PerlaLa música retumba en el club, y las luces de neón crean sombras danzantes sobre las paredes. El ambiente está cargado de emoción y energía, mientras los bailarines se mueven con una gracia hipnotizante casi desnudos, mostrando sus cuerpos fornidos y provocativos. Me encuentro en una mesa junto a Angela y Lidia, nuestras copas llenas de un licor que prometen hacer olvidar cualquier preocupación, al menos por un rato.Angela, siempre la más extrovertida del grupo, ríe a carcajadas mientras cuenta una anécdota de su último trabajo. Lidia la sigue, con su risa suave y encantadora, que complementa perfectamente la voz de Angela. Yo, en cambio, me dejaba llevar por la música y las luces, mi mente vagando más allá de la conversación, aunque sin perder detalle de las miradas y los susurros que nos rodean o los miles de invitaciones que me han llegado y que por supuesto, he estado rechazando. —¡No puedo creer que te haya pasado eso! —exclama Lidia, brindando con Angela.Sonrío, tomando
FabianoLa noche está cargada de tensión mientras la camioneta atraviesa la ciudad a toda velocidad. Las luces de los edificios pasan como destellos, apenas iluminando el interior del vehículo. Yo estoy en el asiento trasero, con la mandíbula apretada y el corazón palpitante de furia y preocupación. Mi hombre de seguridad, Miguel, está sentado a mi lado, con su mirada fija en la pantalla de su laptop. —¿La tienes localizada? —pregunto, tratando de mantener la calma en mi voz.Miguel asiente sin apartar la vista del GPS. —Sí, señor. El rastreador en el teléfono de Perla indica que está en un club nocturno a unas pocas cuadras de aquí. Es un club de strippers. ¡¿Qué?! Mi mente se llena de imágenes de Perla, su vestido rojo y su sonrisa que tantas veces me desarma mi ira. Pero esta vez es diferente. Está llena de hombres desnudos. Ha roto las reglas, y no puedo permitir que esto pase sin consecuencias.—¿Qué diablos está haciendo en un club de strippers? —murmuro para mí mismo, pero
Fabiano En mi despacho, la luz del sol entra por las ventanas, llenando la habitación con un cálido resplandor. Estoy sentado en mi sillón de cuero, repasando unos documentos cuando Leonor toca suavemente la puerta. —Adelante —digo, levantando la vista para verla entrar. Leonor se acerca, con su habitual andar seguro y su sonrisa amable, toma asiento frente a mí. Se nota la curiosidad en sus ojos, adivinando que tengo algo importante que decirle. —Buenos días, señor —saluda ella acomodándose en la silla. Esbozo una sonrisa breve de labios cerrados. —Buenos días, Leonor —le saludo de vuelta—. ¿Cómo has amanecido? —inquiero con la atención puesta en ella. —Perfecto, Fabiano —vuelve a sonreír—. ¿Tú? Levanto las cejas y expreso preocupación. —La verdad estoy molesto y a la vez, conmocionado, por lo que sucedió anoche —le comento con voz mesurada. Leonor frunce el ceño. —¿Sucedió algo? —levanta las cejas, después con confusión mira a su alrededor—. ¿Dónde está
Perla Despierto lentamente, sintiendo el suave roce de las sábanas de algodón contra mi piel. La cama es tan acogedora que no quiero levantarme y mi cuerpo se siente lleno de pesadez. Cuando abro los ojos veo un techo que no es el de mi habitación. Confundida me siento en la cama y miro a mi alrededor, es una habitación gigante y elegante, totalmente diferente a la habitación donde yo duermo, entonces un sentimiento de confusión y desconfianza me inunda. ¿En dónde estoy? Cuando volteo a mi lado derecho, me encuentro a Elisa sentada en uno de los sofás mientras me mira con una pequeña sonrisa acogedora. —Despertares… —dice ella levantándose del sofá. —¿Dónde estoy?, ¿sigo en la villa? —pregunto pestañeando. Elida se detiene a mi lado. —Sí, bambina. Estás en la habitación de Fabiano. Abro los ojos y vuelvo a mirar a mi alrededor. —¿Qué? —miro la cama y lo que llevo puesto. Estoy en la cama de Fabiano, envuelta en una bata de dormir. La luz que entra por la ventana se fil
