceño fruncido.—Nos enfocaremos en lanzar un nuevo software con mayor seguridad, pero sin alarmar a los clientes. Necesitamos un plan de recuperación que evite el p
José Manuel salió del evento con pasos firmes, sintiendo que la sangre aún le hervía en las venas. Samantha iba a su lado, con el rostro marcado por la incomodidad y el fastidio.Cuando llegaron al auto, José Manuel se giró hacia ella antes de que pudiera abrir la puerta.—No vayas a decir nada —le advirtió con voz fría—. Te vas calladita.Samantha lo miró, incrédula.—¿Perdón?—Lo que escuchaste. No tengo ganas de discutir contigo, ni de escucharte quejarte por Eliana.Samantha cruzó los brazos, sintiendo cómo su orgullo se veía pisoteado.—No entiendo por qué estás tan molesto. No es como si ella fuera importante.José Manuel apretó la mandíbula y abrió la puerta del auto sin responder. No quería seguir con esa conversación. No ahora.El trayecto a casa fue tenso y silencioso. Samantha miraba por la ventana, sin decir nada, y José Manuel mantenía los ojos fijos en la carretera, tratando de ignorar la punzada en el pecho cada vez que la imagen de Eliana con Isaac se colaba en su ment
Eliana despertó temprano con la cabeza aún llena de pensamientos inconclusos. La velada de la noche anterior no solo le había traído tensión, sino que también había reabierto heridas que ella creía cerradas.Se levantó con pesadez, tomó una ducha larga y se vistió con un traje elegante. Hoy tenía una reunión importante en la empresa para recibir más detalles sobre la competencia. Pero antes de salir, su celular vibró.Era un mensaje de Isaac.Isaac: Buenos días, hermosa. ¿Lista para seguir derrotando a José Manuel?Eliana sonrió levemente y respondió:Eliana: Más que lista. Nos vemos en la empresa.Apenas llegó a la oficina, notó que el ambiente estaba más cargado de lo habitual. Sus compañeros la miraban con curiosidad, y algunos incluso le lanzaban miradas de admiración.—¡Felicidades, Eliana! —le dijo una de sus compañeras al pasar.—¿Felicidades por qué? —preguntó ella, confundida.—Por la victoria de anoche. Todo el mundo está hablando de cómo dejaste en ridículo a José Manuel.E
Eliana estaba revisando los documentos en su escritorio cuando escuchó el sonido de unos nudillos golpeando la puerta.—Pasa —dijo sin levantar la vista.La puerta se abrió y la inconfundible voz de Isaac rompió la tensión en la habitación.—¿Molesto?Eliana levantó la mirada y, por primera vez en toda la mañana, permitió que una pequeña sonrisa se formara en sus labios.—Me asustaste con esa llamada, ¿qué pasó?Eliana lo miró fijamente, sintiendo una mezcla de frustración y determinación.—Ya sé por qué José Manuel me sacó del proyecto.Isaac frunció el ceño y dejó el café sobre el escritorio.—Dime que no es tan absurdo como imagino.Eliana soltó una risa amarga.—Es peor. Le hicieron creer que le fui infiel.Isaac parpadeó un par de veces antes de soltar una carcajada incrédula.—¿En serio? ¿Eso fue todo lo que necesitó para destruir tu carrera y darte la espalda?—Sí. Alguien manipuló unas fotos y las usó para hacerle creer que estuve con otro hombre en un hotel. Y él, sin pensarl
