Bellezas nuevo capítulo!!! en la noche espero poder dejarles uno más si me siento mejor. Muuaaaaak.
SalvadorLa pantalla del celular aún brilla sobre la mesa. El mensaje de Alex resuena en mi mente como una alarma constante.“El hacker encontró una conexión. Necesito que vengas ahora.”Me levanto de golpe. Ofuscado aún por toda la discusión con mi abuelo. Y, sin embargo, no es eso lo que más me pesa. Es Marina. Su cuerpo encorvado, su expresión herida, la manera en que se interpuso entre nosotros sin titubear. Esa imagen me persigue.Me visto rápido. Mientras abro los botones del abrigo, la cabeza me da vueltas. ¿Qué demonios me está pasando?“Si esto no me lleva a la rata, no sé qué más hacer. Estoy cansado de no saber en quién confiar.”Todavía siento el ardor en la mejilla. No por el golpe del abuelo, sino por la furia contenida, por todo lo que no dije... y por lo que dije. Marina. Su nombre vuelve a cruzarse como una lanza en mis pensamientos. Esa mujer...Camino por la habitación con los puños cerrados, pero el sonido del celular vibrando sobre la mesa me hace girar. Pantalla i
MarinaCamino por el sendero de grava que lleva al extremo del jardín. Federico me espera apoyado contra la verja de hierro. Lleva unas gafas oscuras aunque ya casi no hay sol. No sé si me fastidia su actitud relajada o si la envidio.—Pensé que no ibas a venir —dice, sin moverse.—No tenía otra opción.—digo y estoy por agregar algo más cuando él me interrumpoe.—¿Qué demonios te ha pasado en el rostro?No puedo evitar hacer una mueca porque de hecho e intentado cubrir la marca morada pero sigue viendose.—He tenido un accidente—es todo lo que digo, pero por la forma en que me ve, no me cree.—Claro, un accidente con el puño de alguien.Dejando salir un resoplido decido simplificar las cosas.—Tu abuelo llegó ayer, peleó con Salvador, él fue… horrible, es un hombre horrible y se fueron a las manos, yo solo tuve la brillante idea de atravesarme, pero no es nada.Federico me mira sin poder creer una palabra. Su cara es una mueca de horror pura, antes de dejar salir una maldición.—Marin
Salvador"Haz lo que quieras, Montenegro."Esa frase me persigue mientras subo las escaleras con el estómago revuelto. Cada palabra retumba en mi cabeza como si Marina me la hubiera susurrado justo al oído una y otra vez. Camino directo al estudio, pero al llegar, no soy capaz de quedarme. Me ahoga.Entro a mi habitación, cierro la puerta con un golpe seco y suelto un gruñido que rebota contra las paredes. Me sirvo una copa de whisky, la llevo a los labios, pero no la bebo. La dejo sobre el buró y empiezo a caminar de un lado a otro, como un puto león enjaulado.No entiendo nada. No entiendo por qué siento esto. No es solo deseo. Es rabia. Es frustración. Es esa maldita necesidad de volver a buscarla, de escuchar su voz, incluso cuando me está desafiando. Incluso cuando me está volviendo loco.Marina. Marina con sus respuestas cortantes. Con esa mirada que parece verlo todo. Con ese aire de mujer que ha vivido demasiado para lo joven que es. Me jode. Me jode que me importe.Lanzo la co
MarinaLa frase queda suspendida en el aire como una bomba de tiempo:—Haz lo que quieras, Montenegro.Salvador no dice nada. Su mirada arde, intensa, desbordada. Luego da un paso atrás, gira sobre sus talones y se marcha sin una sola palabra. Escucho sus pasos subir por la escalera hasta desaparecer.IDIOTA. IDIOTA. MIL VECES IDIOTA.¿Cómo demonios se me ha ocurrido decirle tremenda estupidez?Es que no entiendo qué demonios es lo que me está pasando, lo que debía hacer fue mandarlo a volar, decirle que a mi no me iba a besar, que prefiero que me mate, pero entonces eso sería una mentira.Estoy jodida.Termino todo lo que estoy haciendo a la velocidad de la luz y prácticamente corro hacia mi habitación.Cierro la puerta con el corazón en la garganta. Pero las horas pasan y no logro dormir. Me revuelvo en la cama, paso las manos por el rostro, me cubro los ojos, intento respirar. Nada funciona. Hasta que oigo el golpeteo en la puerta. Golpes secos, apurados. Me levanto de un salto, de
