Gianna, sonreía mientras disfrutaba del ambiente cálido y familiar al viajar junto a Regina y Alex. Sus pensamientos viajaban a que tenía aquello con lo que muchas veces soñó siendo una niña; tenía una hija de la cual cuidar y un amoroso esposo que velaba por ella, si bien era cierto que Alex no la amaba, al menos pensaba que el amor en su corazón alcanzaba para ambos, quizás con el tiempo, Alexander también pudiese llegar a amarla. Sus años de infancia habían sido muy duros, seguramente como cualquier niño que se criara en un orfanato, la escases de alimento, muchas veces de abrigo, las muy limitadas salidas y la falta de un afecto tan desmedido como deberían ser el amor de padres, si bien era cierto que las monjas del orfanato le daban sus dosis de cariño, no era menos cierto que, al ser tantos niños a su cargo, era imposible para unas pocas mujeres, atenderlos afectivamente a todos. Cuándo miró a Regina por primera vez, pudo comprender el dolor y la frustración en su mirada, si, a
Llegar de nuevo a Limerick, les ofrecía un amargo sabor. Aurnia los recibió con cariño, llenandolos de abrazos y preguntas sobre el viaje, ellos habían respondido animadamente. Por la tarde los cuatro se habían marchado a visitar a los Mc'Gowan, quienes los recibieron felices, pero a la vez tristes porque la niña ya debía regresar a sus clases. Estaban por marcharse cuando Kelsey llegó tomada de la mano de Geirge, extrañamente su actitud no fue desagradable y hasta su mirada había cambiado, la joven les contó que que se casaria en pocos meses, solo lo necesario para que ella pudiese preparar todo lo concerniente a la boda. Alex y Gia, le habían felicitado con sinceridad, Gianna, hasta se tomó la libertad de darle un abrazo y asegurarle que sería muy feliz. Kelsey había sonreído extrañamente y poco después los futuros esposos se habían marchado en dirección a la habitación. Un día despues estaban en Clontarf, tristes porque Regina entraría a sus clases al día siguiente, por ello, pas
¿Adara se había vuelto loca? Sí, definitivamente se había vuelto loca. —¿Qué has dicho, Ava? —Yo... es lo que me han informado desde planta, señor. No saben que hacer, dicen que está como loca. —Lo que me faltaba, una Adara demente. ********************************** —¡Le he dicho ya que me plantaré fuera y haré un espectáculo!— Adara miró a la mujer con furia— ¡Alexander está aquí, lo sé! —Señorita, ya le he dicho que... —Me importa un demonio lo que hayas dicho— presionó los dientes con fuerza.— quiero ver a Alexander ahora. —Deme un minuto, señorita Black, estoy a la espera de que la secretaria del señor Harrison me informe si podrá recibirla. —Tiene que poder— gimió y comenzó a llorar, cosa que llevó a la mujer a mirarla con preocupación, era evidente que la mujer no estaba para nada bien. —De acuerdo, de acuerdo, esperemos un poco, por favor, todo estará bien, señorita Black. —Gra...Gracias— respondió secándose las lágrimas. Unos dos minutos más tarde el telefono fijo
—¿Cual de los dos va a explicarme lo que está ocurriendo?Aquellas palabras le produjeron frustración, que Gianna llegara justo en aquel momento, era lo que menos necesitaba en aquel momento. La vio entrar y cerrar la puerta tras ella, cerrar era un eufemismo, el fuerte portazo resonó por toda la oficina. Adara, quién había estado inmóvil, dio un salto y se colocó de pie, mientras miró a Gianna con los ojos enormes.Alexander, con la mandíbula tensa volvió a colocar el cinturón en su lugar, ajustando sus prendas antes de levantar la mirada hacia su esposa.Gianna, se sorprendió ante la imágen que reflejaba Adara, sin embargo estaba bastante enojada."Déjame tomarte Alexander, deja que te saboree, déjame demostrarte cuánto te amo, mi amor"Aquello le había enfurecido, no solo las palabras, sino la imágen que encontró; Adara de rodillas, dispuesta a complacerlo, su esposo con el citurón suelto y ambos con las manos en el botón del pantalón, eso la había enfurecido, ¿Pensaban tener sexo
