"Si, sigan por favor con lo que les ordenaron." les dije a Levi y Wilson, y ellos asintieron. Por suerte, no teníamos que revisar toda esa montaña de documentos. "Manden a alguien a escanear los documentos y subirlos al sistema. También, guarden las pruebas físicas en la biblioteca." les dije, y asintieron. Recogieron los documentos y ambos se fueron. "Bueno, ¡pues eso fue bastante rápido!" dijo Erik, sonando divertido, y Leo se rio. "Ellas son muy eficientes. El Este estuvo en su mejor momento cuando ellas estaban a cargo. Nunca dejan un cabo suelto." dijo con un tono un poco triste. Sabía que se sentía nostálgico por los viejos tiempos y no decía nada malo al respecto. Pero de algo si estaba seguro, Leo había superado todo y estaba completamente enamorado de Amelia, pero mantenía su amistad con Tamia, lo cual era algo valiente y fuerte. Dudo que Linda y Avery pudieran hacer lo mismo, pero no podía compararlas, ya que Leo no fue tan cruel como Max y Kyle lo fueron con sus
Después de quitarme la sangre y la tierra de mi piel, de restregarme y de usar suficiente jabón y exfoliante ya me sentí lo suficientemente limpio para poner mi cuerpo desnudo contra el de ella. Tengo que ser sincero al respecto, ella olía increíble, y chupé la marca que dejé en su cuello. Un gemidito tal cual suspiro escapó de sus labios, y cerré la llave del agua. Lo que pensaba hacerle no sería muy cómodo en la ducha, así que la levante, aun mojados y me la traje conmigo a la cama. Estaba sediento, quería el agua que escurría de ella, puse mi lengua y comencé a beber centímetro a centímetro de cualquier gota de agua que todavía se aferraba en su cuerpo negándose a evaporarse con la calentura de hembra que tenía al frente. Desde los deditos de sus pies, a por sus piernas, el postre para después solo con saborear sus labios suficientes, y seguí derechito por su cuerpo como un rio que deja su estela buscando su mar, ya cuando llegue cerca a sus ojos, esos ojitos que tanto yo adoraba
~Leo~ Después de la reunión en la sala de Sylvester, Erik me pidió que lo acompañara a su cuarto para que me tomara la muestra de sangre. Mientras lo seguía, me pregunté qué tan seguido tendría que tomarme muestras. Porque ya empezaba a sentirme como una rata de laboratorio.Entré a su habitación y me sorprendió ver el desorden de ropa que tenía por todos lados. Se veía algo avergonzado por el desorden, talvez no se acordaba como había dejado la habitación, antes de irnos. "A veces decidir qué ponerse no es nada fácil." dijo, rascándose suavemente la cabeza y sonriendo. "Pues eso veo…" dije, mientras miraba todo el lugar. "¿Tienes pareja?" le pregunté, sabiendo que tenía hijos. Me había quedado con la duda porque había estado actuando como si estuviera soltero desde que lo conocí. Buscó en su maleta y sacó una bolsa grande. Era obvio qué había dentro cuando se puso guantes de látex. "Yuri y yo hicimos muchas pendejadas cuando éramos jóvenes. Decíamos que queríamos poblar e
Me regresé a la habitación, y Amelia estaba comiendo y viendo televisión. Sylvester le había ordenado a las Omegas que sirvieran la comida en nuestras habitaciones porque sabía que no tendríamos tiempo de bañarnos y reunirnos todos a comer. Fue muy considerado de su parte. Amelia me miró y sonrió. Tenía la boca llena, y como un hámster de esos que guardan semillas de girasol en sus cachetes, ella tengo que admitir que se veía adorable. Caminé hacia ella. Mientras comía, se puso los dedos en la nariz, mientras señalaba el baño. Y me reí. Se me había olvidado que estaba muy sucio. Me bañé lo más rápido que pude. La tierra, la mugre y la sangre se fueron fácilmente con el agua. Usé un jabón que olía a pepino, así que mi piel se sentía fresca y exfoliada. Me puse unos shorts y me senté con Amelia en el sofá para comer. "¿Me extrañaste?" le pregunté, y ella se rio un poquito. "No mucho, estábamos muy ocupadas. No había tiempo para nada." dijo, y yo fingí que me hería escuchar
