Pov Mara Me levanté de la cama después de un tiempo, tratando de alejar de mis pensamientos lo que había pasado más temprano. Me acerqué a la puerta de afuera, esperando que no estuviera con seguro. Tomé la perilla y la giré, dándome cuenta de que al menos no era exactamente una prisionera. La abrí por completo, mirando el largo pasillo con ventanales enormes a cada lado. Me aventuré hacia el exterior, dejando que la vista se perdiera en aquel paisaje con algunas nubes rodeándonos. ¿Qué tan alto estábamos? Llegué a una escalera enorme con grandes pilares blancos a cada lado, adornada por enredaderas que se extienden hasta el techo de madera. Bajé con algo de miedo porque, de cada lado, todo lo que se ve es vacío. La suave brisa que silba en mis oídos es todo lo que me acompaña. Llegué al final de la escalera, entrando por fin a lo que parece una estructura más sólida, con candelabros en las paredes y velas recién cambiadas iluminando por donde voy. La alfombra bajo mis pies es
Pov Leina —No, no quiero a esas lagartijas que escupen fuego en mis tierras; deben irse a otro lado. Que los reciban los ponzoñosos; aquí no se van a quedar. Las miradas de las familias son desoladoras; muchas madres abrazan a sus hijos, esperando tener una oportunidad que Bastian les está negando irremediablemente. Todo nuestro ejército está rodeando a los dragones más allá de nuestras murallas; no pueden entrar a las tierras de los Lycan, lo que tiene tensos a todos sus jinetes. —Bastian, amor— me acerqué a él para mediar por ellos. —Ven conmigo un momento. Mantiene su mirada fija en el hombre llamado Frederick, casi como si quisiera clavarle las garras con sus ojos. —Por favor. Suspira, poniendo ahora toda su atención en mí; sus ojos, antes duros, se vuelven suaves, pero en el fondo de esos hermosos ojos está la ira contenida. Me alejo con él unos pasos, tomando sus manos para que me mire con cada palabra. —Entiendo, Bastian, que estás molesto, que no quieres aceptarlo por
Pov Mara Ninguna de nosotras podía transformarse; Xantea tampoco podía invocar ningún hechizo. Estamos a merced de algo desconocido que se acerca rápido mientras nosotras corremos entre el bosque. Algo se mueve sobre nosotras entre los picos altos de los árboles. No puedo decir exactamente qué es porque ni siquiera puedo verlo. Nos detenemos al ver la niebla de nuevo alzarse, casi quitándonos el aliento por miedo a lo que pueda pasar dentro de ella. —No, no, yo no quiero entrar de nuevo ahí, no quiero, no quiero. Juliette cae al suelo de rodillas en un estado total de pánico, abrazándose a sí misma dejando caer sus lágrimas. —Ahí vienen. Alzo la mirada, esperando, escuchando cómo el golpeteo de la madera se enmudece de un momento a otro. Lo único que ahora se escucha son nuestras respiraciones agitadas y el constante latido de nuestros corazones. Una figura emerge de un tronco grueso y rasposo, caído a un costado. Sus patas delanteras terminan en manos como las nuestras; sus p
Pov Mara Miré a mi alrededor, sintiendo el peso de las decisiones equivocadas. Nada de esto hubiera pasado si me hubiese quedado. ¿En qué estaba pensando cuando permití que saliéramos de allá? Una vez más, traté de abrirme paso hacia Keira. No podía dejar que le pasara nada; no me lo perdonaría. Algo se clavó en mi brazo, rasgando mi piel y, aun así, seguí avanzando. La tenían; iban a acabar con ella. Solo un movimiento y eso era todo. Logré llegar, clavando la espada en el primero, dándole la ventaja a Juliette de acercarse. Ahora estábamos las tres rodeadas, con nuestras espadas apuntando a cada cosa a nuestro alrededor. Iban a atacarnos, lo sentía; sin embargo… Un rugido se elevó por encima de todo, unos pesados pasos resonando en nuestros oídos, su imponente presencia apareciendo de repente. Su pelaje platinado apareció frente a nosotras, sus garras incrustándose en los enemigos, abriéndolos a la mitad sin ningún esfuerzo. Los otros retrocedieron mientras el poderoso Lycan
