DÉBORANo debió haber vuelto; solo tenía que hacer una cosa bien: quedarse escondida en el hoyo de donde salió, desaparecer, jamás cruzarse en nuestro camino. Pero no lo hizo. Mi prima tuvo los cojones de aparecer y humillarme como nunca. Esta noche intenté contraatacar, pero mi tío Alejandro estaba tan embelesado con su regreso, con su "princesa", que no funcionó nada de lo que mi tía y yo habíamos preparado para ella.Incluso con el asunto de la cena, mi tía se encargó de ordenar hacer una comida a la que ella fuera alérgica, y no sé cómo, pero mi tío terminó enterándose e hizo una cena especial para ella. Me parece que no se puede confiar ni en la servidumbre; hay algunos que siguen siendo leales solo a mi tío.—Maldita, mil veces maldita —siseó mientras clavo mis uñas en el volante.También fui consciente de lo hermosa que se veía. ¿Por qué siempre se esfuerza por opacarme? No le basta tener a su lado a un hombre apuesto; no, ella ha venido a quitarme todo por lo que he luchado, y
DÉBORANo debió haber vuelto; solo tenía que hacer una cosa bien: quedarse escondida en el hoyo de donde salió, desaparecer, jamás cruzarse en nuestro camino. Pero no lo hizo. Mi prima tuvo los cojones de aparecer y humillarme como nunca. Esta noche intenté contraatacar, pero mi tío Alejandro estaba tan embelesado con su regreso, con su "princesa", que no funcionó nada de lo que mi tía y yo habíamos preparado para ella.Incluso con el asunto de la cena, mi tía se encargó de ordenar hacer una comida a la que ella fuera alérgica, y no sé cómo, pero mi tío terminó enterándose e hizo una cena especial para ella. Me parece que no se puede confiar ni en la servidumbre; hay algunos que siguen siendo leales solo a mi tío.—Maldita, mil veces maldita —siseó mientras clavo mis uñas en el volante.También fui consciente de lo hermosa que se veía. ¿Por qué siempre se esfuerza por opacarme? No le basta tener a su lado a un hombre apuesto; no, ella ha venido a quitarme todo por lo que he luchado, y
DEBBYMe duele todo el cuerpo, las piernas me siguen temblando y el hormigueo que me recorre no ha parado. Mi corazón sigue latiendo frenético, todo me da vueltas, el miedo me invade y solo quiero que esto se trate de una pesadilla. Mis ojos se llenan de lágrimas, no quiero perder a mi hijo y, por supuesto, no quiero someterlo al rechazo de su propio padre. Ahora mismo, la incertidumbre me asfixia.Luego de que le confesara a Rupert que tengo un hijo de él, corrí al baño y he estado dentro de la ducha por más de una hora.—Joder —rechino los dientes, llena de impotencia.La vaporosa niebla del baño se disipa lentamente mientras me envuelvo en una toalla. La calidez del agua aún se siente en mi piel, pero recordar la mirada fría de Rupert me hace estremecer. Me detengo un momento, contemplando mi reflejo en el espejo empañado. Mis ojos, aún enrojecidos por el llanto, me miran con una mezcla de tristeza y determinación. Todo lo que ha pasado en las últimas horas me ha dejado un nudo en
DEBBYTraición. La primera palabra que me viene a la mente cuando miro a América a lo lejos, hablando con Bryce en la sección de primeros asientos. Fue descuidada, y algo me dice que Bryce y Rupert lo planearon todo.—Ellos son el menor de tus problemas.La voz ronca del padre de mi hijo eriza mi piel. Levanto la mirada; de todos los malditos lugares que hay en el avión privado, se le ha ocurrido sentarse delante de mí, solo para joderme más la vida, y lo está logrando. Decido no responderle; ya no tengo escapatoria, no pude lograr que el diablo viviera en la oscuridad al no saber de la existencia de mi bebé.Ahora, lo que más me preocupa no es lo que él intente hacer conmigo; temo que rechace a Mateo. No quiero que nada ni nadie me lo dañe; eso incluye al idiota de su propio padre. Molesta, me quito el cinturón de seguridad e intento marcharme, pero él tira de mi brazo con tanta fuerza que pienso que me lo arrancará.—Auch —me quejo—. ¿Qué te pasa?—No se te ocurra hacer una tontería
