-Pues lamento que tengamos diferentes puntos de vista, amore mío – dijo con una voz lastimera falsa – Tú no me vas a dejar o sufrirás las consecuencias – volvió a amenazar.
Con todas las fuerzas que tenía levanté uno de mis pies para dejarlo caer en uno de sus pies con toda la intención de lastimarlo y que me soltara, pero él solo soltó un pequeño gruñido quejándose y me sujetó mucho más fuerte incrustando sus uñas en mi brazo y cintura lastimándome y provocando que saliera un pequeño grito de dolor de mi boca.
-Eres una…
- ¿Una qué? ¿Eh? ¡Dime! ¿Una qué? – pregunté furiosa.
-Una leona loca – se rio al tiempo que se acercaba a mi oído – pero dudo que sigas siendo tan valiente cuando todo mundo sepa que nos divertimos ese día en mi lugar secreto – susurró.
-Pues si tú te atreves a decir semejante mentira, yo me encargaré de desmentirlo – dije entre dientes.
-Vamos a ver a quien
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- ¿Qué sucede? ¿Y todavía te atreves a preguntarlo? – pregunté entre dientes, la rabia se escuchaba en mi voz mientras íbamos por el tráfico – Donato, eres un imbécil, si estoy aquí contigo yendo a este baile es por tu estúpida amenaza. -Tengo que recordarte que no ha sido mi culpa que no podamos ir a este baile felizmente – me reprochó como si yo fuera la culpable, aunque en parte así era, por haber confiado en él. -Eres tú el desquiciado que no me deja libre, ¿qué digo, libre? En realidad, no me dejas en paz, porque ni siquiera teníamos nada oficial antes de tu absurda amenaza para decir que no me dejas libre – dije con enojo e irritación en mi voz. -Amore mío – trató de tomar mi mano la cual aparté inmediatamente. -Amore mío nada y no te atrevas a querer tocarme. -Ya veremos – siseó frustrado – y ya te dije que debes portarte bien conmigo si no quieres que mis amenazas se cumplan mío ángel. -Estoy
- ¡Uy! Parece que alguien no está teniendo tan buen baile – esa voz – ¿Problemas en el paraíso con Donato? – volvió a hablar haciendo que causara una sonrisa en mi rostro. Me volteé de inmediato y él quitó sus manos – Guido – sonreí y el me correspondió con algo de pena y timidez, algo raro en él, casi siempre ha demostrado ser tan arrogante y desafiante como Donato – Que lindo verte acá, creí que no vendrías – dije abrazándolo a lo que él me correspondió, pero con más fuerza sin siquiera lastimarme un poco, sentí su abrazo muy tierno y confortante. -En realidad no iba a venir, pero lo pensé mejor y…creí que podría valer la pena ver a mis amigos y a mis amigas – sonrió tiernamente y me miró tan penetrantemente, pero sin esperarlo su mirada no me causó incomodidad ni ninguna otra mala sensación o molestia, lo que me sorprendió. -Pues tomaste una buena decisión, estoy segura de que lo pasaremos muy bien – tomé su mano y le acaricié el dorso con mi pulgar. Él ba
-Ya vine idiotas – saludó groseramente, yo solo rodé los ojos con molestia. – Ya estoy aquí precioza – Se sentó en la silla al lado mío para luego atraerme a él y besarme en los labios por un momento, no pude nada más que corresponder porque los chicos nos veían. Me aparté lo más pronto que pude y fingí sonreír encantada. - ¿Qué te cuentas fratello? – preguntó Romeo chocando el puño con él. - ¿A dónde fuiste? – preguntó Guido con el ceño fruncido. – Encontré a Celestia sola en la mesa de postres después de que te fuiste. Se encogió de hombros mirándolo con desdén, la tensión que ambos irradiaban despertaba mi curiosidad, algo habría pasado entre ellos – Nada importante, solo me llamaron para un trabajo que estoy solicitando y hasta ahora el proceso va más que bien – sonrió ampliamente, no sabía de qué trabajo se refería, pero tampoco me interesaba en lo absoluto, incluso si encontraba trabajo para mí mejor que se desapareciera hasta los fine
