Capítulo 31

–¡Suéltame!

Aragón alzó las manos en disculpa, ya cuando se encontraban dentro de la vivienda. Romer la miró preocupado.

–¿Estás bien?

–Es que… Estoy sorprendida, la trataste como si ella fuese una niña de ocho años. ¡Es que ni siquiera se tratan así a los niños de ocho años!

Romer se agarró su cabello con las manos.

–¡En mi sano juicio! Y créeme que lo digo con la mayor sinceridad… En mi puto sano juicio jamás hubiese concertado un encuentro entre ustedes dos. ¡Jamás!

Canela no cerraba la boca y sonreía en desconcierto.

–Es… Ella es… ¡Es hermosísima! Pero es… es horrible a la vez. Es…

–Canela.

–Vine hasta aquí para conversar contigo, ni recordaba que ella vivía en este edificio.

–Ya te lo había dicho.

–Sí, sí. Ya, ya.

Canela asintió con gesto obvio e hizo silencio. Caminó alrededor de los muebles y observó cada cosa. Se detuvo detrás del más grande, apoyando sus manos en el espaldar.

–Un apartamento de so

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