No sé por qué se me ha cruzado por la cabeza decirle al hermano de Matt que es mi novio.
Creo que fue por la desesperación de la ocasión. Jamás creí que diría que un hombre tanguapo como Matt es mi pareja.Me siento nerviosa.¿Cómo me he atrevido a decir algo así? Sé qué él es mi esposo en algún recuerdolejano, pero por el momento me siento una completa desconocida, incluso me sientoofendidísima porque él no me ha dicho que aquella es su fiesta de cumpleaños. Dios mío,no le he dado un regalo. Me siento mal y culpable. Quiero regañarlo por no avisarme.—Cariño —se acerca un poco y posa su mano en mi espalda—, iré a charlar un rato conMax. No me tardo. —Me da un beso en la mejilla.Max se despide de su mujer con un tierno beso.Ambos hombres se marchan y se pierden entre la multitud.La belleza masculina de los hermanos Voelklein me deja fascinada.—Disculpa el descaro de mi pregunta, pero ¿tú eres la hija de Afrodita? Eres bellísima—meMe río a carcajadas con cada voltereta que Matt me da en el baile. Es un vals. La mayoríade las parejas bailan su compás. Un, dos, tres. Un, dos, tres.Matt es un tronco haciéndolo, pero puedo guiarlo a la perfección con mis manossujetadas a las suyas con los brazos algo extendidos. Dios, que hombre tan serio, apenasse mueve.—Matt, es la cuarta vez que me pisas —lo regaño entre risas.—Soy un asco para estas cosas —masculla molesto consigo mismo y mira a sualrededor—. Se me dan mejor otras cosas.—¿Acaso un hombre poderoso no puede bailar un simple vals? Que injusta es la vida.—No, pero puedo hacer que una chica sea mi novia sin siquiera pedírselo —contrataca yagacha la mirada para observarme a la cara.Trago con fuerza y aparto los ojos.«Mierda».—Me he precipitado, no se ilusione. Yo debería saber la fecha de cumpleaños de lapersona a la que estoy conociendo, ¿no cree? Digo, no me lo ha dicho. Pude haberlecomprado un regalo. A
—Siglos atrás, Perséfone, la hija de Zeus y Deméter, estaba recogiendo flores en unprado cuando Hades irrumpió por sorpresa y la raptó con su carro para que fuese su reinaen el Inframundo. Hermes actúa como psicopompo con la función de conducir las almas delos difuntos. Un psicopompo es un ser que en las mitologías o religiones tiene el papel deconducir las almas de los difuntos hacia la ultratumba, cielo o infierno. Hades, tras muchotiempo en su palacio, se sentía solo, puesto que ninguna mortal ni diosa quería vivir en unlugar tan oscuro y triste. Por ello, un buen día, o malo, según se mire, Hades empezó abuscar candidatas a reinas del Inframundo. Por supuesto, sin contar con su opinión. Así sefijó en una bella joven de nombre Perséfone, hija de su hermana, Deméter, diosa de laagricultura, entre otras cosas. Las fortalezas de Hades incluyen su riqueza de la tierra,especialmente los metales preciosos, persistencia y determinación. Sus debili
Enterraré a mi gata en medio de un bosque al final de Santa Mónica. La llevo dentro de unacaja blanca de cartón junto a una pala que me prestó Patrick y un crayón rosa para escribir“Ronny, te quiero” en la tapa.Lo hago mientras lloro.Estoy en estado de shock. La ira también está presente.No puedo creer que me despido de mi gatita, la cual le prometí que juntas tendríamosuna casa enorme cuando triunfara como escritora. Todos nuestros sueños hechos añicos,separadas por un maldito imbécil egoísta.Un cerdo egoísta al cual quiero bajo tierra, donde pertenece.El viento otoñal es molesto. Enfría las lágrimas espesas que manchan mis mejillas.Clavo la pala en la tierra con rencor.Una mano me la quita antes de clavarla de nuevo.—Permíteme, Amy —me dice Patrick con cariño.Le cedo el mango.Empieza a cavar un pozo lo suficientemente profundo como para enterrar a Ronny, miRonny.Recuesto mi espalda en uno de los árboles.—¿Un paro
