Eliana estaba revisando los documentos en su escritorio cuando escuchó el sonido de unos nudillos golpeando la puerta.—Pasa —dijo sin levantar la vista.La puerta se abrió y la inconfundible voz de Isaac rompió la tensión en la habitación.—¿Molesto?Eliana levantó la mirada y, por primera vez en toda la mañana, permitió que una pequeña sonrisa se formara en sus labios.—Me asustaste con esa llamada, ¿qué pasó?Eliana lo miró fijamente, sintiendo una mezcla de frustración y determinación.—Ya sé por qué José Manuel me sacó del proyecto.Isaac frunció el ceño y dejó el café sobre el escritorio.—Dime que no es tan absurdo como imagino.Eliana soltó una risa amarga.—Es peor. Le hicieron creer que le fui infiel.Isaac parpadeó un par de veces antes de soltar una carcajada incrédula.—¿En serio? ¿Eso fue todo lo que necesitó para destruir tu carrera y darte la espalda?—Sí. Alguien manipuló unas fotos y las usó para hacerle creer que estuve con otro hombre en un hotel. Y él, sin pensarl
Samuel observó a Isaac con curiosidad y, tras unos segundos de silencio, sonrió con entusiasmo.—Eres muy guapo —soltó sin filtro, mirando a Isaac de arriba abajo—. Me caes bien, tienes buena vibra.Eliana no pudo contener la risa. Samuel siempre tenía una forma espontánea y natural de decir las cosas, lo que hacía que cualquier situación tensa se aligerara, al menos por un instante.Isaac, divertido, se inclinó un poco hacia el niño y le guiñó un ojo.—Y tú eres un niño encantador. No me sorprende que Eliana te quiera tanto.La sonrisa de Samuel se amplió, pero la expresión de José Manuel se endureció aún más. Sus manos se cerraron en puños y su mandíbula se tensó.—Samuel, vámonos —ordenó con un tono firme y seco.El niño frunció el ceño y giró la cabeza hacia su padre.—Pero ¿por qué? Apenas nos encontramos con Eliana y su amigo.—No es su amigo —espetó José Manuel con una dureza que hizo que Eliana alzara una ceja.Samuel ignoró la mala actitud de su padre y, en cambio, sonrió amp
Subieron al auto en silencio. Mientras Isaac arrancaba, Eliana miró por la ventana y su mente se llenó con la imagen de José Manuel. Había visto su expresión cuando Samuel mencionó el anillo. Su mandíbula apretada, su mirada oscura, el leve temblor en sus dedos…—José Manuel pensó que estoy comprometida contigo —dijo de repente, más para sí misma que para Isaac.Él sonrió con diversión.—Y no lo corregiste.Eliana giró la cabeza para mirarlo con una ceja arqueada.—¿Debería haberlo hecho?Isaac se encogió de hombros con un aire despreocupado.—No sé. ¿Te gustó verlo molesto?Eliana no respondió de inmediato. En el fondo, había algo en la reacción de José Manuel que le provocaba una extraña satisfacción. Pero no lo admitiría.—No es importante —dijo al final—. Lo que importa es lo que venga después.Isaac la miró de reojo, notando el brillo determinado en sus ojos.—¿Qué piensas hacer?Eliana sonrió con confianza.—Seguir con mi plan. Encontrar pruebas contra Samantha y demostrar mi in
El sonido del mecanismo al abrirse resonó en la quietud de la habitación. Con movimientos lentos pero decididos, sacó un pequeño cofre y lo llevó hasta su escritorio.Al abrirlo, sus dedos encontraron una caja de terciopelo negro. La sostuvo con firmeza por unos segundos, como si su peso fuera mayor de lo que realmente era. Finalmente, la abrió.Ahí estaba.Una argolla de compromiso con un diamante impecable brilló bajo la luz. Había mandado a hacer ese anillo para Eliana, con su piedra favorita y una inscripción en el interior: "Para siempre juntos."José Manuel sintió un nudo en la garganta. Apretó la caja con fuerza hasta que sus nudillos se pusieron blancos.Recordó que él había planeado darle esa argolla a Eliana y pedirle que pasarán el resto de sus vidas juntos, una vez terminará el.oroyecto de la universidad . Quería construir algo con ella, quería que fueran un equipo en todos los sentidos.Pero todo se había arruinado.Él mismo lo había destruido.Por su maldita desconfianza