Samuel observó a Isaac con curiosidad y, tras unos segundos de silencio, sonrió con entusiasmo.—Eres muy guapo —soltó sin filtro, mirando a Isaac de arriba abajo—. Me caes bien, tienes buena vibra.Eliana no pudo contener la risa. Samuel siempre tenía una forma espontánea y natural de decir las cosas, lo que hacía que cualquier situación tensa se aligerara, al menos por un instante.Isaac, divertido, se inclinó un poco hacia el niño y le guiñó un ojo.—Y tú eres un niño encantador. No me sorprende que Eliana te quiera tanto.La sonrisa de Samuel se amplió, pero la expresión de José Manuel se endureció aún más. Sus manos se cerraron en puños y su mandíbula se tensó.—Samuel, vámonos —ordenó con un tono firme y seco.El niño frunció el ceño y giró la cabeza hacia su padre.—Pero ¿por qué? Apenas nos encontramos con Eliana y su amigo.—No es su amigo —espetó José Manuel con una dureza que hizo que Eliana alzara una ceja.Samuel ignoró la mala actitud de su padre y, en cambio, sonrió amp
Subieron al auto en silencio. Mientras Isaac arrancaba, Eliana miró por la ventana y su mente se llenó con la imagen de José Manuel. Había visto su expresión cuando Samuel mencionó el anillo. Su mandíbula apretada, su mirada oscura, el leve temblor en sus dedos…—José Manuel pensó que estoy comprometida contigo —dijo de repente, más para sí misma que para Isaac.Él sonrió con diversión.—Y no lo corregiste.Eliana giró la cabeza para mirarlo con una ceja arqueada.—¿Debería haberlo hecho?Isaac se encogió de hombros con un aire despreocupado.—No sé. ¿Te gustó verlo molesto?Eliana no respondió de inmediato. En el fondo, había algo en la reacción de José Manuel que le provocaba una extraña satisfacción. Pero no lo admitiría.—No es importante —dijo al final—. Lo que importa es lo que venga después.Isaac la miró de reojo, notando el brillo determinado en sus ojos.—¿Qué piensas hacer?Eliana sonrió con confianza.—Seguir con mi plan. Encontrar pruebas contra Samantha y demostrar mi in
El sonido del mecanismo al abrirse resonó en la quietud de la habitación. Con movimientos lentos pero decididos, sacó un pequeño cofre y lo llevó hasta su escritorio.Al abrirlo, sus dedos encontraron una caja de terciopelo negro. La sostuvo con firmeza por unos segundos, como si su peso fuera mayor de lo que realmente era. Finalmente, la abrió.Ahí estaba.Una argolla de compromiso con un diamante impecable brilló bajo la luz. Había mandado a hacer ese anillo para Eliana, con su piedra favorita y una inscripción en el interior: "Para siempre juntos."José Manuel sintió un nudo en la garganta. Apretó la caja con fuerza hasta que sus nudillos se pusieron blancos.Recordó que él había planeado darle esa argolla a Eliana y pedirle que pasarán el resto de sus vidas juntos, una vez terminará el.oroyecto de la universidad . Quería construir algo con ella, quería que fueran un equipo en todos los sentidos.Pero todo se había arruinado.Él mismo lo había destruido.Por su maldita desconfianza
Eliana e Isaac seguían conversando tranquilamente en el café gourmet. La atmósfera del lugar era relajante, con un aroma a café recién molido y postres finos expuestos en una vitrina cercana.—Lo que me sigue sorprendiendo —dijo Isaac, con una sonrisa juguetona— es que, a pesar de todo lo que José Manuel hizo, todavía te tomes el tiempo de querer demostrar tu inocencia.Eliana suspiró y removió su café con la cucharita.—No es por él, Isaac. Es por mí. No voy a permitir que me difamen de esa manera y que la gente crea que soy una mentirosa o una traidora.Isaac asintió, respetando su determinación.—Entonces espero que lo desenmascares pronto —dijo con picardía—. Porque quiero ver su cara cuando se dé cuenta de lo que perdió.Eliana iba a responder, pero su celular vibró sobre la mesa. Revisó la pantalla y vio que se trataba de una llamada importante.—Dame un segundo —dijo antes de contestar—. ¿Aló?Isaac la observó mientras ella escuchaba atentamente al otro lado de la línea. En cua