Pov Mara Ethan regresa con Juliette en sus brazos; ahora parece más tranquila. Tal vez eso es lo que ella necesitaba. —Mara, hablemos tú y yo un momento. Deja a Juliette junto a Keira para que la cuide mientras se para frente a mí con los brazos cruzados. Me siento como una chiquilla en problemas que va a ser reprendida por su hermano mayor, y eso que yo soy incluso más mayor que su madre. Lo acompaño hasta el borde del claro, donde se detiene con sus ojos agudos en mí. —Habla. —Bueno… él no nos hizo daño en cierta forma; a ellas les puso a dormir a sus lobas por miedo a que se lastimaran, supongo que en el aspecto de querer escapar… —Yo no hablo de eso, Mara. Aprecio que me lo hayas dicho, pero yo hablo de lo que ese Alfa se trae contigo. No creas que no vi la forma tan desesperada en la que te llamaba. Es inútil ocultarle las cosas a un Lycan, sobre todo si salió con el poder de su madre. —Es mi compañero. Escapé junto con las chicas de sus dominios; no quería qu
Pov KianEl aire está más que tenso a nuestro alrededor; los gruñidos de los lobos no pasan desapercibidos. Estos Alfas mantienen un ojo en mí, a pesar de que ahora toda mi atención está en el pequeño grupo que se ha detenido.Al Alfa llamado Asher no le hizo gracia que invadiera su manada con la mitad de mi ejército, pero poco me importa.Me he enfrentado a Bastian y, aunque nunca he salido victorioso, no he salido muerto, lo que significa que este Alfa no será rival para mí, por mucho poder que corra por sus venas.Doy un paso al frente, con la ansiedad creciendo en mi interior. Puedo sentir que algo no está bien con Juliette; su hermano está de espaldas a mí, hablándole.Aunque con ese tutú que se carga, siento que pierdo toda la concentración.Bueno, eso es mejor que tener que ver su trasero justo de frente; sería muy incómodo.Por fin se acercan; él sostiene su mano con firmeza, guiándola hacia aquí, donde por fin pude ver sus ojos rojos y un rastro de lágrimas medio secas en su
Pov Xantea Miro horrorizada a los dos machos que se mueven de un lado a otro en esta inmensa habitación. Mantengo mi espalda pegada al respaldar, mis manos bien firmes sobre el colchón por si tengo que salir corriendo. Ellos traen agua, vasijas y quién sabe qué más. Mi pierna duele como el infierno, pero prefiero mil veces que siga doliendo a que ellos me toquen. «Iris, por favor, ayúdame, conecta con sus lobos dejándoles muy en claro que no los queremos». «No, no me pienso meter ahí», la muy desgraciada está patas arriba con los ojos cerrados, casi como si estuviera tomando un baño de sol. «También son tus compañeros». «Cierto, pero ¿qué puedo hacer yo contra dos Alfas que se ven bien posesivos? Olvídalo, yo no me voy a enfrascar en esa pelea, estás sola». Mendiga loba rastrera. «Tu loba rastrera, tan rastrera como tú. Mira, te doy un consejo sano: solo acéptalos; de todos modos, no vas a escapar. Te van a clavar los colmillos, quieras o no. De ejemplo, te pongo a Mara». B
Pov Mara Me había dado mi tiempo en el baño no solo para bañarme, sino para pensar un poco sobre esto. Miro su marca a través del espejo, trazando con los dedos los pequeños puntos en mi piel. Cierro los ojos, dejando que ese escalofrío se expanda como electricidad que recorre hasta mis extremidades. Siena se remueve en mi mente; aún con los ojos cerrados, desearía que ella despertara, que me guiara, pero creo que aquí es cuando entiendo que la decisión que estoy por tomar es solo mía. Salgo del baño envuelta en una toalla; mi cabello húmedo cae en mi espalda mientras pequeñas gotas de agua se deslizan por mi piel. Me quedo quieta al ver a Asher sentado al borde de la cama. Una de sus manos está apoyada contra su muslo y la otra desliza suavemente un collar entre sus dedos. Su mirada recorre mi cuerpo ligeramente expuesto con mucha atención; no es solo lujuria lo que veo, sino algo que comienza a calentar mi corazón de una forma que ya no creí posible. Se levanta caminando haci