FabianoObservo a Fiorella, Leonor y Elisa en la habitación, cada una con su propia preocupación reflejada en sus rostros, debido al escándalo que Fiorella está haciendo, y la verdad la entiendo. Pero anoche tenía que estar seguro de que Perla estuviese bien por la cantidad de droga que le suministraron, si digo que no me preocupaba estaría mintiendo. Fue fuerte lo que anoche vi en esa habitación. Sé que necesitaba hablar con Perla a solas, así que tomé una respiración profunda y me dirijo a ellas. —Fiorella, cálmate, ve a mi despacho y hablamos allá —le indico. Fiorella me mira roja por el enojo y sin decir nada, fulmina con la mirada a Perla, se da la vuelta y con pasos molestos se marcha de la habitación. Esta vez miro a Leonor y a Elisa. —Leonor y Elisa, ¿podrían dejarnos solos un momento? Necesito hablar con Perla en privado —les pedo, tratando de mantener la voz firme, pero calmada.Leonor y Elisa intercambian miradas antes de seguir fuera de la habitación. Una vez que la p
Perla Al salir de la habitación me encuentro con Leonor y Elisa, quienes me miran, detrás de mí lo hace Fabiano, pero él se marcha sin agregar nada, mientras mantiene una expresión de pocos amigos. Me imagino que es por las molestias de Fiorella. —Perla, Fabiano me contó todo lo que sucedió —dice Leonor, quien me agarra las manos y me mira preocupada—. Si necesitas ayuda me dices, si necesitas hablar no dudes en acercarte a mí. Conozco un psicólogo, si necesitas uno. Le regalo una sonrisa amable y aprieto sus manos. —Gracias, Leo. Lo tendré en cuenta —suelto las manos de Leonor y me acerco a Elisa, quien me mira con una sonrisa amable—. Muchas gracias, de verdad usted ha sido un ángel para mí, señora Elisa. No sé como agradecerte —no dudo en rodearla con mis brazos y darle un fuerte abrazo. Elisa también me abraza y da suaves palmadas en mi espalda. —Tranquila, Perla. Siempre que pueda te voy a ayudar. Sé que eres una buena mujer —deja de abrazarme y me mira sosteniendo un
Perla Me levanto lentamente de la cama, todavía sintiendo el peso de la noche anterior, pero decidida a seguir adelante. Agarro mi teléfono y reviso si tengo algún mensaje de Leonor o mi jefe. Pero al ver que no tengo ninguna notificación, decido ir al baño, darme una ducha rápida y luego me voy al armario para elegir la ropa adecuada para el almuerzo. Busco algo que me haga sentir cómoda, entre la ropa nueva que compré escojo un vestido sencillo pero elegante, que refleja una mezcla de formalidad y comodidad, además es solo un almuerzo, pero de igual manera siempre debo vestir bien y mucho más si estaré bajo la sombra de mi jefe.Después de vestirme, me miro en el espejo, tratando de armarme de valor. Luego de lo que hice, realmente tengo vergüenza por verle la cara, hizo mucho por mí a pesar de que fue mi culpa por llegar allí.Tomo una respiración profunda y salgo de la habitación, caminando hacia el despacho de Fabiano.Marco su número y enseguida me responde.Llamada.—Te escuch
Fabiano Antes de irme a Italia debo hablar de unos asuntos importantes con el padre de Fiorella. Aparte del negocio que tenemos con el matrimonio entre Fiorella y yo—qué es un acuerdo prácticamente desde que nacimos—, también comparto otros intereses con él, entre esos el de lavado de dinero. Somos socios en varios negocios y la verdad, son bienes que Alberto tenía con mi padre, así que yo los he heredado. Esta noche los he invitado a una cena y aunque sé que Fiorella está molesta conmigo, debo invitar a sus padres, ya que al invitarlo a una cena como la he mandado a organizar, eso incluiría a su madre y por supuesto a Fiorella. Una cena familiar. Además, tanto Alberto como Fabiola, no tienen la culpa de que Fiorella este molesta conmigo. Necesito tener una conversación con Alberto sobre su negocio con la venta de los hoteles en Nueva York. Mi padre siempre confió en Alberto, y por supuesto yo lo hago, pero siempre estamos aclarando cuantas. Quizás por esa razón nunca hay desconfia