Capítulo 10
La atmósfera en la habitación era tensa, pero Julia sonrió fuera de lugar.

Sentía que Santiago estaba contando un chiste absurdo.

—¿Esposa? ¿En estos años me has tratado alguna vez como tu esposa? ¿Ha disfrutado el señor Rivera viviendo aquí de cuerpo, pero con el corazón en otra parte? ¿Por qué no se divorcia de una vez y actúa como un hombre?

Estas palabras ofendieron a Santiago. Si Julia no estuviera enferma en ese momento, le habría ver si soy hombre o no.

—¿Si soy hombre o no? ¿Quién mejor que usted, señora Rivera, para saberlo?

Con esta frase, Julia se sonrojó hasta el cuello: —¡Sabes perfectamente que me refería al divorcio!

—¿Divorciarse de la propia esposa es ser hombre? ¿Y tú actúas como una mujer? ¿Dónde quedó la obediencia? ¿La dulzura y ser buena esposa? ¿Y qué hay de la obedecer al marido? ¿Acaso olvidaste todo lo que te enseñaron los Castro?

—¡Atrevido...! —Julia se enfureció e intentó levantarse, lo que agitó sus costillas rotas, provocándole tanto dolor que las lágrima
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