Liah entra al edificio del consejo, sorprendiéndolos, pues están llevando a cabo una reunión en contra de los híbridos. Intentan disimular frente al zolleb, pero su postura defensiva es evidente a leguas.—¿Todo bien por acá? —inquiere Liah mientras los observa a todos con una mirada inquisitiva.El líder hace una pequeña reverencia, seguido por los demás.—Más o menos, Liah —responde él, un poco nervioso—. ¿Qué te trae por acá?—Seré directo y sin rodeos: quiero llegar a un acuerdo con respecto al asunto de los híbridos —declara con firmeza, sin quitarles la mirada de encima—. Sé que yo provoqué este caos al pedir que no enviaran a mi hija al continente humano, pero tuve razón. Ella ya no pertenecía allí.» Llegamos a un acuerdo que ustedes rompieron, pues era evidente que mi hija y mi yerno se iban a reproducir. Entiendo sus preocupaciones acerca de la pureza de su raza, y créanme que estoy de acuerdo con ello. Después de todo, soy el encargado de mantener la armonía en la naturalez
Raj da un paso al frente, pero los guerreros desenfundan sus armas y lo bloquean de inmediato.—¡Sandeces! —exclama Raj, indignado—. No pueden destituirnos sin un juicio justo. Esto es un acto de tiranía. Iré yo mismo a hablar con el alfa para demostrar que todo esto no es más que un malentendido.—Tenemos órdenes de llevarlos al calabozo —replica el cabecilla con una mirada gélida y amenazante.En ese momento, una multitud comienza a congregarse alrededor. Los gritos y abucheos se alzan como una ola:—¡Fuera los híbridos! ¡Fuera los híbridos!Legna y Dylan se miran con inquietud, sus ojos reflejan la creciente tensión de la situación.—Dyl, esto es una trampa —susurra Legna, llevándose la mano al vientre de manera instintiva—. Si uso mi poder contra ellos, lo usarán como prueba de que los híbridos somos peligrosos.Dylan, entendiendo el peligro latente, asiente en silencio y, con un expresión alerta y desafiante, escanea su alrededor como si analizara el escenario en el que se encuen
Liah, acompañado de Tron y unos diez guerreros experimentados en batalla, aparece en la sede principal de Luna de Hierro, en uno de los tantos pasillos que conectan las oficinas y pisos de aquel inmenso edificio.Avanzan con sigilo, concentrados en su objetivo: encontrar a la intrusa que ha tomado el mando, haciéndose pasar por un miembro de la familia de Tron.—Esto está muy mal... —masculla Tron, mirando a su alrededor con evidente alerta.—Si el rey de los zollebs decide desenmascarar a esa usurpadora, entonces está bien. Yo soy el justiciero aquí —se excusa Liah con una tranquilidad irritante.—¡Con un demonio, Liah! —estalla Tron—. Estamos irrumpiendo en una manada ajena. ¿Qué parte de esto puede estar bien?Sin inmutarse, Liah abre la puerta de la oficina principal, sorprendido por el absoluto silencio que reina en los alrededores. Ni un alma a la vista. Ningún guerrero aparece para detenerlos. Todo es tan extraño que sus sospechas crecen aún más.—No hay nadie aquí... —balbucea
Liah, junto a los demás, aparece en la plaza de Luna de Hierro. El tumulto que había dejado sigue tal cual, ocasionando un caos por doquier.El cielo, como si presagiara que algo oscuro está sucediendo, acompaña al momento caótico con un tono completamente gris y un viento gélido que denota mortandad y melancolía.Dylan observa los edificios gigantes y en mal estado, y una sensación extraña le recorre la piel. Él nunca antes había estado en la manada donde su padre y madre lo procrearon, pues Otsana huyó de allí cuando estaba embarazada de él.Se siente extraño estar justo ahí, en el lugar donde la historia de amor de sus padres empezó, pero que también estuvo a punto de culminar de la peor manera.—Llamaré a Tron y a los guerreros por medio de telepatía —les avisa Liah, sacando a Dylan de su trance.—Bien... —masculla Legna mientras mira a su alrededor, curiosa—. ¿Qué pasó aquí? —inquiere con asombro.—Me pregunto lo mismo —responde Liah—. Espero que los guerreros tengan información
