LYRA—Si lo mojas con agua caliente, las plumas salen mejor —tomé un cuenco de madera y lo sumergí en el agua hirviendo.Comencé a mostrarle, en cuclillas frente a él, lo fácil que era quitar las plumas sin llevarse medio bicho en el proceso.—Así haces menos fuerza y luego le pasas rápido una astilla con fuego y quemas esos pelos duros… ¿ves? —subí la cabeza para enfrentarme a esa mirada medianoche.Mis mejillas se sonrojaron un poco por la cercanía y la atención que me ponía.—Te puedes herir las manos, yo lo hago —habló de repente, quitándome el ave y revisándome los dedos.Mi corazoncito se sentía dulce y tenía ganas de besarlo, pero me dio vergüenza ser tan pegajosa en la mañana.El animal resultó tener más carne de lo que creía, pesaba varios kilos y mi mente estaba ideando cómo hacerla deliciosa, sin embargo, los recursos aquí no eran muchos.—Voy al río a lavarla y botar esas vísceras, ¿o te las comes?—¿Las tripas? —mi cara se contrajo solo al pensar en el contenido interior—
LYRA—¡¿Qué está sucediendo aquí, Verak?!Tocando el suelo con mis botines, el Alfa de la manada llegó impetuoso, con la hechicera y otra mujer a cuestas.Su presencia detuvo enseguida la lucha. Corrí hasta donde estaba mi macho, lleno de heridas y mordiscos de ese maldito que no jugó limpio.Al menos Drakkar le arrancó también varios pedazos a su lobo.Lo apoyé cuando se arqueó, a punto de vomitar.—Aguanta, por favor —le susurré, pasando su fuerte brazo sobre mis hombros, acariciando su espalda. Sentía el veneno revolviéndose en su interior.—¡Alfa, pedimos justicia, que se respeten las leyes de la manada!—¡CÁLLATE! —el Alfa le ordenó a uno de los guerreros, quien enseguida cerró la boca.El que había empujado por la plataforma, era recogido por otro de ellos.—¡Verak, explícame inmediatamente este escándalo!—Padre, yo solo apoyaba a estos guerreros —se transformó en su forma humana, sangrando por todos lados, su aura llena de ira se desbordaba de sus poros.—Drakkar ni siquiera c
NARRADORA—¡Me tienes harto, Verak! —el rugido del Alfa fue seguido por una fuerte bofetada.Verak aguantó estoico el golpe enfurecido de su padre, ya tenía el cuero más que acostumbrado a sus golpes.—Me gusta esa hembra, no voy a dejársela al imbécil de Drakkar —respondió en voz baja pero sin ceder.Pocas veces había desafiado la voluntad del Alfa.—¡¿Acaso eres idiota?! —los caninos de Arom estaban desenfundados, agitado de la ira que sentía, pero cualquiera podría escucharlos.Respiró profundo e intentó calmarse.—No podemos ofender a la Curandera, el poder de la manada está ligado a esa mujer, tú lo sabes, ¡no puedes arriesgarlo todo por un coño! —lo tomó de los hombros con fiereza para hacerlo enfrentarlo.Su aura de Alfa controlando con mano férrea a su cachorro rebelde.—Puedes tener a esa hembra en secreto, no serás el primero en mantener a dos mujeres, pero tu pareja frente a todos debe ser Nana —sus ojos oscuros miraban a los de su hijo que eran moldeados a semejanza suya.