SalvadorLa cocina huele a café recién hecho y pan tostado, pero no logra suavizar la tensión que se arrastra como una sombra. Estoy sentado en silencio, con los dedos rodeando una taza que ya se ha enfriado, observando a Marina mientras se mueve con una eficiencia distante. Cada uno de sus pasos es preciso, medido. No hay torpeza, pero tampoco calidez.Me ignora.Me está haciendo la ley del hielo como si fueramos adolecentes.Y no puedo culparla.Desde el incidente con mi abuelo, todo cambió. No solo fue la bofetada. Fue su voz, su defensa, su decisión de ponerse entre él y yo, cuando nadie más lo ha hecho jamás. Y luego, el beso. Esa maldita locura a medianoche. No sé qué fue peor: besarla o que ella me haya rechazado.—Marina—la llamo, pero ella no se gira, por el contrario puedo notar que se endereza en su lugar.—Ya casi está listo el desayuno, señor Montenegro.Nunca, ni en un millón de años, pensé que fuera a molestarme tanto que me llamara de esa forma, pero lo hace.Lo hace y
SalvadorLa habitación está a oscuras, pero la luna se cuela por la ventana. Me quito la camisa y la lanzo contra el sillón. El vino de la noche anterior sigue en la copa. Me sirvo otra medida sin pensarlo demasiado. Aún siento la presencia de Marina, como si la hubiera traído conmigo, clavada en la piel. Golpeo el mueble con el puño cerrado. Me estoy volviendo loco. No es sólo deseo. Es la forma en la que me responde, la manera en que no se rinde. Me gusta hablar con ella. Me gusta pelear con ella. Me gusta…Renata entra a la habitación con una copa de vino en la mano, su andar pausado y su sonrisa perfecta. —Pensé que ya estarías dormido —dice, cerrando la puerta tras de sí. Se sienta en el borde de la cama y me ofrece la copa como si nada hubiera pasado.Yo no la miro. Sigo revisando papeles. Mentira. Sólo los estoy usando para fingir que tengo la mente en otra cosa.Simplemente le doy un asentimiento y vuelvo la mirada al grupo de papeles sin ver nada en realidad.—Estás tenso —v
Marina—No sabes las ganas que tengo de estar equivocado contigo.Sus palabras me persiguen desde el momento en que simplemente se alejó de mi y salió de la habitación cerrando la puerta. Una parte de mi, una que me avergüenza un poco, esperaba que nuevamente me besara, y la otra se odia por considerarlo.Él está comprometido, es un hombre ocupado y además es el mismo hombre que busca llevarme a mi y a mi hermano a la cárcel.Y aunque me digo esto una y otra vez sus palabras, esas benditas palabras se repiten dentro de mi cabeza como una canción rayada, una que no puedo sacar aunque quiera. Y no sé si quiero. Están impregnadas en mi piel, como el calor de sus manos cuando me habló tan cerca, como el temblor en el pecho cuando lo vi tan roto, tan humano, tan distinto al Salvador Montenegro que conocí.No he podido dormir. Estoy acostada, con los ojos abiertos, mirando el techo de la habitación como si pudiera encontrar respuestas en las sombras. Pero no hay respuestas. Solo hay más p
SalvadorLos últimos días han sido una completa locura. Esperar tener respuesta sobre la socia de Meyer me está enloqueciendo, en especial porque tengo a las únicas dos sospechosas viviendo bajo mi techo.Todavía me resulta inaudito pensar que Renata pueda estar involucrada, de hecho mi parte más racional me dice que estoy imaginando todo, que simplemente estoy siendo paranoico, pues ella nunca ha hecho algo para que desconfíe… hasta ahora.Su actitud es distinta, su distanciamiento, sus llamadas a escondidas… si esto no tiene nada que ver con el robo, entonces es muy probable que haya algo más que está escondiendo y no sé que pueda ser peor.Hoy decido que voy a hacer mi propia jugada, estoy harto de la espera.Cansado de tener que ser el que está ciegas, necesito comprobar con mis propios ojos que la persona en la que creí confiar resultó ser una rata.Llego temprano a la empresa, incluso antes que mi secretaria. La rabia me corre bajo la piel como un veneno lento. No dormí casi n