Capítulo 22
Santiago lo miró impasible, con ojos oscuros como el invierno, mientras el aire parecía congelarse a su alrededor.

Leonardo desvió la mirada nervioso, sin atreverse a sostener su mirada.

Se preguntó qué había dicho mal, por qué Santiago parecía muy enfadado.

Era de conocimiento público: tenía una amante que ya esperaba un hijo, ¿por qué entonces se negaba al divorcio?

El silencio resultó ser una forma efectiva de intimidación. La sala de juntas, antes bulliciosa, ahora estaba en completo silencio.

Todos contenían asustados la respiración, con los nervios a flor de piel.

Finalmente, Santiago habló.

—Los rumores mueren ante los sabios. Solo los necios creen en chismes, Julia siempre será mi señora Rivera.

Al escucharlo, Julia se sobresaltó internamente, con los párpados apretados y sentimientos encontrados.

¿Era esto una muestra de amor?

No, él era dominante por naturaleza: nadie más que él podía molestar a los suyos.

—Pero he oído que el señor Rivera pronto será padre. Si no se casa con
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