—¿Puedo preguntarte cómo conseguiste la dirección de mi casa? —cuestiona Ada conun aire tranquilo pero confuso.Entretanto, me sirve un vaso con agua.—Artemisa me la dio —le confieso algo apenada por aparecer de forma tan repentina ensu vivienda—. Mejor dicho, se la exigí.Estamos en su cocina, la cual es amplia, pero no tiene medidas exagerada. Posee unestilo clásico con muebles color crudo. Cuenta con dos piletas, dos hornos, una granheladera y una gran isla central, en la que estamos sentadas sobre las butacas altas.Ada y Max viven en una mansión enorme, tan acogedora como romántica.En la cocina hay grandes ventanales que salen directo al patio trasero. El cieloparcialmente nublado se extiende en él. El anochecer está por caer. Incluso su patio estálleno de hojas secas por el inicio del otoño y su baja temperatura. Con un clima así, megustaría estar metida en mi cama con una taza de café y mirando una película románticapara mimeti
La hora de dormir llegó, pero no en mi apartamento.La hija de Afrodita y su esposo me ofrecieron el cuarto de invitados para pasar la nochedebido a que ya es demasiado tarde. El frío parece no dar tregua. Aunque insistí en que noera necesario y en que tomaría un taxi hasta casa, fue en vano. Su insistencia me arrancóun sí.Literalmente no dejaron marchar a Matt, que vino en su Ram. Su hermano lo obligó apasar la noche en su enorme casa solo por esta vez. Sé que Matt se quedará sin problemassolo para contentar a sus hermanos, pero el inconveniente es que yo me quedaré bajo el mismo techo que él cuando horas atrás dimos por finalizada nuestra relación. No solo esincómodo, es una horrible comedia romántica.Ya pasan las once de la noche cuando Ada y Max se marchan a su habitación luego dedarme ropa para dormir y toallas por si deseo darme una ducha.Camino por el pasillo de la segunda planta ya a oscuras, cuando escucho pasos detrásd
Cierro la puerta del coche de Matt de un portazo y me cruzo de brazos furiosa. Me hepuesto los lentes de sol en un intento de escudo para no verlo. Sí, es algo absurdo perobueno. Otra cosa no se me ocurrió para viajar con él cinco malditas horas.Matt es un hombre que a veces puede amanecer frío y distante. Luego es el tipo másdivertido del mundo con sus respuestas irónicas y sarcásticas.Y hoy está en ese estado; se burla de mí.Eso no me hace gracia, me indignaba. Él me dejó y ahora actúa como si nada.Realmente es horrible cuando alguien es capaz de cambiar tu estado de ánimo.«Maldito señor músculos y cara tallada por los mismos dioses».Sube al coche con aire arrogante y me roba los lentes de sol de un tirón y se los pone.—¡Oye! —lo regaño malhumorada—. ¡Son mis lentes!—Me quedan mejores a mí —gorjea mientras se observa en el espejo retrovisor—.Maldición, soy guapísimo.Y lo que más me da rabia es que tenga razón.Incluso resalta
—No es necesario que usen ese espejo para hablar conmigo.Por poco Matt y yo nos morimos del susto cuando vemos a una mujer aparecerse en laesquina de la cocina con un vestido blanco de mangas largas algo desgastado por el uso yde cabello pelirrojo trenzado. Su rostro es angelical y relajado, como si no hubierapreocupación alguna en ella. No sé quién es, pero tampoco me da esa sensación de miedo.Es decir, ha ingresado sin necesidad de hacerlo por la puerta y no me he ensuciado lospantalones. Todas las diosas son iguales en los rasgos faciales o en sus apariencias, peroella… ella es tan joven y radiante.Matt toma mi mano en señal de protección, se pone de pie y la mira con la bocaentreabierta.—Perséfone —musita maravillado.La mujer nos sonríe agradable.«Por todos los cielos que posee el Olimpo».—Estás tan grande que apenas puedo reconocerte, Matt —expresa—, pero un jovencomo tú ha sufrido más que cualquier dios en este mundo. Lam
Un año y meses despuésLa firma de libros ha sido un éxito.Me siento satisfecha y contenta. Ha sido una experiencia maravillosa, de esas en la quesientes que has cumplido uno de tus más grandes sueños.He tenido una cola larguísima de lectores que se han tomado la molestia de venir consus libros pegados a sus pechos para esperar una hora fuera la tienda y así ingresar paradecirme las palabras de aliento más hermosas, obtener mi firma y una fotografía conmigopara subirla a las redes sociales.Aunque mi primer libro fue un rejunte de relatos eróticos que tuvo un gran prestigio en elmercado editorial, fue superado en ventas y lectores por mi segundo libro llamado Soy unaSugar baby. Allí cuento la historia de amor de Ada Gray y Max Voelklein. Esa historia fue unéxito en ventas. Desde luego, ellos han obtenido sus regalías correspondientes.Aunque mi nombre es Amy Steele, he registrado mis libros con el seudónimo FlorenciaTom.He selecci