SEBASTIÁNHace más de media hora que salí de la reunión de abogados que habían convocado. El sonido del tráfico de San Francisco es como un eco lejano que me taladra las sienes mientras marco una vez más el número de Debby.Cada tono de llamada que se extiende sin respuesta es una sentencia, un golpe mudo que confirma mis temores. Llegando al hotel, me aflojo la corbata, el aire del lujoso despacho se vuelve denso, cargado de una tensión que parece aferrarse a mi garganta. Finalmente, exhalo un suspiro áspero y dejo caer el móvil sobre la mesa con un ruido sordo.—Maldición —bramo, sintiendo la impotencia de no poder hacer algo con ella estando lejos de mí.La llamada de Debby había llegado horas antes, pude percibir su nerviosismo. Su voz, que tantas veces había sido mi consuelo y mi tormento, ahora sonaba quebrada, llena de una angustia que no pude ignorar. Sus palabras aún retumban en mis pensamientos. No me había dado tiempo para pedirle explicaciones, ni una pausa para que yo pud
RUPERT"Cuando tengas a tus propios hijos, entenderás"Las palabras de Bryce vienen a mi mente, cuando mis ojos se anclan en otro par, de un color verde tan intenso como el mío, lo sostengo entre mis brazos, él es mío, mi hijo, sangre de mi sangre, mi carne, por primera vez, me siento en extremo al borde del infierno. Es tan frágil, ¿se puede romper?—Rupert —la voz de la rubia acaba con el encanto.Levanto la mirada y la mando a la mierda en silencio, sella sus labios al comprender que no es un buen momento para dirigirme la palabra, mucho menos cuando mi cerebro comienza a maquinar todas las formas en las que puedo hacer que pague esta mentira.Vuelvo la atención a mi hijo, quien balbucea sin dejar de verme, en su rostro todavía quedan estragos de su llanto, el color rojizo de sus mejillas se desvanece, odio que llore, no me gusta, no quiero que lo vuelva a hacer. Por medio de un instinto que no sabía que tenía, acuno su cuerpo frágil contra mi pecho. Es más liviano de lo que había
DEBBYDuele, creí haber superado este maldito tema en cuanto me fui de San Francisco, al parecer, una vez más me he equivocado, estaba bien en Texas, incluso acepté el hecho de que no estaba hecha para que alguien alguna vez amara, ¿Qué esperaba? Me enamoré del hombre equivocado, de igual manera, debo acostumbrarme, nadie nunca ha luchado por mí, nadie se ha preocupado por lo que siento, y Rupert Jones, no es la excepción, nunca lo será.Vine aquí solo para aclarar las cosas con el padre de mi hijo, América me hizo ver que lo mejor para Mateo es que tratemos de llevarnos bien, lo que menos necesitaba en estos momentos era un malentendido con el diablo, pero al escucharlo hablar de mí... me parece que ha acabado con lo poco que sentía por él.Llego al elevador con el corazón hecho mierda, y mis ojos ardiendo, cuando su voz me eriza la piel.—¿A dónde vas?Tomo una larga bocanada de aire.—Fue idea de América —expreso empujando mi dolor al abismo que se ha formado en mi pecho, para enfr
DEBBYEn cuanto los labios de Sebastián tocan los míos, la piel se me eriza y siento que he perdido toda capacidad para respirar, un extraño frío me cala los huesos, mi mente permanece en blanco, tardo un par de segundos en reaccionar, pero al final, logro hacerlo, coloco las palmas de mis manos sobre su pecho, dándole un ligero empujón que provoca que rompa el beso, pero no que me suelte.—Detente —me quedo sin aliento.—Mírate —ignora mis palabras, tomando mi rostro entre sus manos con urgencia—. Pareces cansada.Hace un nuevo intento por besarme, solo que esta vez, giro mi rostro.—No —replico—. Sebastián, ¿qué haces aquí? Se supone que debes estar en San Francisco, aún no termina la semana de reuniones.Mis palabras parecen surtir efecto, porque rápido se aparta y se pasa una mano por el cabello, mientras trato de colocar toda distancia entre los dos.—Ya te lo dije, vine hasta acá, porque eres más importante que estar soportando a un par de conocidos —me explica encendiendo las l