CAPÍTULO 316

No estaba seguro de que ella realmente tuviese razón.

Su mente era una trampa en la que caía constantemente, llena de demonios que ansiaban ser desatados y es por esa razón que trabajaba tanto en no perder el control ante sus arranques de ira. No entendía porqué pasaba, sólo que cuando se enojaba todo lo demás se bloqueaba y estando en el palacio era una prueba interminable a su resistencia.

Desde que llegaron no solían encontrarse mucho con el resto de sus parientes, era cómo si de alguna forma estuviese invadiéndose unos a otros.

Sin embargo, aquella mañana fue diferente.

El silencio sepulcral era el que regía en el salón comedor y es que incluso el sonido de los cubiertos era capaz de sobrepasar aquel velo tan pesado que los cubría a todos. Y realmente Daliah sentía que perdía el aliento en ese lugar.

—He recibido el último informe de las minas —rompió el silencio de pronto y al sentir la mirada de todos sobre ella se arrepintió, pero igual continuó—. La productividad ha disminuido
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