Durante toda la noche Clarisse no pudo dormir. Temía que, si cerraba los ojos sería atacada cuando más vulnerable estaba, aunque siendo sincera, siempre estuvo indefensa desde que se enteró del embarazo.Miró a través del ventanal que ocupaba toda una pared, tenía vista hacia el océano, más allá de un gran campo verde y hermoso. El cristal estaba empañado, mientras la lluvia torrencial golpeaba la zona con fuerza. Así ha estado desde la madrugada y por lo visto, el clima no tenía ningún interés en cambiar por lo que restaba del día.Salió de la cama e inspeccionó el resto de la habitación. El lugar lucía impecable cómo era de esperarse, la decoración era una mezcla entre minimalista y victoriana. Las paredes eran de un tono celeste con columnas grisáceas que tenían grabados en ellas y las cortinas blancas era sostenidas para dejar entrare la luz natural. Los muebles eran sencillos, madera blanca y cojines azules con patrones platinados, y una araña de cristal colgaba desde el techo.Fu
―¡No es su decisión! ―irrumpió, abriendo las puertas de par en par, tomándolos por sorpresa a todos―. Es mi bebé de quién están hablando y ninguno de ustedes tiene derecho a elegir qué hacer con él y, en definitiva, tú menos. Me da muy igual el problema en el que están metidos o quienes sean, nadie va a arrebatarme a mi bebé.―Cuida cómo nos habla, señorita ―le advirtió Macon.―¡Cierra la boca Darren o cómo sea que te llames! ―rugió―. Si estás tan dispuesto a matarme, entonces te invito a que lo hagas justo aquí y frente a todos.―No me tientes… ―se levantó, pero un golpe en la mesa lo detuvo de continuar.―¡Vuelve a tu lugar! ―le ordenó Brion duramente. Sus ojos ardiendo en llamas ocres y a regañadientes el otro obedeció―. Este no es tu lugar, Clarisse. Regresa a tus aposentos antes de que considere mantenerte bajo llave indefinidamente.La manera tan hostil cómo la veía le causaba inquietud, pero ya se había atrevido a interrumpirlos y retó a uno de ellos, debía seguir para defender
―¿Brion? ―llamó Ottis al entrar en la oficina de este―. Debemos retirarnos. Hemos estado fuera por mucho tiempo, los niños necesitan de nuestra tención.―Por supuesto, lo entiendo. El vehículo los esperará donde siempre ―ni siquiera le regresó la mirada.Ottis se percató de que el príncipe heredero estaba distraído entre sus cavilaciones, tal vez aún meditando en la decisión que seguía sin tomar. Y podía imaginarse cómo se sentía, un día peleas por un país y al otro descubres que tu expareja espera un hijo tuyo.Sin duda es un duro golpe.―No es sencillo, ¿sabes? ―el pelinegro lo miró sin saber a qué se refería―. Cuando me comprometí con Serena estaba asustado, conocía muy bien la reputación de su familia y sabía que tendría que encajar de una u otra manera. La verdad no sé si fue buena o mala suerte que haya sido elegido para ser su compañero, pero de lo que estoy seguro es que todo lo demás valió la pena. En especial cuando llegó Gideon a nuestras vidas. Pensé que sería fácil, pero
Cuando la puerta del avión privado se abrió encontró varios vehículos esperando por ella y sus acompañantes. Aún no estaba segura de en donde estaban, pero siguió las indicaciones de Otto, a quien enviaron para ser su guía en ese lugar. Lo único que Serena podía hacer era mirar por la ventana cómo la lluvia caía sin piedad.Durante su viaje notó que Otto, el caballerizo de su madre, recibió una llamada breve. La chica quiso saber quién estaba del otro lado de la línea, pero era claro que él no le diría nada, aunque se lo ordenara. La llevaron a ese lugar sin darle alguna instrucción, lo único que sabía era que los Garra Violeta irían con ella.―¿Ya puedo saber dónde me encuentro? ―preguntó molesta.Otto la miró y guardó el teléfono en su saco.―Se encuentra en la ciudad de Seattle, Estados Unidos, alteza ―reveló y apuntó con la mano a la ventana. Serena vio nuevamente y esta vez encontró una estructura enorme con forma esférica que resaltaba entre las demás―. Sea bienvenida a la ciuda
