TREINTA

...

Era viernes al fin. May guardó sus cuadernos y lápices en su mochila, se la echó al hombro y abandonó el salón, con el firme propósito de ir a casa a echarse sobre el sofá y comer porquerías mientras veía algo en la televisión. Pero Evie tenía otros planes para ella.

Había otra fiesta. Y esta vez, no sería una chafa, porque era organizada por los estudiantes de tercer año en un galpón clandestino, donde podías meter todo el alcohol que te cupiera en las manos. May recibió la noticia sin ninguna emoción, a pesar de que Evie se había esmerado en hacerlo parecer el evento del siglo.

— Estoy un poco cansada, ¿sabes? — dijo, mientras caminaban en dirección a la parada de colectivos. Carol no había podido unírseles porque su maestro de microeconomía había programado u

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