-Oh, con que aquí están – llegó Donato por detrás de mí. Volteé a verlo mientras por el rabillo del ojo vi como Guido suspiraba y pasaba su mano por su cabello desordenándolo. -Si, aquí estamos, estábamos bailando mientras tú venías. -Así es – secundó Guido – Stella y Flavio están bailando juntos y Celestia y yo estábamos… -Molto bene, grazie por cuidarla por mí – no lo dejó terminar Donato cuando me jaló hacia él. -Al menos deja que terminemos de bailar esta canción Donato – habló con seriedad. -No es necesario, yo ya estoy aquí, Celestia no te necesita más, SU NOVIO ya está para bailar con ella – Guido dio un paso y Donato también. - ¡Chicos! Per favore, tranquilos – me volteé hacia Guido – Grazie mille, Guido, has sido una maravillosa compañía – sonreí sincera y tomando una de sus manos suplicando con la mirada que se fuera y esperaba me entendiera. Guido se me quedó viendo por unos segundos de más
Pasaron varios minutos desde que vi a Donato irse detrás de esa chica castaña, no me importaba nada que se metiera con ella, con tal de yo me encontrara fuera de su radar hasta le buscaba más chicas si quería. Sentí la mirada de alguien en mí mientras seguía tomando mi limonada, volteé mi cabeza buscando al responsable de aquella mirada, pero no la encontraba, volví a tomar de mi bebida. Aún me encontraba al lado del escenario en una de las esquinas del salón. Suspiré. Busqué con la mirada a Guido, pero no lo encontraba por ninguna parte, ahora si me estaba arrepintiendo de haber venido, me temía que esto pasara… y… pasó. Seguía sintiendo esa mirada, pero no encontraba de quien y empezaba a sentirme incómoda por ello. Tener tanta gente a mi alrededor siempre había sido un problema para mí y ese pequeño detalle ya comenzaba a pasarme factura, más que estaba sola, pero lo prefería mil veces más a tener la absurda y despreciable compañía de Donato.
Mis ojos se cristalizaron sin poder creer lo que veían enfrente, las lágrimas bajaron sin piedad por mis mejillas, mi boca abierta de donde salían pequeños jadeos por el cansancio y a la vez por el pequeño trance de shock en el que había entrado. Simplemente no podía creerlo. Era imposible. Esto no podía estarme pasando a mí. -No, no, no – dije para mí en un pequeño hilo de voz mientras agitaba mi cabeza con incredulidad. Frente a mí había una pared. Una estúpida pared. Sí, para mi desgracia, estaba atrapada. Estos hombres habían logrado acorralarme. Me desequilibré y caminé con pasos inseguros hasta una de las paredes en las que mi cuerpo se desvaneció. Seguí soltando pequeños jadeos. -¿Qué pasa presioza principessa? – giré mi rostro hacia ellos – Oww ¿estás llorando piccola? – ahora eran cinco hombres. Cinco. Hombres. De. Negro. ¡CINCO! – No llores lindura, si quieres podemos consolarte – dijo uno de ellos haciéndo
Me removí, salté, pataleé, forcejeé, pero nada. Solo logré que ellos se enojaran aún más. -Ya me estás hartando mocosa, no hagas que me arrepienta de tratarte con la mayor delicadeza posible. -Si quieres golpes gatita, eso es lo que tendrás, te lo advertimos. -¿Pero por qué en vez de advertirle mejor no lo hacemos desde ya? – habló el que me había tomado de las mejillas en el pasillo provocándome dolor – Esta piccola mocosa no merece ninguna consideración de nuestra parte – suspiró con cansancio. Sí claro, como que él fuera el del gran problema aquí. Pedazo de imbécil. -Ah no, la mercancía no se daña Bred – con que ese era su nombre… Bred, idiota desgraciado, era el que deseaba tratarme como b****a, tratarme como él debería ser tratado – La mercancía se disfruta y se trata con delicadeza, al menos yo no quiero moretones en la mercancía ¿queda claro? – se dirigió a ellos el tal jefe – o si no los que quedaran con moretones serán usted
Matteo POV: Horas antes… El salón de baile estaba de lo más genial. Los chicos y yo habíamos llegado media hora antes de que empezara para ayudarles a nuestras amigas a revisar que todo estuviera en orden y como debía estar. La decoración, la música, la comida, todo se veía fantástico. Se notaba que la organización realmente había quedado en manos de las chicas. -Ustedes sí que saben cómo organizar una excelente fiesta – alagó Fede. -Lo sé nene, lo sé – respondió Krissy con una sonrisa arrogante y satisfecha. Ella y todas las chicas lucían hermosas y perfectas en sus maravillosos vestidos de gala. Todos reímos por la ocurrencia de Bathory. -No te me vuelvas Edna Moda – bromeé. -No me estoy volviendo como ella, yo ya soy como ella – siguió presumiendo, haciéndonos reír de nuevo. -Grazie por haber venido antes de la hora ch