Eliana e Isaac seguían conversando tranquilamente en el café gourmet. La atmósfera del lugar era relajante, con un aroma a café recién molido y postres finos expuestos en una vitrina cercana.—Lo que me sigue sorprendiendo —dijo Isaac, con una sonrisa juguetona— es que, a pesar de todo lo que José Manuel hizo, todavía te tomes el tiempo de querer demostrar tu inocencia.Eliana suspiró y removió su café con la cucharita.—No es por él, Isaac. Es por mí. No voy a permitir que me difamen de esa manera y que la gente crea que soy una mentirosa o una traidora.Isaac asintió, respetando su determinación.—Entonces espero que lo desenmascares pronto —dijo con picardía—. Porque quiero ver su cara cuando se dé cuenta de lo que perdió.Eliana iba a responder, pero su celular vibró sobre la mesa. Revisó la pantalla y vio que se trataba de una llamada importante.—Dame un segundo —dijo antes de contestar—. ¿Aló?Isaac la observó mientras ella escuchaba atentamente al otro lado de la línea. En cua
Eliana estaba inmersa en su trabajo, concentrada en la pantalla de su computadora mientras sus dedos tecleaban rápidamente. La luz suave de la tarde se filtraba por la ventana de su oficina, iluminando el espacio con un tono dorado. De repente, el sonido vibrante de su teléfono la sacó de su ensimismamiento. Con un suspiro, apartó la mirada de la pantalla y tomó el dispositivo. Al ver el nombre que aparecía en la pantalla, una sonrisa espontánea iluminó su rostro.—¡Samuel! —respondió con alegría, llevándose el teléfono al oído—. ¿Cómo estás, cariño?—¡Eliana! —exclamó el niño al otro lado de la línea, su voz llena de entusiasmo—. ¿Estás ocupada?Eliana se recostó en su silla, relajándose por un momento. La voz de Samuel era como un bálsamo para su día ajetreado.—Para ti siempre tengo tiempo —dijo con ternura, jugueteando con un bolígrafo que estaba sobre su escritorio—. ¿Cómo te fue en la escuela hoy?—Bien, aunque fue un poco aburrido —respondió Samuel con sinceridad, haciendo una
Esa noche, Eliana estaba en su casa, sentada en el sofá con su computadora portátil sobre las piernas. Había estado trabajando en su propuesta para el concurso de innovación tecnológica durante horas, pero por más que lo intentaba, no lograba encontrar la inspiración que necesitaba. El premio era tentador: una colaboración directa con la empresa de Alejandro Salazar, uno de los empresarios más influyentes del sector tecnológico. Ganar ese concurso no solo le daría visibilidad, sino que también podría abrirle puertas que hasta ahora parecían difícil de alcanzar a pesar de su gran imperio.El sonido de la puerta abriéndose la sacó de sus pensamientos. Isaac entró con una bolsa de comida en una mano y una botella de vino en la otra.—¡Hola, vecina! —dijo con una sonrisa—. Traigo cena. Pensé que podrías necesitar un descanso.Eliana sonrió, agradecida. Isaac vivía en los apartamentos de al lado, y aunque ambos tenían sus propias vidas, siempre encontraban momentos para compartir. Era uno
Mientras José Manuel intentaba concentrarse de nuevo, su teléfono vibró sobre el escritorio. Al ver el nombre en la pantalla, se enderezó de inmediato: “Alejandro Salazar”. No era común que el propio Alejandro lo llamara directamente. Con un nudo en el estómago, deslizó el dedo para responder.—Buenas noches, señor Salazar —dijo, tratando de sonar profesional.—José Manuel —respondió Alejandro, con una voz calmada pero firme—. Espero no molestarte a esta hora.—Para nada, señor. ¿En qué puedo ayudarle?—Estoy revisando las propuestas preliminares para el concurso, y quería saber cómo va tu proyecto. Sé que tienes un historial impresionante, y confío en que estás preparando algo extraordinario.José Manuel tragó saliva. No podía admitir que estaba atascado, que los recuerdos de Eliana lo distraían constantemente.—Estoy trabajando en algo prometedor —dijo, eligiendo sus palabras con cuidado—. Un sistema que combina inteligencia artificial y automatización para optimizar procesos indust