Prendí la luz y me miré en el espejo. Un rastro de marcas rojas cubría mi cuello y llegaba hasta el pecho. En donde tenía las marcas se veían que se me estaba inflamando la piel y me picaba mucho. Mojé una toalla con agua fría, luego la coloqué sobre las ronchas para enfriarlas, pero luego sentí lo mismo en la espalda. Era obvio qué lo había causado. "Leo...." escuché la voz de Sylvester de nuevo. Aunque me sentía incómodo, sabía que tenía que responder. "Buenos días, Sylvester." le contesté, quitándome los shorts para meterme bajo la ducha fría. Planeaba ir directo al cuarto de Erik para que me diera lo mismo que le dio a Devin, porque dudaba que pudiera aguantar todo el día así. Era una rasquiña insoportable. "Hay una mujer llamada Gezel Westwood en la puerta. Dice que es la madre de Amelia. ¿Deberíamos dejarla entrar?" me preguntó, y de inmediato dejo de importarme la rasquiña. Gezel, Gezel, solo podía pensar en eso. "Un momento." le dije a Sylvester e intenté enlazarme
~Amelia~ Cuando desperté, Leo no estaba a mi lado. Alguien tocaba la puerta. No sabía quién era, pero no era un buen momento tampoco. Yo deseaba dormir un poco más, pero parecía que no me iban a dejar. Miré el reloj. Eran ya casi las ocho. "Amelia, Amelia..." escuché la voz de Alexei, y me pregunté por qué estaba tocando mi puerta. Extrañaba mucho nuestra casita de Mountain. No veía la hora de que todo esto terminara. No había privacidad en este castillo. Gruñí y me sentí un poco irritada. "Ya voy!!" logré decir, y los golpes se detuvieron. Me levanté de la cama y fui a la puerta. La abrí y me alejé para ir a cepillarme los dientes. Lo que Alexei tuviera que decirme podía esperar. No me gustaba tener mal aliento en la mañana. "Amelia." dijo, y levanté la mano, señalándole que esperara mientras caminaba hacia el baño. No tardé ni cinco minutos en cepillarme los dientes y enjuagarme la boca. Salí del baño, y él todavía estaba parado en la puerta. No me había tardado mucho,
Me sentía incómoda. Estaba brava con mi madre y también nerviosa por conocerla. Intenté relajarme para que esto no afectara a mi bebé, pero no podía. Así que fui a bañarme, esperaba que el agua tibia me calmara, me paré debajo de la ducha, sintiendo cada gota de agua y me abracé. ¿Dónde estaba Leo? ¿Por qué me dejó sola en esto? Aunque parezco fuerte la mayoría del tiempo, no quería hacer esto sola. Aunque esto debería ser una buena noticia, me sentía furiosa. Sentí que lo que hizo fue por conveniencia. Sentí que fue injusto. "Leo...." intenté enlazarme a él, y hubo silencio. "Leo?" volví a intentarlo. "Amelia..." respondió, y exhalé. "¿Dónde estás?" pregunté. "Estoy en la enfermería. Este brote, es insoportable. Nos dieron medicamentos, y estamos esperando a que la rasquiña y la inflamación se nos pasen. También me siento un poco dormido." dijo, y recordé lo que había dicho Erik del AgK32. Dijo que el brote sería un efecto secundario, pero dijo que sería leve. ¡Mentiros
~ Tamia ~Nunca olvidaré la noche en la que mi maravillosa vida se convirtió en un completo desastre. No puedo sacar de mi mente el momento en que todo cambió.Mi esposo y yo fuimos a una fiesta a la que no quería asistir, pero Casper, un beta amigo de Leo, era el anfitrión y él estaba decidido a honrar su invitación a toda costa. Debí haberle suplicado un poco más que nos quedáramos en casa, pero quería ser una esposa comprensiva, así que decidí seguirlo y ese fue mi peor error.Leonardo Albert era mi esposo y el alfa de la Manada de la Montaña, lo que me hacía ser conocida como Tamia Albert, la Luna de la manada. Leonardo me eligió para ser su Luna cuando tenía diecinueve años. En realidad, empezamos a salir cuando yo tenía diecisiete y él veintiuno, aunque no llegamos a la intimidad física, ya que, aún no tenía la edad para eso, nos enamoramos de todos modos y juramos permanecer juntos.Muchas de las mujeres de la manada me odiaban porque él solo tenía ojos para mí y no es que yo