NARRADORALyra corrió a la máxima velocidad que le permitían los botines.Se hundía en la tierra y sudaba a raudales, apartando las hojas anchas que impedían su paso.Atravesando los arbustos encontró, en medio de un claro, una escena que le paralizaría el corazón.Drakkar luchando a mano limpia con un enorme depredador, despiadado y poderoso, a cuatro patas, con un escudo de cuernos en la gigantesca cabeza.Al final del cuerpo de casi tres metros, una cola larga se balanceaba llena de púas peligrosas que ahora iba a atacar a traición la espalda del guerrero.—¡CUIDADO! —Lyra gritó abalanzándose sin pensarlo a la pelea.Drakkar nunca había sentido tanto miedo en su vida como cuando la vio arrojarse al peligro.Sus dos poderosas manos sostenían la mandíbula y el maxilar del Brontocérax, sus piernas musculosas se iban resbalando hacia atrás, haciendo un surco en la tierra con el empuje de la bestia frente a él.—¡CORRE LYRA! —rugió advirtiéndole, forzando a su lobo a salir a pesar de la
NARRADORA—¡Aztoria, tienes que encontrar el Aliento de Vida! ¡Siempre crece cerca de las Cassiópelas!Lyra le gritaba a su loba, agarrándose el vestido y corriendo entre enredaderas y raíces.Los árboles se estremecían a su alrededor, el sudor empapándole la piel, los animales pequeños huían a su paso, escapando del gigante a su espalda.Salta un tronco caído, esquiva una rama, agáchate y sube, todo el tiempo perseguida por la sombra del fuerte guerrero."¡Están allí, allí!" la Alfa olfateó con el viento a favor.Le llegó la esencia picante y asfixiante de las Cassiópelas, pero también del tesoro que cuidaban esas plantas peligrosas.—¡Lyra, no vayas en esa dirección, hay veneno, son plantas venenosas! —Drakkar le gritó.No sabía qué pretendía, pero esas flores rojas eran un arma mortal.—¡Sé lo que hago, sígueme por aquí! —Lyra se metió entre unos árboles gruesos y apretados que le sirvieron para frenar la carrera del Brontocérax, al menos unos segundos.Se agachó buscando como loca
NARRADORADrakkar se vio siendo arrastrado de nuevo a otra locura por la mujer que apenas y le llegaba a los pectorales.El sol ya se ocultaba y la noche caía sobre ellos; andar por la jungla a oscuras era casi un suicidio.—Yo voy delante —Drakkar la escondió a su espalda, alerta, internándose en el oscuro agujero con el olor de la bestia marcando el territorio.“¿Viste a mi macho qué sexy se veía hoy cazando? Diosa, cuando saltó del árbol…”Lyra seguía en silencio a Drakkar, en su mente Aztoria no se callaba.Pensó que le mostraría de nuevo su recuerdo de la heroica batalla; sin embargo, los ojos de su loba habían estado fijos debajo de la falda de cuero del guerrero.Lyra enrojeció frente a la “visión” de la salchicha voladora con los dos huevos.“Diosa bendita, eres una pervertida, Aztoria” le dijo, cerrando la conversación con su loba libertina.—No hay más animales y el olor a advertencia mantendrá a salvo esta cueva por un tiempo —Drakkar le dijo luego de examinar la amplia cav
DRAKKAREste agujero de agua caliente no era tan grande, pero sentía que estábamos demasiado lejos.¿Qué hacer?Viví solo desde cachorro, en la cueva comunitaria donde crían a los huérfanos, vi machos y hembras apareándose... siempre era igual.La hembra de espaldas, siendo penetrada por detrás, los animales también lo hacían de esa manera. ¿Por qué a Lyra no le gustaba así?Recordé el placer de su boca sobre mi falo, lo quiero de nuevo, deseo saber todos esos secretos que no conozco.Me voy acercando poco a poco a su espalda, su cabello mojado cae por la piel rosada, mis manos pican por tocarla, nunca había estado tan duro y excitado.Rodeo su cintura lentamente. Se siente tan pequeña, es tan suave que tengo miedo de dañarla con mi aspereza y callos.—Lyra —susurro su nombre, inclinándome sobre su hombro. Su cuerpo se estremece bajo mi toque, y eso me da seguridad.—No quise gritarte, yo… pensé que te habías arrepentido…—Me dijiste que buscara a otro macho.—No. No. Cazaré al anima
LYRASentía los pliegues estirados al límite, nuestros fluidos salpicando en cada cogida… me encantaba, no podía parar, era como mi propia droga afrodisíaca.Escalofríos de placer bajaban por mi columna, en las puertas del éxtasis, pero mi parte primitiva deseaba un último empujón.—Ah, ah, ah, córrete dentro de mí, dámelo, mi macho, dame tu nudo… mmmm… —me incorporé de rodillas, con él unido a mi espalda, bombeando desde abajo mientras me meneaba contra su pelvis.Su mano rodeó mi cuello posesivamente y la otra se enterró en mi cadera.Su boca gemía en mi oído, llevándome a los confines del placer.Sus testículos golpeaban rítmicamente contra mis nalgas, hasta que en dos o tres estocadas profundas casi son enterrados en mi hendidura.Con un gruñido ronco, sentí los calientes chorros derramarse, llenándome, complaciéndome, catapultando mi propia liberación.El sudor caía como agua, resbalando por nuestras pieles brillantes. La bruma nos rodeaba con el olor picante del apareamiento.C