—Asi que has estado fantaseando conmigo... señor Harrison— sonrió ampliamente. —Como un demente — deslizó las manos suavemente por el contorno de su cuerpo— cada mañana que he venido a la oficina, he imaginado tu cuerpo sobre el escritorio. —Soy una mujer recatada, Harrison— le dijo sonriente— ¿Cómo diablos haces para empujar mis límites?— se inclinó mordiendo el labio inferior masculino, haciéndolo estremecer—¿cómo haces para que me olvidé del recato y te permita hacer lo que quieras conmigo?, ¿Cómo logras que sea incapaz de negarte mi cuerpo?, ¿Cómo logras que te de luz verde a todo?— susurró. —Porque eres igual o más pasional que yo — presionó sus glúteos empujándola a sentir su pelvis— y no pienso reprimirte jamás, yo despierto esa pasión que quieres ocultar, porque no juzgo tus deseos, sabes que conmigo puedes ser tú, libremente, porque conmigo no hay límites, señora Harrison— le sonrió— tu cuerpo y el mío parecen ser uno, y eso es maravilloso, me encanta la libertad que hayamo
Gianna, observó con mirada fría a aquella mujer en en el pasado fuese su suegra. —Helen Maxwell— dijo con desprecio. —Vaya, y tienes el atrevimiento de tutearme— sonrió — jamás imaginé encontrarte en un lugar como éste, se supone que es bastante exclusivo. —En efecto— respondió Alexander mirando a la mujer— Señora Maxwell, un gusto verle. —Lo mismo digo — le sonrió — ¿ cómo se encuentra tu madre?, hace mucho que no visita el país. —Mi madre está en perfecto estado de salud. — respondió, no atreviéndose a decir lo que su madre constantemente decía, que en cualquier momento podría partir. Aunque en su viaje a Irlanda la había visto más saludable que nunca, pero no habían llegado a tocar el tema. —Una dicha saberlo. He venido en una cena familiar — Sonrió maliciosa hacía Gianna— con mi esposo, mi hijo y su esposa Susana.— Gianna, sabía que estaba haciendo todo lo posible por humillarla.— están justo por allá — aunque la mujer señaló un punto no muy lejano, ninguno de los dos se gir
Alexander, miró el periódico y la revistas a sus pies, y luego elevó la vista para ver a su esposa. Gianna lo miraba fijamente y su labio inferior temblaba. Intentó acercarse pero ella lo detuvo. —No, no, Alexander, no te acerques, mira lo que hay en el maldit° periódico.—De acuerdo, de acuerdo— dijo antes de inclinarse y levantar el periódico. Una enorme foto suya junto a Gianna, adornaba la primera plana, era una foto tomada la noche anterior; “EL IMPORTANTE CEO, ALEXANDER HARRISON SE HA CASADO""El importante empresario fue visto la noche de este jueves, saliendo de uno de los lugares más exclusivos de la ciudad, en compañía de una hermosa jóven rubia. ¿Quién es ella?, fue la pregunta que nos conmocionó a todos, ya que como hemos dicho, ¡Es rubia! y obviamente no se trata de la modelo que se ha teñido el cabello, no señores, no se sabe que ha ocurrido entre la modelo Estadounidense más top del momento y el sexy empresario, al preguntarle al CEO si se trataba de una nueva conquis
Eran exactamente las nueve en punto de la mañana, cuando Alexander cruzó las puertas de entrada a la sala de juntas, con Gianna junto a él y los dedos de sus manos entrelazados. —Buenos días, damas y caballeros. —Buenos días— respondieron todos al unísono. —Gracias por venir, señores y señoras, ella es Gianna Santos, mi esposa.— Gianna les regaló una dulce sonrisa. —Un placer conocerles a todos— los presentes asintieron y algunos tomaban apuntes en sus libretas. Alexander colocó una silla junto a la de él, a la cabecera de la mesa, luego ayudó a Gianna a tomar asiento. —Bien, agradezco que todos pudieran asistir a este llamado, en vista de los últimos acontecimientos y de que la prensa parece tener curiosidad insaciable sobre mi vida, y sobre todo que han estado especulando sobre lo ocurrido, le hemos invitado hoy para responder a sus preguntas y que todos puedan aclarar sus dudas, aun así les sugiero que sus preguntas se muevan dentro del límite del respeto y el profesionalism