Junto a los guerreros de Tron, Dylan y Legna llegan a la casa principal de la manada. Los hombres, convertidos todos en lobos, la rodean de forma estratégica y cautelosa, buscando una brecha para acceder a ella.Mientras tanto, Legna, suspendida en el aire, revisa la protección. Ella informa a Dylan, por medio del vínculo, cuántos guerreros hay en cada entrada que pudieron ocupar, su ubicación exacta y el tipo de armas que portan.Ella le guiña un ojo, y el lobo asiente con complicidad. Legna extiende sus manos en dirección al primer grupo que hace guardia, de donde salen descargas eléctricas que impactan contra ellos.Dylan da la señal a los guerreros que están en esa área, y ellos entran cuando el portón cede gracias a la habilidad de Legna. Ella repite la acción en diferentes puntos estratégicos, dándole entrada a los demás guerreros.Los ojos de Legna brillan y, tras tensionar su cuerpo por unos minutos, la puerta principal se rompe en pedazos frente a Dylan. Él no pierde ni un se
Uno de los líderes que también iba a ser ajusticiado toma la palabra. Su presencia capta la atención de todos, pues es respetado en la manada:—Estos chicos, junto a sus acompañantes, han liberado a Luna de Hierro de una de las brujas que nos aprisionaron. Lamentablemente, no pudieron salvar al beta porque ya había sido asesinado cuando ellos vinieron a nuestro rescate, pero nos salvaron a todos nosotros, y ahora somos libres.» Para los que estuvimos bajo el mando de Tron décadas atrás, es obvio quién es este chico, pues es la viva imagen de su padre. Él es el verdadero heredero de Luna de Hierro, el hijo del alfa que nos puso en la cima entre todas las demás manadas, pero que fue exiliado porque le tendieron una trampa, además de los prejuicios contra su mate.—¿Eres el hijo del alfa Tron? —lo aborda una mujer, observándolo sorprendida. Su mirada lo recorre de arriba a abajo, como si buscara alguna pista en su figura.—Sí, soy el primogénito del alfa Tron, y ella —rodea el hombro de
La lucha entre los guerreros de Riú y los invasores se lleva a cabo en un territorio algo alejado de la manada Fuerza de Bronce, pero que conduce hacia allí de forma directa.Gracias a que fueron informados a tiempo, y gracias también a la habilidad de Alexa y los zollebs que la acompañan, han logrado interceptarlos con éxito e impedir que ataquen a la manada.El fuego de los zollebs arrasa con gran parte de los guerreros enemigos. Los alaridos y gritos se mezclan con los golpes, los estruendos y el impacto de las espadas al chocar.Alexa cierra los ojos y, con las manos extendidas hacia el frente, aprieta los puños con fuerza mientras tensa su cuerpo. Un grito de batalla sale de su boca y se sincroniza con el rugido de la tierra, que se levanta debajo de los pies de sus enemigos y se los traga.Mientras tanto, en las manadas de todas las regiones se envían pruebas de que no fueron los zollebs quienes provocaron la plaga, sino que todo fue una trampa de la usurpadora. Las pruebas adju
Legna se remueve en la cama con inquietud. La sábana que la cubre empieza a humedecerse debido a su sudor. Sus brazos y piernas se mueven de un lado a otro mientras suelta algunos quejidos incómodos.Dylan, quien ha regresado de una reunión con los líderes principales de Luna de Hierro que sobrevivieron, sale del baño envuelto en una toalla, con el cuerpo y el cabello aún mojados.Observa a Legna con preocupación al percibir su incomodidad y se acerca a ella.—Lobita traviesa... —susurra, pasándole la mano por la frente—. Estás sudorosa...Su mirada se fija en el acondicionador, por si su percepción de la temperatura estuviera errada, pero parece estar funcionando con normalidad.—¿Será la incomodidad del embarazo...?Dylan no termina de hablar porque siente un dolor de cabeza punzante, y un pitido estalla en sus oídos, lo que provoca que se encorve sobre la cama y suelte un quejido de dolor.Varios susurros se escuchan en su mente: diferentes voces y zumbidos que hablan al mismo tiem