Otto se acercó con una laptop en mano, tomó la memoria USB y la conectó. Dejó el computador en la mesilla ratonera, justo frente a la princesa y se hizo a un lado.―Ellos son el objetivo. Es la razón por la cuál usted está acá, princesa.―¿Y quienes son? No los reconozco para nada.―Glen y Rose O’Nelly, y su hijo, Brennan O’Nelly. Su madre desea que los retenga hasta que se le indique que puede finiquitar el trato.―¿Trato? Pero acá no hay información de que sean personas importantes o con poder de algún tipo, ¿por qué querría que los matase? ―cuestionó.―Desconozco las razones de su padre para pedir eso, sin embargo, fue muy clara. Usted debe estar a la cabeza.―¿Significa que ahora tengo el mando? ―él asintió y ella se puso de pie―. Entonces quiero el teléfono. Llamaré a mi esposo y hablaré con mis hijos.Otto mostro un semblante calmado ante sus anfitriones.―Su madre espera que usted cumpla exitosamente con la tarea que le ha encomendado. Por lo que ella consideró que cualquier ac
―Gracias, Galen. Cuando regrese dile que me llame ―pidió Rose, afablemente.―Por supuesto, se lo diré apenas la vea ―se despidieron y dieron por finalizada la llamada. De pronto el rubio soltó un suspiro profundo y se pasó la mano por la cara―. Mierda, no imaginé que mentir sería tan difícil. Sentía que el corazón se me iba a salir por la boca en cualquier momento, ¡que estrés! ¿Has logrado dar con la clave de esa cosa?―No, ni idea de cuál contraseña usó Clarisse. Ya intenté con nuestros cumpleaños, su exaniversario con Brion, incluso con la fecha que tuvo su primer periodo y nada.―¿Qué? ¿Por qué rayos usaría la fecha de su primer periodo cómo contraseña? ―cuestionó, bastante perturbado por las palabras de la pelirroja―. Espera, ¿cómo es que sabes cuando pasó eso? La conocemos desde hace menos de diez años.Su amiga soltó un bufido y rio.―Por favor, somos mujeres. Nos contamos esta clase de cosas.―¿Y por qué a mi nadie me cuenta esta clase de cosas? ―preguntó, ofendido porque lo d
Clarisse no podía creerse que Jax estuviera hablando en serio. Parecía que no lo conocía, ese no fue el hombre con el que compartió tantos años. En antaño no habría actuado de esa manera, era un hombre que se arriesgaba y se aventuraba sin pensarlo demasiado, o eso era lo que ella creía, pues al final resultaba tenerlo todo más que planeado.No obstante, ahora no poseía ese fuego abrazador en sus ojos, la intensidad que antes tenía se ha perdido para siempre. Lucía cómo un carbón que se apagó con el tiempo y no quedó más que pena.La ojiazul extendió la mano y acarició el rostro del mayor. A él le resultó extraño, pero no se alejó y la dejó ser.―¿Qué te hicieron…?Jax bajó la cabeza y dio un paso atrás. No se sentía capaz de hablar sobre ello, ya le había costado abrirse con lo que le hicieron a Esme, pero esto era mucho peor.―No quiero hablar de eso. Lo que tienes que hacer es volver a tu habitación antes de que Brion note que no estás.―Créeme cuando te digo que Brion no podría im
―Lennon y Aisha.Brion alzó la mirada, pero siguió dándole la espalda. No era capaz de siquiera verla en el estado que se encontraba. Ya tenía bastante en su mente cómo para enfrentarse nuevamente a esa realidad.Puedo sentir a la chica detrás de él, la mirada fija esperando una respuesta que él conocía bien.―Los padres del agente Fell. Sí, los conozco ―dijo con un tono neutral.―Ya sé lo que les pasó. Tu familia…, ellos los…. ¡Ni siquiera fue asesinato! ¡Lo que les hicieron fue una abominación total! La manera en la que esa bruja los despedazó, rechazando cualquier pizca de humanidad en su ser, ella… ¡¿Cómo es posible que hayas permitido que algo así pasara?!―No fue mi culpa…―¡Son tu familia, Brion! ¡Ellos literalmente destruyeron el hogar de Jax!―¡No fue mui culpa! ―explotó, encarándola―. ¡¿Y por el hecho de que compartamos un lazo sanguíneo soy culpable igualmente de todos sus jodidos crímenes?! ¡Llevo toda mi maldita vida viendo cómo ellos le hicieron lo mismo a cientos de per